¡¡¡Gep, gep ,gep…ta, ta, tatatá; ta, ta, tatatá…tum, tum,tum…!!!

Por. César Panella. Artista Visual-Documentalista.

Ellos se identifican con un bullicio constante, sin palabras, con muchas palmas al unísono, ruidos de cacerolas, al grito de gep, gep, gep, de una veintena de jóvenes alborotados y adoctrinados (esto, propio de los ejercicios físicos en los establecimientos militares). La »gente bien» no grita, ya que eso es de morochos, sutil eufemismo, utilizados por ellos, para no ser discriminatorios.

Un muchacho, con aspiraciones de »concheto», pasa en musculosa, presagiando los primeros atisbos de primavera. La mayoría lleva la bandera argentina en sus manos, pocos la hacen flamear en sus mástiles, porque eso de las banderas es propio de los negros, ¿vio usted?

Uno de los carteles dice: »Buscamos un país mejor! Sin gente corrupta». Ya ese signo de exclamación, sólo al final de la frase, me denota la penetración de una gramática anglosajona en nuestro bastardeado idioma castellano, símbolo de las nuevas formas de la conquista que viene mutando desde hace 520 años. Yo me pregunto, porque esta gente (si es que sus ahorros quedaron atrapados en el corralito financiero, ya que a la mayoría le gusta aparentar y alardear de lo que no tiene) no recuerda que hace dos meses, nuestra Presidenta fue, la que les devolvió el dinero, que les robó la timba financiera-bancaria en el 2001. Es decir, no entiendo como esta gente, sigue haciendo causa común con aquellos que expoliaron sus ahorros. ¿Qué país buscan? Siendo simples aspirantes a aristócratas, (sabiendo que los símbolos nobiliarios están prohibidos desde la remota Asamblea del año XIII del siglo XIX) ¿Será que están identificados, sin pertenecer, al viejo lema de ciertos grupos de poder que dice: »Si le va bien al campo, le va bien a la Argentina»? ¿Cuál será la gente sin corrupción que ha tenido nuestra historia?; ¿El Gobierno de Facto de 1976 al 83? El, que para ellos impuso el orden en nuestro país, dejando como legado, en un lapso de menos de 7 años, la mayor deuda externa en la historia económica Argentina y el período más sangriento de desapariciones y matanzas en nuestra historia política.

Veo una pareja gay, de esas muchas que hay, rancias y aspirantes a ser »buenas derechosas», que no comparten la ampliación de derechos en materia de matrimonio igualitario e identidad de género, mucho más avanzados, inclusive que algunos países del »mundo civilizado» que ellos tanto preconizan como ejemplo a seguir. Porque claro, si viene un gobierno »occidental y cristiano», hay que ser amigos y aliado, no vaya ser que nos desaparezcan.

Veo carteles con letras negras sobre papel amarillo (rara y coincidente similitud con el logo partidario del PRO) portadores de las siguientes consignas: »Basta de inseguridad. Basta de inflación. Basta de korrupción. No a la Re-Re. Basta de sometimiento».
Obvio que esta gente de bien no nació para expresarse, sino sólo para aplaudir y quedarse callados. Les encanta avalar los 0 800 porque les permite convalidar, de manera anónima, sus tareas delatoras. Para colaborar con otros pocos que les encanta ensuciarse sus manos con la sangre de todos aquellos »apátridas» que pretenden un gobierno nacional y popular. Gobierno nacional y popular, abarcativo de »TODOS y TODAS» y cuando digo »TODOS y TODAS» incluyo también a estas personas »reaccionarias» que forman parte de nuestra Patria.

Comienzan a canturrear un cántico: »Es para vos, es para vos, Cristina puta, la puta que te parió». Como sigo observando, ellos no tienen cánticos propios, son todos prestados y propios de la época de la dictadura. Veo muchachas jóvenes, al son de ese estribillo, que me produce una enorme tristeza, ya que implícitamente con ese canto se humillan ellas mismas en su condición de mujer, víctimas conscientes de un machismo propio de la »gente bien», sin darse cuenta que el árbol le está tapando el bosque, no le dan importancia a todas las medidas de género que impulsó el gobierno de nuestra Presidenta.

Vuelven a acallarse los cánticos y sólo se escuchan el famoso latiguillo militar del gep, gep, gep de la veintena de jóvenes enardecidos que ocupan el km 0 de la calle San Martín de la ciudad de Mendoza. También se sienten los clásicos cornetazos, aislados, típicos de aquellas cornetas que se vendían en el Mundial del 1978, mientras funcionaban los »campos de concentración» y »chupaderos», que Fontevecchia desconocía en la revista »La Semana», bajo el silencio cómplice de la »gente bien».

