Juventud divino tesoro.¿Adoctrinamiento o debate político?

En 1953 fue creada la Unión de Estudiantes Secundarios – UES y fue uno de los focos de crítica del aireado antiperonismo que por entonces, luego de las derrotas electorales, recorría el país. Sobre todo por un sector, que primero fue aliado y más tarde enemigo declarado del presidente Juan Domingo Perón, la Iglesia Católica. En realidad, las relaciones entre ambos se habían deteriorado fuertemente desde 1950 cuando en el discurso oficial se apuntaba hacia un »cristianismo peronista». Además, el Estado produjo un desplazamiento de las actividades pastorales del catolicismo, entre ellas su acción de »adoctrinamiento» sobre la juventud que era progresivamente reemplazada por una decidida »peronización» de la sociedad.

Pues bien, el conflicto no tardó en manifestarse. Así, mientras se organizaba el opositor Partido Demócrata Cristiano, amparado por el Vaticano, el gobierno suprimía la enseñanza religiosa en las escuelas y los subsidios a la enseñaza privada, se aprobaba una ley de divorcio y se anunciaba una reforma de la Constitución para separar la Iglesia y el Estado. Por consiguiente, en un acto de Corpus Christi en junio de 1955, a la virulenta respuesta del clero se unieron para marchar con los fieles diversos agrupamientos políticos, como dice Lila Caimari: […] los participantes habituales se habrán sorprendido de encontrarse codo a codo con manifestantes de religiosidad puramente nominal, o incluso con socialistas y comunistas, los enemigos laicistas y anticlericales de toda la vida. A pesar de que la mayoría no conocía los cánticos católicos coreados por los organizadores de la procesión, todos marcharon por las calles de Buenos Aires cantando a viva voz »¡Viva Cristo Rey!».

La mayoría sabe como terminó esta historia, entre los bombardeos a Plaza de Mayo y el golpe cívico – militar de la autodenominada »Revolución Libertadora». De ahí que en nombre de la defensa de la »democracia», frente al autoritarismo y la tiranía de Perón, se fusiló, se derogó por decreto la Constitución Nacional de 1949 y los representantes católicos volvieron a comandar el ámbito educativo. La iniciativa de fundar universidades libres (privadas) del ministro de educación, Atilio Dell’Oro Maini, lo demuestra. Sin embargo, un cambio profundo comenzaba a producirse en las juventudes argentinas, incluso en aquellas ligadas a instituciones religiosas. Puesto que a la decepción que les ocasionó la dictadura, en la que erróneamente depositaron sus esperanzas, se sumaron una serie de acontecimientos en el mundo que los volcaron rotundamente hacia las legítimas luchas populares.

Para resumir, en la década del sesenta nos explica Eric Hobsbawm: »La cultura joven se tornó la matriz de la revolución cultural […]». Puesto que al juvenil Movimiento 26 de Julio que inició el proceso revolucionario cubano y a la enigmática figura de Ernesto »Che» Guevara, siguió, por su parte, la renovación eclesial producto del Concilio Vaticano II; los movimientos contraculturales; la defensa de los derechos civiles frente al racismo estadounidense y contra la Guerra de Vietnam; el maoísmo en China; las rebeliones estudiantiles en diversas universidades del mundo, sobre todo en Berkeley y La Sorbona; la Primavera de Praga; y, las revueltas de Tlatelolco. En otras palabras, se gestó un caldo de cultivo para que la efervescencia, propia de una etapa del desarrollo humano, canalizara sus energías en cambiar un planeta que sus mayores habían deteriorado.

Los canales típicos para el disciplinamiento (familia, escuela, catecismo, policía, ejército, etc.) no alcanzaron para detener las ansias de transformación. Pues los jóvenes se unieron con heroicidad a quienes propusieran una alternativa de igualdad, justicia y liberación ante los imperialismos. Por cierto, Argentina no era ajena a estos sucesos. Más aún, algunos impulsados por sacerdotes tercermundistas se vincularon al trabajo comunitario en tanto, otros o los mismos, formaron parte de organizaciones políticas. Ahora bien, ¿había adoctrinamiento? Sí lo había, la llamada »bajada de línea». Pero ni siquiera hacía falta, porque la necesidad del cambio se respiraba en las calles. En consecuencia, ante otro gobierno de facto los estudiantes junto a los obreros fueron protagonistas del Correntinazo, Rosariazo, Cordobazo y Viborazo. Estallidos sociales, a los que se sumó el Mendozazo, que obligaron a los dictadores a convocar a elecciones, aunque esta vez sin proscripciones como sucedía desde 1955.

