Runno

Desde mi escritorio lo veía pasar a veces y lo seguía con la mirada. A pesar de que era amigo de los compañeros de mi hermano, no intercambiábamos palabras. A mi me parecía un adolescente que se hacía el picante, pero me gustaba lo que empezaba a escribir. Y yo no lo quería tan cerca, no fuera cosa que se dieran cuenta que el adolescente era yo y se terminara la impostura. A veces venía con su saco y el pañuelito al cuello y de zapatillas. Era un espanto, pensaba yo, mientras lo observaba pasear por los espacios de los escritorios de la redacción.
Y se reía sin descaro. Y era tan audaz que daba ganas de seguirlo.

Nunca intercambiábamos palabras. A veces, solo a veces nos saludábamos. Yo no sabía si él sabía que yo estaba allí. Pero yo si sabía que él era el que se destacaría de su grupo por cómo escribía, por su postura, por su imagen y sobre todo, por la calidad y creatividad de sus textos.

Más acá en el tiempo, nos tocó trabajar juntos. Allí se le notaba el oficio. Era un periodista experimentado. Como decía ese rockero, era »demasciado viejo para el periodismo y demasciado joven para morir». A veces también, como les pasa a algunos, se le confundía eso de ser periodista cuando escribía y parecía escritor cuando trabajaba como redactor.

Es también un arriesgado entrevistador, que frente a los personajes a los que les toca interrogar no tiene empacho en decir que no sabe alguna cosa.

Otras veces parece un playboy que ha perdido su fortuna en una noche de lujuria y pasión y otras veces tiene la discreción de un millonario que no quiere ser visto. Yo sigo mirándolo cuando anda por los pasillos de las redacciones, observando cuál será su próxima aventura periodística.

LEÉR MÁS  NO CAER EN EL CUENTO....por Beto Sabatini

También suele caminar por los senderos del arte. Más concretamente por donde las artes plásticas hacen sus bocetos, por donde los borradores comienzan a dejar entrever el mejor cuadro, por donde las paletas comienzan a definir los colores. Él se mete por allí, y se imagina, desde esos inicios de otro artista, cómo armar las mejores puestas, como colgar las obras terminadas de tal forma que los observadores puedan apreciar lo que él imaginó desde los primeros trazos.

Ahora, por estos días, le ha pasado que el oficio de escritor se le ha quedado más pegado que sus otras tareas. Y entonces, juntó todos los papeles de su escritorio, las libretas del armario, los papeles arrugados del piso, las anotaciones en las servilletas de los bares y ordenó cada hilachenta frase para mostrarnos a nosotros, sus lectores, el resultado de tantos insomnios, tantas borracheras, tantos puchos mal apagados, tantos besos tirados al destino, tantas ausencias y lágrimas y sonrisas. Todo eso quedó entre las páginas de su libro »Los animales hembras». Las miserias y las memorias de su propio zoológico personal. Las anatomías de las animalas que lo han acompañado para llegar a esto que es lo que es hoy.

Mauricio Runno tiene coraje. Bastante coraje para animarsele a las más salvajes bestias de la imaginación y las reales personas que abundan por las burocracias, y pudo hacer este libro que ahora muestra al público.

LEÉR MÁS  NO CAER EN EL CUENTO....por Beto Sabatini

Las historias que él cuenta son historias que ha vivido, que ha sabido, que ha conocido intimamente. Así el lector desprevenido, o advertido por esta crónica, podrá encontrar los mejores textos, las más suculentas anécdotas y las excelentes evocaciones.

Runno también es un hombre sensible. Ya con su adolescencia metida en bolsillo derecho de su saco de gabardina, puede hacer frente a las inclemencias de sus emociones y declararse un tipo que ha pagado su libertad a plazos y con interés. Las personas que pasan por su vida son como las que pasan por las páginas de su libro de »animales…»mientras se buscan en el índice, mientras se encuentran en las miradas, mientras se descubren detras de los hielos del whisky o entre medio de las imperseptibles burbujas del champán que nos tomamos juntos en medio del frio de la noche, bajando unos pasos por la galería de un hotel de la montaña. Runno es el arquitecto de su propio libro, que se parece bastante a lo que a proyectado desde que yo lo miraba transitar por entre los escritorios de las redacciones compartidas. Ahora, por estos días, en que se le ha quedado pegado su oficio de escritor, yo me muero de ganas de leer más y de encontrarlo después de tomar algo y no decirle nada.

A lo mejor saludarlo con el saludo que nos damos siempre.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here