Todo está a punto

Las estadísticas muestran en los últimos 40 años un rápido aumento de las erupciones volcánicas graves, como si nuestro planeta se estuviera preparando en muchos lugares para una erupción global. Y el último cambio de los polos tuvo lugar hace 700.000 años. Por lo tanto, el siguiente hace tiempo que tendría que haberse producido.

Realmente uno podría dejar de lado fácilmente estas cosas y en la disputa de opiniones de los geofísicos, unirse al que tuviera la posición más optimista, claro está si el menguante campo magnético de la Tierra no fuera acompañado de otros desarrollos internos y externos, que en conjunto producen una constelación francamente apocalíptica, pues el relampagueo geofísico del campo magnético terrestre se acompaña del desmoronamiento de la biosfera, erupciones volcánicas cada vez más fuertes y crecientes terremotos, y para mayor derroche la Tierra, la perla de la creación, ha acumulado además un potencial destructivo de unos 50.000 misiles nucleares. ¿Sorprende entonces que haya algunos contemporáneos sensibles en los que surge una especie de estado de ánimo de tiempos finales? Tanto es así que incluso un científico desapasionado como el no hace mucho tiempo fallecido Hoimar von Ditfurth, dio el título siguiente a su último libro sobre el estado crítico de la Tierra: “Todo está a punto”.

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