Enseguida, con el retorno a la democracia en 1973, la libertad y la política caminaron de la mano, a nadie en su sano juicio se le hubiese ocurrido prohibir la actividad militante en un ámbito público. Con diversos colores, banderas, cánticos y pensamientos el debate en las instituciones educativas corría por su cuenta. Es más, bajo la presidencia de Héctor Cámpora se constituyó un propicio ambiente de participación que continuó hasta mediados del ’74. Dado que con la muerte de Perón el 1° de julio, lo viejo, que se enfrentaba con lo nuevo desde hacía un tiempo, se impuso. Así es, con José López Rega y Oscar Ivanissevich la vejez opacó a la juventud. Con su accionar cobró fuerza la persecución, el miedo y el asesinato, cuestiones que fueron incrementadas al extremo por la última dictadura. Hasta secuestraron y torturaron estudiantes secundarios, gran parte militantes de la UES, en aquella terrible »Noche de los Lápices». En efecto, el país, de repente, se hizo longevo, lleno de dolores, tristezas y rencores. Fue asesinada la esperanza, la alegría y la fiesta democrática anterior se quedó vacía y sin música. Un gris oscuro cubrió el azul del cielo y el mar fue identificado con las sombras.

No obstante, a los ejecutores genocidas, civiles y militares, pareció no alcanzarles. Pues mientras implementaban su destructivo plan económico e inculcaban aquella religiosidad exógena y llena de hipocresía mandaban adolescentes inexpertos a morir por la causa de Malvinas. De esa manera banalizaron un noble ideal, por el cual cualquier muchacho se llenaría de valor, y lo convirtieron en una excusa para salvarse de la tumba que ellos mismos cavaron. Si bien, antes de irse, dejaron varias cosas que aún perduran en muchos, entre ellas: el temor a la pubertad. Es decir, al despertar de la vida, con todo lo que eso implica. Así, con el apagarse de los años setenta reinó el »adultismo» que relegó a los púberes a un lugar marginal o, peor, al ensimismamiento de la competencia individual en plena época neoliberal.

Por eso, hoy algunos adultos consideran peligroso el debate político en las escuelas o el compromiso cívico electoral. Para ellos es mejor prohibir, sancionar, denunciar, ocultar y silenciar que debatir o dialogar. Ahora bien, ¿de esto último no se trata la democracia? Y si de eso se trata porque acaso la escuela o, más ampliamente, los jóvenes que la transitan no pueden involucrarse. ¿No es acaso un contrasentido? Tal como dice Paulo Freire: »Hablar de democracia y callar al pueblo es una farsa». En primer lugar, porque no existe apoliticidad en el acto educativo. Y, en segundo lugar, porque tanto docentes como alumnos son parte del pueblo y es una necesidad pedagógica entrar en diálogo con »toda» la comunidad. Por tanto, no comprendemos el revuelo mediático por hechos que tendrían que formar parte de la cotidianeidad escolar, con sentido plural, heterogéneo, formativo y, especialmente, democrático. Aunque, tal vez, hay quienes prefieren adoctrinar en privado antes que abrirse al debate público. De todos modos, para finalizar, el problema se agrava cuando el espíritu de anticuario se instala en cuerpos jóvenes.

 

 

1- A todo esto, el catolicismo había retrocedido a lo más oscuro de su etapa preconciliar. Sus voces disonantes fueron acalladas y en algunos casos, inclusive, padecieron atentados que les costaron la vida, valga como ejemplo el asesinato de Carlos Mugica a cargo de la triple A, o el supuesto accidente automovilístico de Monseñor Enrique Angelelli. Con todo, no caben dudas que la jerarquía eclesial argentina fue cómplice del terrorismo de Estado, al menos los dichos de Jorge Rafael Videla así lo corroboran: http://www.eldiariotuc.com.ar/index.php/2011-08-07-03-05-41/item/1132-la-iglesia-colabor%C3%B3-con-la-dictadra-argentina.html

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