»Olelé, olalá, si éste no es el pueblo, ¿el pueblo donde está?». Atónitos, ¿no? Si es más que obvio, que el pueblo en este lugar, no está. Está, a pocas cuadras de ahí y en toda Mendoza, alejado de todo el »look» típico de estos aspirantes a aristócratas mendocinos. Obvio que el »olelé, olalá», no dura ni cuatro estribillos, ya que la »gente bien» no son de estropearse las cuerdas bocales, son más bien tibios y »ubicados», otra cosa no se les puede pedir. Tiran un cohete aéreo explosivo y el clásico ¡Bieeennnn! Mi desconcierto se agiganta, ya que no sé, si me encuentro en una fiesta de navidad y año nuevo después de la cero hora, donde veo a la gente »bienuda», festejando los estruendos con sus exclamaciones y suspiros. Artificios propios de estas fiestas del vitel toné, ensalada rusa, pollo, lechón, clericó con »gancia», turrón, garrapiñadas, el infaltable pan dulce regado del »shampein» de góndola de súper.

Es evidente, que no tienen identidad y les asusta la identidad Argentina, el ¡Viva la Patria, carajo! que se viene gestando desde el 2003 a través de tres gobiernos nacionales y populares y que cada día crece más y más. Se ve que ellos siguen, y quieren eternamente seguir obnubilándose, con los espejitos de colores del imperio.

Se escucha un bombo, pero ojo, léase bien »UN BOMBO», tan sólo uno, que golpea por golpear un tum, tum, tum, sin sentido. Es que ellos no tienen ritmo, son apáticos, a-partidarios, servidores y consumidores de la »concepción light» de la vida. Sonidos sin cadencias, expresión del sinsentido, ya que es obvio que la gente de bien no se instruye. Para eso, están los programas de chimentos donde se educan, puesto que para ellos la vida es puro »puterío barato». Lejos de las artes, ya que esos, son hobbies no rentables de hippies frustrados ( y en el fondo no lo entienden).

Ni la corneta, ni el silbato saben tocar, para eso está la gente del orden. Ellos están para espiar y delatar al que quiera quebrar ese orden. Al ser manada, su personalidad se fortalece, por eso gritan y baten sus palmas. No sirven para valerse por sí mismos. Siempre fueron solo aspirantes de aristócratas. Simples aspirantes, nada más.

Tratan de hilvanar un pálido »boronbombón, boronbombón», que se queda ahí, sin continuar. Es que no saben cómo sigue la letra. Remeras bien limpias de jóvenes blanquitos, camisas cuadrillé bien planchadas en los más grandes….. buena disciplina. Hombres de pelo corto y bigote prolijamente recortado, remembranzas de tiempos pasados…. La mayoría de las mujeres jóvenes lucen en sus caras el aspecto de aspirantes a Felicitas, aspirantes a nobles, a »Ernestina Noble». Aspirantes…….

Nuevamente se escucha el canto tibio de »El pueblo unido, jamás será vencido». Obvio que el canto además de ser insulso, no se puede sostener en el tiempo, parecía cantado dentro de un shopping, su sacro centro, ya que la gente de bien está muy lejos del pueblo y de ser pueblo. Menos aun, están dispuestos a apropiarse de ciertas consignas y cantos populares que no van con ellos. Lo que si saben hacer, es ser cómplices de las más diversas »apropiaciones» que se hicieron en la dictadura.

La cadencia de los cacerolazos y de su único bombo se expresan en un ta, ta, tatatá; ta, ta, tatatá. La incapacidad queda evidente. Ellos no están para cánticos. Que les podemos pedir a estos aspirantes. Ni siquiera, saben los cantos de la misa de los domingos, y si cantan, lo hacen como saben, siempre tibiamente…

Nacieron para obedecer. Lo que si saben exteriorizar, en su máxima potencia y gravedad es el odio al otro, a ese otro que si no lo puede controlar desean su desaparición.

Hay momento donde no tienen una línea conductora en sus balbuceos. Todo se reduce a batir palmas y golpear cacerolas. De pronto baja el ritmo de los estruendos sonoros. Iban a comenzar a cantar de nuevo »El pueblo unido, jamás será vencido» pero la tibieza de los cantores es sustituida por otra canción que recordaron: »Olelé, olalá, si este no es el pueblo ¿el pueblo dónde está?» a la manera de la época de la dictadura, donde ellos usurparon el lugar del pueblo desaparecido y apaleado, y quisieron demostrar, ante los ojos del mundo, que Argentina es un país de gente »derecha y humana».

Observo este autodenominado »pueblo de la gente de bien» y no veo morocho alguno. Me pregunto para esta gente ¿Existen los morochos? Sí existen, pero que no estén ante su vista les produce sosiego.

