MUNICIPIOS Y CULTURA EN PANDEMIA, por León Repetur

Municipios y cultura en pandemia
por León Repetur*

“La política cultural debe ser también una política del placer”.

Néstor García Canclini

A partir del nacimiento del estado moderno, el campo cultural ha pasado a ser una cuestión de la administración pública. Se conformó un espacio en el que el estado pasó a regular, administrar y producir las actividades creativas.
Al producirse la ampliación del concepto de cultura considerada solo como las “bellas artes”, a la concepción de la cultura como el quinto pilar del desarrollo sostenible de la UNESCO, implicó más y más competencias a cargo del Estado.

“La cultura abarca el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias». (UNESCO, 1982),

Con esta expansión, el territorio también pasó a ser un pilar fundamental del desarrollo cultural, ya que toda cultura está territorializada, arraigada a un espacio físico, donde transcurre la cotidianeidad de las personas, donde se expresa, construye y desarrolla la cultura.

Los Municipios son la construcción política cultural que nos ha servido para consolidar el capital social y cultural en cada rincón del país. Ese proceso socio cultural acentúa la importancia de los municipios como primer eslabón de participación comunitaria y de desarrollo identitario.

Municipios y políticas culturales

Germán Rey, investigador cultural colombiano nos dice: “La cultura no admite ningún tipo de intervención hegemónica por parte del Estado que signifique una intromisión en la libertad de creación. Por el contrario, sus funciones están relacionadas con el liderazgo en el diseño de las políticas, la asignación transparente de los dineros públicos, la promoción de estímulos, el apoyo a la circulación de los bienes y servicios culturales entre los diferentes sectores sociales y regiones, la generación de contextos y condiciones que fortalezcan la diversidad cultural, entre otras”.

Si nos atenemos a esta consideración de Rey, son muy pocos los Municipios mendocinos que pueden ser encuadrados en esta caracterización. Los liderazgos están desdibujados, la forma de distribución de los dineros es muy poco trasparente, las promociones son escasas y parciales, la circulación de los bienes y servicios culturales es casi mínima y atada a las ambiciones políticas del poder de turno y ni hablemos de potenciar las industrias culturales y los emprendimientos privados y asociativos, que en muchos casos son malas palabras para algunos operadores políticos, metidos a gestores culturales municipales.

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La pandemia ha desnudado muchas de estas facetas municipales. Las Direcciones de Cultura, en la mayoría de los casos, no disponen de presupuesto propio y carecen de espacios de concertación con los sectores dinamizadores de la cultura: artistas, emprendedores, sectores comunitarios de la cultura de base, sindicatos, clubes, bibliotecas, etc. Esas disminuciones hacen de las áreas culturales municipales un espacio desvalorizado y utilizado en ciertas conmemoraciones, fiestas, festivales u otras acciones obligatorias para el Municipio.

Por supuesto que las realidades son muy diversas. No es lo mismo un Municipio grande que uno chico. Las ciudades más grandes y las capitales, por lo general tienen un rol protagónico en la actividad cultural, como complemento o competencia del Gobierno provincial, según sea la identidad política de cada jurisdicción. También influye mucho el flujo de la coparticipación y su vuelco a actividades turístico- culturales. Las diversidades son muchas y cada caso puede analizarse en concreto.

Rol cultural del Municipio en pandemia

De la misma forma que las autoridades culturales provinciales sostienen que se han quedado sin “su” presupuesto por la emergencia sanitaria, algunos de los responsables municipales de cultura se pliegan entusiastas a ese discurso. O sea, que de políticas culturales municipales “nada de nada”. Y eso que algunos supieron ser vidriera cultural o ciudad maravillosa.
Pero, se pueden hacer cosas en este contexto?
Claro que se puede. Hace falta decisión política. Y el compromiso político se traduce en inversión concreta.

Ya algunos municipios se han puesto a trabajar para poner en marcha de forma virtual sus Teatros de cabecera. Es el caso de Maipú con el Teatro Imperial, que ha comenzado a desplegar una programación con artistas locales, estableciendo mecanismos de pago o de cumplimiento de fechas ya agendadas anteriores a la pandemia. Si esta acción se repitiera en los otros distritos, tendríamos al Teatro Mendoza de Ciudad de Mendoza, al Teatro Plaza de Godoy Cruz, al Roma de San Rafael, al Bianchi de Rivadavia, al Lafalla de Alvear, al Juanita Vera de Lavalle, a la Sala Malvinas Argentinas en Las Heras y otras salas municipales programando sus agendas y dando trabajo a sus artistas propios. Y de a poco también, con ayuda de las empresas de venta virtual de entradas, comenzar a trabajar a bordereaux con sus artistas.

Otra importante actividad son los cursos de capacitación y talleres, que los municipios podrían retomar en forma virtual con sus artistas, talleristas y profesores. Y en este mismo sentido desplegar el apoyo a las Academias Artísticas, Casas de la Cultura, Centros Culturales Comunitarios, Bibliotecas Populares, etc., para facilitar el tránsito a la digitalización de sus propuestas. Esto sumaría numerosas incorporaciones al mundo laboral y la expansión de un servicio a la comunidad, de alto valor en la situación de aislamiento.

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Las Salas de Arte de los Municipios se pueden transformar rápidamente en salas virtuales, con una programación de muestras de sus artistas, con contratos de coproducción y de la comercialización on line de las obras
La puesta en marcha de concursos y certámenes: poesía, novela, ensayo, autobiografías, relatos cortos, videos, fotografía, etc, con sus correspondientes premios en efectivo para sus comunidades, mostraría el esfuerzo municipal por sostener la creatividad y la salud psicofísica de sus ciudadanos.
El trabajo conjunto de las Bibliotecas Públicas Municipales y las Bibliotecas Populares puede garantizar la provisión de libros a domicilio a las comunidades, con una intensa campaña de comunicación cultural, de acuerdo a los segmentos etarios y a la disponibilidad de cada fondo bibliográfico. Ya en este sentido están trabajando la Mediateca de Godoy Cruz, la Biblioteca Popular de Chacras de Coria y seguramente lo estarán comenzando a practicar otras instituciones.

El camino a recorrer es largo y recién comienza. La incorporación de nuevas modalidades de trabajo a distancia y sin el encuentro “en vivo” por ahora, nos desafía a todos y cuanto antes comencemos a trabajar, más rápido será el cumplimiento del servicio que las áreas culturales municipales tienen que seguir brindando.

Tres premisas deben guiarnos en este cambio: hacer foco en los creativos de cada territorio para trabajar con ellos, orientar los escasos recursos a generar trabajo con ellos y desesperarse por garantizar una verdadera participación comunitaria en cada propuesta.

Si lo piensan, estas premisas nos ponen en el lugar exacto de nuestra misión como gestores culturales municipales, trabajando y orientando todo el esfuerzo humano y financiero en nuestra propia población. Y dejando de lado el despilfarro en propuestas artísticas faraónicas y foráneas a nuestro territorio.

Los Municipios argentinos se originan en los viejos Cabildos. Y como ayer, también hoy se escucha al pueblo decir: “Queremos saber de qué se trata esto de la gestión municipal de la cultura.”

 

  • León Repetur es Gestor Cultural.

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