Invisible

Cerca para sentirlo.

Nadie desde hoy podrá seguir sin conocer su voz.

Un juglar solo contra todas las máquinas que juegan con el tiempo.

Nadie puede decir que no está solo, que no se pronunció desde ese lado.

Generaciones enteras saben sus himnos y vuelven y vuelven sus páginas a la memoria. Si yo pudiera estirar mi mano y tocarte al menos, cuantas veces te juro que lo haría…

Era un ejército de harapientos siguiendo a un perdido líder que sólo cantaba para consolar encierros.

Las personas que conmigo andan le dedican sus propias palabras, cada uno recuerda una, cada uno va hilando un interminable género unido por ese resistente cordel de los recuerdos:

Plegaria, muchacha, diamante, valle, rabioso, credulidad, Fermín, superstición, Beto.

Y ya las cosas se van tornando a su alrededor, una palabra suelta trae a otra y la construcción colectiva sigue:

Nadar en la eternidad, alma de diamante, ¿Dónde estás topacio?, Quedate, quedate un poco más, unos 18 minutos antes del sol, Reíte, reíte con nosotros, niño dormido, volvé gorrión otra vez, Toda tu vida tiene música, y vos acá tan flaco, con una eternidad imaginaria que ahora se vuelve real.

Nadie te encuentra, cuando te comparan con un dios, como si vos hubieras crecido con un corazón de telgopor.

Quien ahora regará aquellos duraznos sangrantes, quien bajará de la montaña, por el Valle Interior, y te de toda la luz del sol, barro tal vez…

Tus manos en las mías como ya te dijo el Nacho, y tantas imágenes que los poetas vivos y todos los poetas muertos tomaran prestadas para siempre. Fuiste un socio en este desierto de locos desesperados, uno más en el concierto.

Quien no bailó con Ana la que nunca duerme, y besó esos labios y miró esos ojos de papel y quien no te imaginó cantando y soñando sin altamar.

Se fue un hombre hermético, de plegarias casi obsesivas, uno que creía en el universo y la conjunción de los planetas y en las fuerzas invisibles. Que no se fue detrás de un dios ni de una religión pero que dio muestras de coherencia y respeto. Muchos no hubieran sabido de poetas, de escritores, de filósofos, de pensadores, si él no los hubiera nombrado en sus canciones. Ese poder de reproducir pensamiento, esa capacidad de mostrar ideas diferentes y que cada uno elija, es lo que representa.

Y en los muros que hay por todos lados yo leo los mensajes lanzados en botellas a las galaxias:

La melodía es tu alma, Graciela. La sinfonía de la vida está de luto, Mariela. No te alejes tanto de mi, Verde. En el éter para siempre, Matías. Gracias por llenar la vida de poesía, Viadana. Mirarte en las burbujas, Javier. Plegarias, Beatriz. Pescado nadando en la eternidad, Gaby. Flaco de mi alma, Ana María. Barro tal vez, Nurit. Te quiero hasta el Cielo, Fena. Todas tus hojas son del viento, Julia. Gracias del Alma, Eva. Al sol Flaco, al sol, con nuestro amor inflando tus velas! Mariana. Recuerda que un guerrero no detiene jamás su marcha, León. Por siempre Flaco querido, Fontova. Tristeza en el alma, Guille. Hasta siempre, PAuu. Chau Capitán Beto, Silvia… y la ola no se detiene.

Y aunque yo no los veo, sentado en mi escritorio, me dicen los que por allí andan, que la gente, sin reir y sin mirar, llora cómplice por las calles y rutas argentinas.

 

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