RENÉ por Matías Zabala

RENÉ por Matías Zabala

Cuando la yuta moral -y burguesa- persigue artistas e intelectuales.

 

Quiero aclarar que no me gusta mucho la música de Calle 13 y conozco muy poco del líder (ahora solista) René.

Sé que — por diferentes cuestiones que no voy a analizar — se convirtió en millonario, y que hoy en esa cumbre escribió una canción con su propio nombre. Una persona blanca y burguesa me dijo «Matt, tenés que escucharla y decirme que sentís/pensás cuando la escuches». Bueno, la escuché y les diré algunas cosas.

Nadie que no haya salido bien de abajo puede escribir algo así. Casi que no pude terminar de escucharla por qué me removió todo un camión de recuerdos propios.

Celebro mil veces que se cante —con plata, oro, pobreza, droga, etc— lo que sucede en el fango de la sociedad, en el pasado o el presente.

No soporto la yuta moral que dice quién puede escribir y quién no, sobre tal cosa y en qué condiciones.

Son los mismos que me dicen a mí que no puedo ir a una marcha con zapatos y camisa blanca, por que es «re cheto». Quizás a los nenas y nenes blancos y de clase media burguesa con privilegios y cómodos les produzca cierta berretada o frivolidad que alguien con una cuenta bancaria pueda escribir sobre lo que — en carne propio o ajena — sucede ahí abajo, en esa pobreza que suelen romantizar, cual experiencia de Evo con su collar de flores coya: ¡Ay!¿Viste? ¡Re nativo, boló! ¡ Lo amo por que es así como re indígena! Y son los que eligen jugar a vestirse y vivir como austeros y hippies, alejados de lo material, pero a los 40 años — cuando ya se cansaron de jugar al nene Che Guevara — vuelven a la pyme/negocio del papá.

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No maestro, la pobreza varonil (*) de Latinoamérica no es como la suelen ver en redes sociales: es violencia, barro, infancia arruinada, golpes de puño de padres y madres, punteros, tranzas, yuta manoseándote en un cacheo a la entrada del barrio cuando venís de trabajar con 12 años para comprarte un par de zapatillas; es hambre, desnutrición, abusos, falta de trabajo, delincuencia. Es perder amigos por que los mataron o están presos, volverte loco pensando como levantar tu puta autoestima y ver como carajos salís de todo eso.

Y ahí, en esa desesperación, el capitalismo te ofrece placebos y zanahorias a cada paso: un estudio, un buen trabajo, una profesión y la posibilidad de tener dinero para irte lejos a vivir «la vida» que dice la televisión — y los que te quieren enseñar a vivir — que existe. Y lo hacés, y te sacudís todo lo que te rodea, y te vas lejos, y comenzás a tener una cuenta bancaria, y justo cuando ya tenés todo y mirás a tu alrededor te das cuenta que es nada, que todo eso es nada, la mismísima nada. Y que te falta algo, ese algo que te mantuvo vivo durante toda la maldita vida en el fango. Esas cosas son de las más sencillas que te imagines y que en la cima no se compran.

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Y ahí te vienen las ganas de volver a sentir esas pequeñas cosas que te hicieron feliz entre medio de tanto dolor. Un partido de fútbol en el campito cuando el sol se metió, solo ves por la luz de luna de enero y la brisa calentita te pasa por entre los pies descalzos, por ejemplo.

Bueno, creo que sobre eso escribe René.

Voy a despedir el post con una estrofa de un amigo quién también escribió al respecto:

«Menos mal que la yuta moral no le dijo a Lennon que no podia escribir «Yer Blues» o a Morrison «The End» o a Cobain «Rape Me», otros tres inmorales hetero-cis millonarios.»

MATÍAS ZABALA

 

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(*) De las mujeres no pienso hablar, por que es terriblemente peor y no soy nadie para escribir/decir por ellas, excepto por mi madre, por la cual tengo su permiso. MZ.

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