Mucha caja de cartón de almacén es usado en las pancartas por esta »gente bien habiente». Muchos de ellos, dueños de tiendas, resultan ser aspirantes a dueños del país. Pero siempre les pasa lo mismo. Se pasan la vida aspirando, esperando, esperando a ser grandes, »Esperando a Godot» como en Beckett.

La agrupación del biopoder »Padres de la Guarda» está presente. Una de las pocas agrupaciones visibles, a pesar de la gran cantidad de católicos conservadores presentes en la marcha a través de abuelos, padres, hijos y nietos de familia de »bien» o de familias aspirantes a »bienes» que hay en Mendoza.

Se vuelven a hacer fuerte los sonidos y cánticos con el gep, gep, gep de los entrenamientos en los campos militares. Alguna corneta se trata de acoplar al son de dicho estribillo. Se produce un silencio y me encuentro unas rubias cincuentonas, aspirantes a »Susana». Una de ellas enardecida, golpeteando su cuchara de alpaca contra un jarrito. La otra le hace »el aguante». Eternas jóvenes, de juventud para ellas alejada. Las arrugas, de una de ellas, así lo denotan. La otra, mas »bienuda» se estiró la cara. Ellas lucen sus bellezas esperpénticas rodeadas de algunos jóvenes que le potencian sus delirios narcisistas. Caras de la insatisfacción, del aparentar, del aspirar a ser. La rubia cacerolera se agita y baila al son de las palmas desplegando su »charme».

Un señor levanta el cartel amarillo de letras negras con las consignas antes aludidas, tapándose la cara ante el paso de la cámara de un medio televisivo local. Como siempre cuando las papas queman, nunca dan la cara, huyen en el anonimato más oscuro, signo de su tibieza y de la falta de convencimiento en lo que creen. Hoy están con este, mañana con el otro, pero siempre tienen un enemigo en común: »el negro que reclama derechos, escoria que entorpece su condición de ciudadano y consumidor». En eso no vacila.

Nuevamente empiezan a alzarse las voces: »ayayayay, ayayayay, el que no salta, es negro K» transformándose en »El que no salta es negro K». Otra vez me encuentro con otro cántico tomado de la dictadura, esto me recuerda cuando Argentina salió campeón del mundial del 78: »El que no salta es holandés».

Una joven de prosapia religiosa alza un papel en el que se lee »No a la reforma del Código». Mientras los cantos se vuelven a diluir, aparecen unos carteles que propician la nueva modalidad de »golpes suaves» instaurados en Latinoamérica a través de Honduras y Paraguay: »Andate Kristina» y »No a la diktadura». Toda una masa amorfa, no militante,» a-política», que desprecia la palabra »política», cuando no sabe, por su ignorancia, que hasta el precio de comprar un kilo de pan es »política».

Sólo les gusta ser movilizado por algún monopolio comunicacional que cuenta con la frustración de no poder derrocar a tres gobiernos nacionales y populares desde el 2003. De manera colectiva exterioriza y potencia su odio cuando el monopolio los empuja a manifestarse. Ellos no militan, para ellos la militancia es »cosa de negro», de gentuza baja y peligrosa.

La »gente bien», amontonada, muestra su odio, su resentimiento, su incapacidad, su frustración y su exclusión a lo diferente e inclusivo. Justamente lo diferente y su inclusión es el objetivo prioritario del gobierno de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner heredera del largo camino iniciado en mayo del 2003 por Néstor Kirchner en el momento histórico más difícil que la Argentina atravesó.

Ellos no piensan, lo hacen los medios, lo delegan en los cuadros conservadores y militares, ya que les encanta que los conduzcan como rebaños. Sólo existe el odio a lo que no se quiere incluir ya que no están dispuestos a compartir. El negro ha nacido para callarse y obedecer, no para peticionar derechos. Eso es algo exclusivo de la gente de »bien». Privilegio para unos pocos.

Una señora setentosa acompañada de unas amigas de la misma edad, exclama con frenesí: »¡Viva! ¡Qué se vayan! ¡Libertad! ¡Libertad!». Para ellas la única libertad posible es la económica. La política es para el manejo de una casta conservadora selecta, servidora de los intereses supremos de los poderosos. La mujer me hace un gesto con los dos pulgares hacia arriba, como en la propaganda de Galtieri durante la guerra de Malvinas , »argentinos a vencer». Ellas quieren demostrar, su orgullo de pertenecer a la gente de bien, su rancia y frustrada existencia, su estancamiento, su no pensar, su eterna y vana lucha en su carrera de aspirante a aristócrata, su eterno esperar…….

Epílogo: a unas cuadras del casco céntrico, el pueblo, »el que jamás será vencido» se mueve tranquilo, disfrutando de los primeros calores primaverales. Alguien por ahí cuenta los 83 días que restan para desmontar el cadalso en que estuvo sumida la libertad en nuestro país. Es tiempo de libertad, de libertad en su máxima plenitud.

 

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