La economía a seis meses de las elecciones

Desde los sectores de siempre, se solicita que la Argentina ponga en marcha un plan de estabilización que vaya a contramano del resto del mundo, un mundo que viene aplicando políticas expansivas, aun frente el aumento de las tensiones inflacionarias.

Obviamente no habrá planes de estabilización del tipo FMI, porque ello no está ni remotamente en la mente y el espíritu de la conducción política. Además, la inflación muestra síntomas de haberse estabilizado hace 14 meses en torno al 20% anual, según las consultoras privadas.

El oficialismo entiende que una inflación de 20% estable no es buena, pero tampoco ve que afecte el crecimiento, el consumo, la inversión o el nivel de empleo.

Cristina sabe que es conveniente que la inflación no se acelere, pero no ha de subir la tasa de interés ni recortara el gasto público, por ninguna razón. Para tratar de evitar una aceleración inflacionaria, el gobierno mantiene tarifas y tipo de cambio estables, mientras que defiende los precios mediante controles, y modera la expansión del gasto agregado, después de haber acentuado la expansión desde la crisis mundial de 2009.

Comenzando una medición en el segundo trimestre de 2009, cuando la economía tocó piso post crisis internacional, el PBI lleva 21 meses consecutivos de fuerte crecimiento, a un ritmo anualizado del orden de 9.2% promedio por trimestre. Acumula así un crecimiento de nada menos que 19% en 21 meses, con lo cual el PBI ya se ubica 12% por encima del pico previo a la crisis mundial, alcanzado en el tercer trimestre de 2008. El consumo privado creció a un ritmo anualizado récord de nada menos que 20% en el último trimestre de 2010; es relativamente bajo el nivel de desempleo (desocupación urbana = 7.3% en el cuarto trimestre de 2010) y, si bien la inflación es elevada, la sociedad la tolera sin afectar la imagen pública del gobierno.

Es necesario entender que una tasa de inflación alta para los estándares internacionales, y el enfoque monetarista; no figura como el principal problema que aqueja a la sociedad, como lo sería la desocupación y la desaceleración de la actividad económica. Mientras las encuestas marcan que la inflación es la cuarta preocupación de la sociedad, debemos asumir que el gobierno ha comprendido bien cuáles son las prioridades de la gente. Como siempre digo, no se puede analizar y calificar una gestión de gobierno, sin asumir la base de su lógica y los intereses que defiende.

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