MENDOZA NECESITA TERRITORIALIZAR SU CULTURA por León Repetur

Mendoza necesita territorializar su Cultura

por León Repetur*

La relación entre cultura, territorio y desarrollo humano ha sido consagrada por las Naciones Unidas cuando definieron a la Cultura como otro pilar del Desarrollo Humano. Hasta los años ochenta los pilares del desarrollo eran solamente: crecimiento económico, inclusión social y equilibrio medioambiental.

El 17 de noviembre de 2010, en el marco de la Cumbre Mundial de Líderes Locales y Regionales – 3er Congreso Mundial de  Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (UCLG), celebrado en la Ciudad de México, se aprueba un documento que hace un llamado a las ciudades y a los gobiernos locales y regionales de todo el mundo para (a) desarrollar una política cultural de gran calado, y (b) incluir la dimensión cultural en todas las políticas públicas. El documento promueve que la cultura se convierta en un pilar o dimensión específica del desarrollo sostenible, totalmente interconectado con los otros tres y tan importante como cada uno de los anteriores.

Esta incorporación de la cultura como pilar del desarrollo sostenible significa también la incorporación del territorio como vector de desarrollo. El territorio es cultura y la cultura es territorio. La producción de objetos (cultura) o el desenvolvimiento de valores, conductas y estilos de vida (cultura) se dan en el marco de una cotidianeidad vivencial en un espacio físico determinado. Ese espacio o territorio es el escenario de las creaciones artísticas más innovadoras o del libre despliegue de las más viejas tradiciones. Así nos podemos encontrar con un Draghi Lucero y su Cabra de Plata en Lavalle, Abelardo Arias y sus “Alamos Talados”  en San Rafael,  Raúl Silanes y su “Envidia el viento a sus difuntos” del gran Mendoza o de José Niemetz y su “Tu eres para mí” en Alvear. O con la película “Arreo”, de Tato Moreno en Malargüe o de Ciro Novelli al rescate de la esencia del Nuevo Cancionero en “Compadres” en Mendoza. Es lo mismo que pasa en música con Roberto Mercado de Philips, Jorge Berchessi en Tunuyán o Padawn en Mendoza. O con Alfredo Ceverino en Las Heras, Roberto Rosas en Guaymallén o Bernardo Rodríguez en Mendoza. 

El territorio marca y define. Ser “de ahí”, “pertenecer”, convivir y construir la casa, gozar el barrio y sufrir sus penurias es el ancla de la creatividad.

Y para ir más atrás en el tiempo, la aparición de cacharros, puntas de flecha, petroglifos o ruinas de asentamientos incaicos o españoles, también nos hablan de la transitoriedad de los logros culturales en el devenir de los tiempos. Y en cada descubrimiento o aparición de restos de civilizaciones y culturas pasadas, más afirmamos nuestra identidad, relativizada por la desaparición de los antiguos y de la construcción de la memoria que nos mantiene a ese suelo, propio y de todos. 

Todo ello, y mucho más, ocurre en territorios específicos, con determinadas formas e ideas. Es la famosa construcción de las “comunidades imaginadas” que nos permite enlazar presentes concretos con pasados remotos, dando sentido a la historia y a nuestro asentamiento en el lugar. 

¿Qué podemos hacer para territorializar nuestra cultura? 

Parece contradictorio hablar de territorializar algo que de por sí está territorializado. Por ahora sí lo está, aunque débil  y si está es como consecuencia de la resistencia ancestral de los pueblos y de las culturas a ser colonizadas y controladas desde afuera. 

Pero sabemos que en la cultura también hay lucha por la hegemonía y por el manejo económico de la misma. 

