Las muestras de ADN no fueron contaminadas en el BNDG

 

Como las cenas que la heredera del Grupo Clarín seguirá teniendo en su Barrio Norte, como las afirmaciones vagas y parciales (“Sé lo que pasó con las muestras y no voy a hablar”) que en pos de una notoriedad fugaz seguirá forzando Elisa Carrió, o los rutilantes globos de ensayo que desde los jardines de Quilmes se seguirán soltando: ahora, un supuesto pacto entre Héctor Magnetto y Néstor Kirchner.

Las declaraciones testimoniales de científicos, la semana pasada, no alcanzaron para precisar cómo fueron contaminadas las muestras alternativas de Felipe y Marcela –que tenían más de dos perfiles genéticos–, pero sí para descartar la forma en que no lo fueron. El martes, Alejandro Ruiz Trevisán y Primarosa Chieri, peritos de parte de los jóvenes y de Ernestina Herrera de Noble, disiparon –con declaraciones judiciales categóricas– la última cortina de humo del Grupo Clarín: poner en tela de juicio la transparencia y la idoneidad del Banco Nacional de Datos Genéticos. Los peritos de la viuda de Noble certificaron que se cumplieron los métodos de rutina y seguridad –esterilización, uso de guantes–, y aseguraron la imposibilidad de que fuera en el Banco donde se hubieran contaminado las muestras, una acusación repetida que se encuadra en la estrategia judicial del ex camarista Gabriel Cavallo. Una fuente con acceso al expediente asegura que Primarosa Chieri fue incluso más allá, declarando que le habían “dolido mucho algunas cosas que salieron en algunos medios de comunicación”, tal vez en alusión a Clarín , que el 1º de julio –cuando se conoció la imposibilidad del entrecruzamiento– deslizó la sospecha de que hubieran sido manipuladas por los genetistas del Banco, “por impericia o intencionalmente”.

El martes pasado, declaró también Belén Rodríguez Cardozo –integrante desde 1994 y directora desde 2006 del Bndg– y el jueves otras dos técnicas, que detallaron la transparencia del procedimiento: se fijó una agenda de trabajo estricta, con jornadas que se extendían de siete de la mañana a una de la tarde, por pedido expreso de los peritos de parte. El trabajo se hizo a doble ciego: dos equipos compartimentados hacen el mismo trabajo y llegan, de no haber errores, a idéntico resultado.

Pulverizada por ellos mismos la versión de manipulación en el Banco, los peritos contratados por el multimedios recurrieron a la conjetura de la contaminación accidental: las prendas se habían corrompido en la acción centrífuga del lavarropas o por una amistosa palmada en el hombro. La hipótesis no le pareció “razonable” a Belén Cardozo: si bien la mezcla de ADN es posible en esas circunstancias, la genetista consideró casi imposible que el perfil genético de una persona que tuvo la ropa puesta durante tres o cuatro horas en una situación tensa –como lo fueron la audiencia y el allanamiento– no prevaleciera claramente sobre el de otros “contribuyentes”, que pudieron ser aportados por el uso del lavarropas o el rozamiento.

La tercera hipótesis es que las prendas fueran contaminadas desde el entorno de los jóvenes. “Las primeras dos se cayeron. Queda la tercera en pie. Lo cual no significa que esté comprobado que fue así”, aseguró Alan Iud, abogado de Abuelas, en diálogo con Miradas al Sur . Indicios –añejos y actuales– sobran: allanamientos en que la policía espera una hora antes de entrar, cajas fuertes que atesoran las muestras violentadas –con la causa aún en manos de Bergesio–, y el sinsentido del último operativo: Felipe no llevaba calzoncillos.

Las opciones no son tantas: la utilización de las muestras de sangre tomadas en diciembre por Bergesio y almacenadas en el Cuerpo Médico Forense –que requerirían un análisis previo sobre su estado de conservación–, o la obtención de ADN por otras vías a la luz del reciente fracaso de la extracción alternativa. Desde Abuelas, consideran que la ley aprobada en noviembre del año pasado es clara al respecto. “Cuando la víctima se niega a la extracción de sangre o saliva, el juez tiene que recurrir a métodos alternativos, pero la ley aclara que es sólo en caso de que ‘sea posible alcanzar igual certeza’ y cuando lo crea conveniente –explica el letrado–. Si este supuesto no se cumple, creemos que queda habilitada la obtención de sangre o saliva aun contra la voluntad de la persona. Y nos parece que ése fue el criterio que tuvo la Corte cuando no autorizó la extracción compulsiva en el fallo Prieto: lo hizo porque todavía no se había intentado obtener ADN de otra forma”.

Pero en un posible escenario en el que sus abogados los alertaran de antemano, ni una extracción de sangre sería una medida confiable: una transfusión en los días previos impediría obtener el perfil genético. Infalibles sí serían, por ejemplo, un hisopado bucal o la toma de un cabello.

Fuente: Miradas al Sur

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