Mendoza cultural necesita diferenciarse, por León Repetur

Mendoza cultural necesita diferenciarse
por León Repetur

Estamos viviendo una etapa de abundancia. De todo. Productos, viajes, autos, alimentos, ropa, calzado, vino. El bombardeo es incesante por compre ya, el mejor lugar para vacacionar, el pasaje más barato, el cuadro más moderno, la taquillera película, el best seller, el último grito de la moda, el mejor museo.

En ese ruido por consumir, por tener, por poseer, todos están aturdidos. La competencia entre los lugares, las marcas, los significados, los detalles, abruman a cualquiera. Es la globalización del consumismo que el capitalismo necesita para sobrevivir a su propio suicidio.
También es el momento de más miedo: a la guerra, a los virus, a la pobreza, a la mentira, a la violencia sin sentido. En todo hay más. Más oferta. Más variedad. Más para elegir. Más para temer.

En cultura también se da esta situación de abundancia. Hemos comprendido, que a contramano de la economía tradicional que fuera pensada para la administración de lo escaso, la economía creativa dispone de un bien infinito: la creatividad. Ella es portada por todos los seres humanos y la pueden desarrollar todos si tienen las condiciones. Oportunidad, incentivo, espacios, recursos financieros y de otro tipo, apoyo del Estado, inversiones inteligentes, planes de mediano y largo plazo para lograr la innovación que objetiviza la creatividad.

Hay que decir también, que la gestión cultural provincial, ha estado dormida frente a esta posibilidad y a esta alternativa. Basta atreverse a mirar con ojos críticos los espacios culturales administrados por los distintos estamentos del Estado y también algunos privados. Seguimos con la inercia burocrática de siempre. Falta el desafío, la ruptura, lo diferente.
Los espacios culturales no pueden ser iguales que los comercios o los mall, donde los visitantes deambulan atacados por el vértigo del consumo, del aburrimiento, de la nada. Con los mismos empleados apáticos, carentes de información y de empatía por el ciudadano que los visita. Es más de lo mismo. Colas para entrar, atención por parte del personal de vigilancia, nula comunicación educativa para los iniciados, interactividad cero, monotonía cien. Aburrimiento y no fidelización del visitante. Pareciera que se conforman con lo que ya tienen y desprecian los públicos potenciales que hay que ganar para una mejor convivencia y uso de los presupuestos de todos.

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Oferta, demanda y competencia
Hace varios años que la oferta cultural supera a la demanda. Se nota en las taquillas y en el saldo económico de los proyectos que venimos monitoreando desde hace casi 15 años. Y como pasa en otros rubros, el ciudadano ha ido aprendiendo y haciendo valer su condición de espectador, de consumidor de cultura. Sabe que no todo lo que reluce es oro. Se informa antes de invertir en una entrada o en una propuesta. Va asumiendo también el rol de crítico. No se conforma con una comunicación precaria, sin sangre y pasión. Busca no sólo diversión, sino también respuestas, vivencias, desafíos, certidumbres. En el caso de los turistas ese mirar crítico es más agudo aún. Ellos han recorrido un largo camino. Conocen espacios de excelencia, atención esmerada, experiencias significativas. En ese marco de competitividad Mendoza necesita diferenciarse.
Hay que escucharlos a todos, locales y foráneos. Saber que piensan de nosotros, de lo que ofrecemos, de lo que hacemos mal. Hay que indagar en cada espacio y proyecto por la opinión de ellos, los que participan de nuestras propuestas. Y usarlas para mejorar nuestros servicios. Esto es Gestión Cultural pura. Si no dialogamos con nuestros cómplices, no aprenderemos a corregir lo que hacemos mal.
Sabremos si estamos generando vivencias, emoción, imaginación, inspiración y no sólo diversión.

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Mendoza es capaz de comenzar a diferenciarse. Hay que modificar la comunicación. Hacerla a tiempo. Profunda, auténtica. Llena de sorpresas. Y también la gestión de las organizaciones culturales. Más inteligentes, volcadas hacia el ciudadano, arriesgando ideas y generando experiencias inolvidables. Formando equipos capacitados, volcados a la tarea con afecto y sabiduría. Cerca de la gente, acompañando los procesos, sirviendo en serio al otro. Desde el boletero al artista.

Las organizaciones culturales no tienen que conformarse con más de lo mismo. Debemos ser nosotros mismos, potenciar la autenticidad, descartar las copias y los complejos.
El esfuerzo es atraer, a locales y foráneos, por nuestra cultura, por nuestros valores.
Pensemos en crear mejor marca y óptima organización, con más futuro, que sea viva y con todos.

*León Repetur es gestor cultural.

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