Inversión

 

Según el economista argentino Bernardo Kliksberg -especializado en temas sociales, desigualdad y desarrollo- en las sociedades como la nuestra, latinoamericanas, hay ocho razones para tener en cuenta con respecto al deterioro de la vida de los jóvenes.

La primera causa que convierte a los jóvenes en vulnerables es la pobreza. Por ese motivo están más expuestos a la desnutrición y la contaminación. No tienen acceso al agua potable y a los servicios médicos. Todos esos puntos los pone más en riesgo y aumenta su vulnerabilidad.

Otro factor que deben enfrentar los jóvenes tiene que ver con la educación: mientras sube su escolaridad aumenta la esperanza de vida. Por lo contrario, a menos educación, las estadísticas indican la posibilidad de una vida más corta.

Punto tres: las mujeres madres jóvenes, que son la proporción más importante en los sectores más humildes, soportan altos riesgos de perder la salud.

La desprotección durante el embarazo y hasta el nacimiento del bebé es superior al resto del promedio de la sociedad. Lo podemos ver en el impacto del aumento de las jóvenes en las mediciones de mortalidad materna, 25 veces más que el promedio de los países del norte.

El cuarto punto, que pone a los jóvenes en la mira, es el sida. La pobreza, el hacinamiento, las drogas duras, la falta de medidas para su prevención, aumenta la incidencia sobre este grupo.

Otro problema, en quinto lugar, es el ahora llamado “tráfico de personas”. Vinculado a la prostitución juvenil y el turismo sexual, esta situación destruye miles de vidas y deja a los más jóvenes cada vez más vulnerables, por ejemplo, frente a las enfermedades de transmisión sexual.

El sexto lugar, según Kliksberg, lo ocupa un rasgo patológico muy especial: la violencia. La mortalidad juvenil en América Latina triplica la de España. Pero dentro de estas cifra se estima que de cada 100 fallecimientos de varones jóvenes, 77 son atribuibles a causas violentas y por lo tanto se puede decir que hay entre nosotros una violencia juvenil de corte epidémico.

Ante tanta regresión corresponde un análisis en profundidad que se detenga en los motivos de este problema socioeconómico. Por ejemplo habría que revisar los altísimos niveles de desocupación juvenil, la deserción educativa y la fragilidad de las familias como consecuencia de la pobreza y la pauperización.

El séptimo punto que contiene este estudio, es la reducción de los servicios de salud y las coberturas públicas que dejan a muchos jóvenes librados a las posibilidades que puedan acercar los familiares. En sectores agobiados por varias restricciones económicas, la salud es uno de los gastos que tienden a reducirse.

Por último, la mayoría de los análisis sobre la salud de los jóvenes se han centrado en los aspectos físicos sin tener en cuenta que en situaciones tan duras, con tan pocas oportunidades, en medio de la lucha por la supervivencia, y provocadas también por los problemas permanentes derivados de lo económico, la demanda de ayuda psicológica es alta. Pero ya se sabe que en este punto, la salud mental, el acceso a las posibilidades de acceder a tratamientos, terapias y contenciones en ese sentido es algo relegado. Si no tenemos un problema evidente, físico, palpable, quedamos afuera del alcance, apartados del acceso a la salud mental.

Termina el análisis de este especialista, diciendo que “la situación juvenil es escasamente focalizada por las políticas oficiales en el sector salud y por la sociedad en general. Sólo se atienden estos temas como corresponde cuando por algún motivo –en general por la aparición en los medios masivos de comunicación- los jóvenes parecen estallar. Pero aún así no se les da el reconocimiento debido mediante políticas preventivas sistemáticas, con metas extendidas en el tiempo”.

Por este motivo los jóvenes enfrentan dificultades cotidianas para desarrollar sus potencialidades y producen cuadros problemáticos. Los jóvenes tienen sus opciones condicionadas por las decisiones que se tomen desde las políticas públicas hacia ese sector.

La inexperiencia, la falta de oportunidades, la pobreza, las enfermedades por falta de acceso a la prevención, la proliferación del acceso a las sustancias de consumo adictivo, la poca educación, la sexualidad sin cuidados hacen “el Cambalache” ideal para que los jóvenes tengan su futuro comprometido.

Tantos excedentes monetarios y caudales acumulados en el Estado y en las empresas particulares, es hora de que se empiecen a invertir en la juventud.

Hasta pronto.

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