por León Repetur*


Sin pretender llenarlos de datos, el título nos pone frente a un hecho que verificamos día a día.

Sin una institucionalidad clara, el  Ministerio de Turismo y Cultura sufre una crisis de identidad oscilando entre ser una productora de espectáculos para pocos o una agencia de viajes para periodistas y tilingos porteños.

Sin referentes públicos que sinteticen la rica y diversa historia cultural local, nuestros funcionarios culturales solo aspiran a pasar desapercibidos, ocupando su sitial burocrático y cumpliendo solamente con los objetivos obligatorios de cualquier área cultural pública: administrar los espacios, organizar los festivales y eventos del calendario anual y ocuparse de taquito de la Fiesta Nacional de  la Vendimia.

Pero del debate diario que afecta nuestra vida (cultural) nada de nada.  Del endeudamiento que achica más y más el presupuesto educativo y cultural, nada de nada. De fijar prioridades para poner a la Provincia en el sitial que se merece, nada de nada. De experimentación y educación artística nada de nada. De actualización de la legislación que norma la actividad creativa, nada de nada. De exportación y generación de nuevos espacios de comercialización para el arte y las nuevas tecnologías, nada de nada. De planificación estratégica y pensar en la innovación y desarrollar una política cultural de nuevo cuño, nada de nada. De buscar la confluencia con los otros agentes creativos asociativos y privados para alinear estrategias de mediano plazo, nada de nada.  De pensar prospectivamente, es decir, en función de apuntar a un futuro común, sin quedar atados a los avatares de las coyunturas, nada de nada. De enfocarnos en el desarrollo sustentable, potenciando la  innovación, la creatividad y el conocimiento como base de la competitividad y el crecimiento del área, nada de nada. De operar para que Mendoza genere capitalidad y prestigio en el mundo, basada en una correcta estrategia de marketing cultural y ciudadano, nada de nada.

Cuando la enumeración de las falencias es tan fluída, estamos en graves problemas.

La disminución cultural se agrava cuando la administración pública no asume su rol de actor principal. Empezando por la administración central que es la responsable por delegación ciudadana de asumir la conducción. Y la merma se produce cuando no se vertebra el territorio, con la inclusión protagónica de las áreas culturales de los Municipios y la conformación de espacios de consenso y planificación participativa con el sector asociativo y privado.

El desorden y caos generado por el tema Reinas y Fiestas de la Vendimia, el cotilleo de vereda de algunos Intendentes, la mezcla irreverente entre políticas de género y costumbres y tradiciones populares, han desembocado en una Babel del desierto.

Las concesiones y alianzas entre gallos y medianoche,  de los responsables de la administración de los espacios culturales y algunos empresarios, han profundizado la desconfianza y el rencor entre sectores que deberían ser correctamente conducidos hacia la complementación, por el Gobierno Cultural de la Provincia.

Aparece en  la cultura, el reflejo de una provincia achicada en todos sus términos.

Salir del laberinto por arriba

Faltan dos años para el recambio de autoridades. En este período debemos dejar de hacer lo mismo que venimos haciendo y que tan mal nos va dejando.

Los intereses sectoriales de cada porción con que arbitrariamente pensamos a la cultura artística, deben ser dejados inicialmente de lado.  Y tratar de pensar en forma holística.

¿Cuál es el perfil cultural que queremos para Mendoza?

¿A qué tipo de ciudadano aspiramos? ¿Cuál es el formato democrático que nos copa? ¿Qué tipo de institución estatal debe ser la encargada de llevar adelante los acuerdos y el Plan consensuado entre todos?

¿Qué legislación cultural necesitamos para el tercer y cuarto decenio del siglo XXI?

¿Qué infraestructura queremos para que nuestra gente ejerza el derecho al protagonismo cultural?

¿Qué porción del presupuesto provincial y municipal requiere una estrategia de desarrollo cultural sustentable y con sentido humano?

¿Qué políticas transversales son prioritarias para el crecimiento de la innovación, la creatividad y la inteligencia social?

Una política cultural es un puerto seguro en un mundo cada vez más líquido y sometido a los ataques de un poder desintegrador y esclavizante.

Hay que poner manos a la obra. Es nuestra responsabilidad como mendocinos, argentinos y latinoamericanos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here