La hora de los “Bobos”

 

Sin embargo, el fenómeno se repite al interior de partidos políticos, legislaturas, organizaciones sociales, sindicatos, etc. : utilizar el empuje del conjunto para acceder a un puesto y luego dejar ese conjunto para emprender la tarea de armar otro desde ese lugar.

Sin duda que este fenómeno político -más allá de la evaluación ético política de traición que puede hacerse en el caso particular que se analiza- expresa un proceso de la cultura política instalada: LA VALORACIÓN EXTENDIDA SOCIALMENTE DEL INDIVIDUO QUE SE REBELA ANTE UN CONJUNTO.

Esta valoración de la rebelión individual está asociada a expresiones como “este no se casa con nadie”, “actuó según su fuero más íntimo”, “no pudieron con sus convicciones”, todos términos que sacan a la luz el fondo más profundo del sentido común, extendido e inculcado escolar y mediáticamente, de las clases medias argentinas .

No puede dejar de verse la conexión de esas expresiones con otras sobre otros fenómenos sociales pero que ponen al individuo sobre lo social: “yo la plata me la gané trabajando” “llegué a ser lo que soy quemándome las pestañas”, “yo no le debo nada a nadie”… expresiones todas con una carga muy alta de positividad valorativa en estos sectores sociales.

Por eso las campañas mediáticas a favor de quienes realizan estos actos políticos, inmediatamente señalan también como un elemento positivo “no es un hombre político”, “la más alta expresión del hombre común”, a fin de poner el acento en ese “individuo que no le debe nada a nadie” y por tanto “NADIE” PUEDE EXIGIRLE “LEALTAD”, “PERTENENCIA”, “CONSECUENCIA” CON LOS EJES POLÍTICOS PROPUESTOS.

Esta libertad individual exaltada como un bien, se ve reflejada además en propuestas de reforma política como “el fin de la lista sábana”, “el voto individual”, etc. COMO SI LA DISPUTA POLÍTICA FUERA UN PROBLEMA DE “BUENAS PERSONAS” NO DE PROYECTOS POLÍTICOS COLECTIVOS.

La campaña a favor del “hombre común”, “la buena persona” empezó ya hace unos años cuando en el auge del neoliberalismo, sus propagadores imaginaban décadas de política “descafeinada” individual, fragmentaria y dispuesta a toda reforma tecnocrática e inmediatista. LA OPERACIÓN IDEOLÓGICA DE DESCALIFICAR POR “POLÍTICOS”, “CLASE DIRIGENTE”, “PARTIDO GOBERNANTE”, “SINDICALISTAS” PROFUNDIZÓ LA QUEBRADURA SOCIAL QUE ESAS MISMAS POLÍTICAS GENERARON HASTA LA DEBACLE 2001.

“El hombre común que no se casa con nadie” es el modelo de político que el establishment, los poderes fácticos, las clases dominantes o como gusten llamar a los que dominan; les ha resultado más atractivo para las clases medias argentinas: alguien que exprese la falta de lealtad a cualquier cosa que no sea el propio destino individual, las personalísimas convicciones, la propia familia. NO HAY MEJOR GARANTÍA DE LA PRESERVACIÓN DEL STATU QUO, LA CONSERVACIÓN DE LAS RELACIONES SOCIALES VIGENTES Y LA CONTINUIDAD DE LAS ESTRUCTURAS ECONÓMICAS, POLÍTICAS, JURÍDICAS E IDEOLÓGICAS DE LA DESIGUALDAD Y EL SOMETIMIENTO.

En más de un caso, y también es menester reconocerlo para no volver a equivocarse, desde las propias fuerzas nos hemos comprado el discurso del candidato potable pero ajeno, potable electoralmente pero sin convicciones.

Hoy, sin embargo, el cambio de etapa vivido en Nuestra América, el empuje social y organizativo de la política de masas en Brasil , Bolivia, Venezuela, Uruguay, Ecuador, y también la Argentina; ha generado una revaloración de la POLÍTICA COMO PRÁCTICA SOCIAL COLECTIVA ALREDEDOR DE GRANDES EJES PROGRAMÁTICOS Y EL RETORNO DE LOS GRANDES RELATOS HISTÓRICOS SOBRE LAS NACIONES (sean estos de Pueblos Originarios, Socialistas, Nacional populares, etc.)

En nuestra Patria el proceso de coagulación de nuevo sujeto social histórico colectivo requirió de una experiencia de polarización muy dura alrededor del eje CAMPO-ESTADO para luego reposicionarse en la disputa MONOPOLIOS-POLÍTICA.

Comienza a correrse el velo sobre la PRODUCCIÓN DE VERDAD de los grandes medios, comienza a visualizarse el problema de los INTERESES MATERIALES OBJETIVOS de las grandes mayorías frente al dibujo representacional de la “política” como espectáculo.

Aquellos que vivimos y militamos en la tarea cotidiana de construir, afianzar y fortalecer organizaciones populares como único camino para la conquista de formas de vida más humanas, tenemos que hacernos cargo de profundizar nuestros esfuerzos de formación política, debate, circulación de información, vinculación entre organizaciones y aceptación de las diversidades dentro del propio proyecto colectivo.

Pero en la hora política en la que nos toca construir hoy, el esfuerzo especial debe estar puesto en develar a partir de lo concreto, la maraña ideológica construida en el conciente colectivo de las clases medias.

Además, es indispensable reconocer – y el enemigo lo sabe – que no hay posibilidad alguna de PROYECTO POLÍTICO NACIONAL Y POPULAR que pueda triunfar EN LA ARGENTINA sin el acompañamiento de las clases medias. Cuando este dato se nos escapa empezamos a ser derrotados.

Ese esfuerzo requiere de una enorme paciencia. NO PODEMOS PERMITIRNOS QUE POR NUESTRAS PROPIAS TORPEZAS ESTOS SECTORES SOCIALES TERMINEN ABRAZANDO POLÍTICAMENTE A QUIEN LOS VA A SACRIFICAR EN EL ALTAR DE LOS INTERESES DE LOS GRUPOS DOMINANTES.

Cuando pasen los años, y tomemos cierta distancia de este presente, podremos quizá valorar adecuadamente el gigantesco aprendizaje colectivo de este momento histórico. Hoy nos toca concretarlo, militarlo, afianzarlo para que la Patria tenga destino y enterrar definitivamente LA HORA DE LOS BOBOS.

 

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