Ojo por ojo…

En estos tiempos de cero tolerancia, se quiere recurrir a esa antigua ley. Igualarnos al que nos daña parece ser la única salida, ante una sociedad que condena la bondad de perdonar, y aplaude e impulsa al que toma la justicia en sus manos.

Recientemente viendo una entrevista a un personaje infantil que se dedicaba a promover un musical en contra del llamado “bullying” o acoso escolar, el personaje mencionaba la necesidad de educar a lo niños en torno a este tema, y promovía su iniciativa en su página de Internet, para su sorpresa recibió un mensaje de una persona que le decía y cito: ” Tu crees que con tu musiquita vas a combatir el ‘bullying’, es mejor darle un bate a cada niño en su mochila y que se defiendan”. Me indignó totalmente ese mensaje de ese “adulto responsable”, la solución ante un problema de violencia era más violencia, era darle las “herramientas” a los niños que los problemas se resuelven a golpes, gritos y con agresión, es enseñarle que en vez de llenar esa mochila de respeto, tolerancia, justicia, amor… la rellenen y la desborden de venganza, de ira, y del “ojo por ojo…” para que se defiendan.

Matamos el alma cada vez que nos actuamos de la misma forma en la que nos están tratando. Nuestros sentimientos y acciones están sujetos al comportamiento del prójimo, en vez de sentir libremente y actuar por nuestros propios principios. Las buenas acciones siempre contrarrestan el mal, aunque parezca utópico. Hacer el bien nunca debe cansarnos, perdonar nos libera de nuestra propia prisión. Para enseñarle a los demás que algo está mal hecho, hacemos lo mismo, eso es ironía, entonces…. prefieres ser uno más de los que llenan el mundo de odios, de rencores y de prisiones… o prefieres hacer la diferencia y contagiar a los demás de bondad y enseñarle con buenas acciones.

Bien lo decía Ghandi: Ojo por ojo y el mundo quedará ciego.

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