Tanto las ideas,  el patrimonio y  los bienes (cosas culturales) son objeto de luchas por su apropiación y por su explotación. El capital, en sus variadas formas, intenta apropiarse de todo: territorio, historia, objetos y personas. La primera batalla a dar por los gestores culturales, y fundamentalmente por parte de la institucionalidad gubernamental de cultura,  es evitar que el capital subordine a la cultura.  Ya hemos sido testigos de pérdidas terribles de patrimonio arquitectónico, el Club Español, la casa de Benito Marianetti , la Escuela de los Hermanos Maristas en Mendoza (entre otras pérdidas), el cine  Artemisia en Tupungato, la casa Gath y Chaves de San Rafael y muchos otros en distintas zonas.

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Y con respecto a las “cosas”, todavía lamentamos la terrible pérdida de los “ incunables” de la Biblioteca San Martín, o de las camionadas de amonites que salen al exterior para ser parte de juegos de mesa o los restos fósiles que salen por El Pehuenche. Otros bienes culturales son objeto también de apropiación por la falta de legislación acerca de la propiedad intelectual digital, poniendo en el territorio la innovación de nuestros creativos  y en el extranjero la producción seriada (negocio) de esas innovaciones, que pueden tomar la forma de videojuegos, series, software o Apps. 

Como sabemos, el capital no descansa en su afán apropiador y depredador. En ese sentido hay mucho que hacer en la Provincia y en cada territorio, para resguardar su patrimonio y la creatividad de sus jóvenes

¿Federalismo o paracaidismo? 

Otro tema relacionado con la territorialización es la utilización equivocada de “federalizar la cultura” tan en boga durante la gestión pasada de cultura. Cuando se armó la Feria del Libro de Mendoza en los Departamentos se dijo que se la federalizaba. Y en realidad se “llevaba” la Feria armada desde la centralidad de la Secretaría y en algunos casos, hasta sin el consenso del director de cultura del Departamento. Federalizar no es caer en paracaídas en un territorio con un producto enlatado. En todo caso el verdadero significado de federalizar es consensuar primero y luego descentralizar recursos provinciales  hacia los Departamentos, para que ellos lo utilicen en sus propios proyectos y con la estrategia de gestión que deseen.  

Por ejemplo, en el caso de San Rafael, es una lástima que se haya perdido la Biblos, la verdadera Feria del Libro del Sur, generada y gestionada por los escritores y el Municipio y se la haya reemplazado por la Feria empaquetada. No es federalismo presionar con recursos provinciales para reemplazar producciones locales por propuestas del Gobierno Central.  Lo mismo podríamos decir del excelente Encuentro Nacional de Escritores de Luján., proyecto generado y gestado por los escritores y gestores del lugar. 

Podríamos hablar también del Mendorock y otras acciones que se enmarcaron en el “federalismo” y que en realidad fueron “paracaidismo”, sustentado con el presupuesto provincial de cultura. 

¿Qué hacer?

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Para territorializar en serio,  hay que partir de:

-Respetar la diversidad de propuestas y formas de gestionar en cada territorio

-Fortalecer lazos comunitarios y dinamizar identidades locales

-Ayudar desde el Gobierno Provincial a jerarquizar las Direcciones de Cultura departamentales, exigiendo a los Intendentes un presupuesto propio y autonomía en la utilización del mismo. 

-Fortalecer el Consejo Provincial de Cultura, como el organismo más importante para la vertebración cultural de la Provincia,  normalizando su funcionamiento periódico y la dinámica de la toma de decisiones.

-Fijar las prioridades anuales en política cultural en el Consejo Provincial de Cultura y definir los mecanismos de consenso sobre ellas y sobre la  descentralización de recursos hacia los Municipios. 

-Integrar al sector gremial, asociativo y  privado de la cultura  en un espacio de consulta y  de  planificación conjunta 

-Establecer con los Departamentos una dinámica participativa en la relación de la Provincia con los organismos Nacionales de Cultura. 

Estas son algunas de las  tareas que se pueden desarrollar para pensar en una Mendoza Cultural integrada, al servicio de sus habitantes y proyectada al mundo. 

Mendocinos, a las cosas! 

León Repetur *Gestor Cultural y ex Subsecretario de Cultura de Mendoza. 

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