ESCRIBO CONTRA RELOJ…

por Emilio Vera Da Souza

Como siempre apurado por el cierre del diario, por el corrector que está en el escritorio junto al mío y mira de reojo para apurarme y meterme presión. Él también se quiere ir a comer algo. Ya son las dos de la madrugada y el diagramador en el otro escritorio me apura. Escribo lo más rápido que puedo y aun ignoro de que estoy hablando. Estoy cansado.
Temprano a la mañana fui a la radio.
Tres horas al aire. De allí a hacer trámites de mierda. Impuestos, pagar servicios, colas de los bancos, a la obra social para que certifiquen un turno para que me revisen la boca y otro para el cardiólogo. Vuelvo a la oficina para ver cómo va la diagramación de la revista.
Faltan como 14 páginas para definir contenidos y quedan tres días para mandar a imprenta. La foto de tapa aún no está. Si no aparece una idea buena le tendré que pedir que la resuelva alguien con más oficio. Seguramente el Coco Yáñez. Falta una nota de color y terminar la entrevista al colega que hace periodismo narrativo como ningún otro. Cristian Alarcón se llama. Quería hacer una nota a Mario Wainfeld, uno de los mejores de este país. Pero no sé si hay tiempo. Escribo a toda velocidad. Con dos dedos por supuesto. Como todos los periodistas de oficio. Nunca fui a la Pitman. Ni cerca.
Estoy cansado. Me tomé tres cafés y un whisky. Sin hielo. Pero con soda. No tengo suficiente para ser escritor y tampoco tengo nada para ser confidente de las personas que me toca entrevistar. Pero seguro que lo que no tengo es nada de chismoso o alcahuete, o botón, como decían antes.
Hoy hay periodismo comprometido. Periodismo militante. Periodismo alternativo. Periodismo de investigación. Periodismo profesional. Periodismo para empresas o instituciones. Periodismo especializado. Todos respetables encasillamientos. De lo único que reniego es de las operaciones de prensa y del periodismo botón. No hace falta. Ya hay carreras más exitosas para policías y buchones. Me enferman los que dicen que son periodistas y saben que no lo son. Me molestan hasta el paroxismo los que se la pasan pidiendo cosas. Garroneando. Todo el tiempo quejándose si no les regalan algo o les mandan entradas gratis para ver a no sé qué rockero berreta. Puedo opinar si quiero.  Y si quiero lo digo a los gritos. Y a veces me enojo. Bastante. Y a veces me pongo tan pero tan caliente que pienso que me voy a morir en ese momento.
Algunas personas me han acusado con distintos apelativos por los contenidos de mis columnas. Algunos, conocedores de mis preferencias doctrinarias, me plantean por qué no escribo de política y me dicen, como si fuera una obligación, que debiera hacerlo. Otros, con un interés oculto, o por mí desconocido, piden que me encargue de hacer análisis sobre la realidad local. Como si no lo hiciera, aunque no lo hago directamente. No me interesan los asuntos cortesanos ni las intrigas de palacio. Tenemos tanta información disponible que no nos enteramos de lo que pasa a la vuelta de la esquina.
Escribo contra el tiempo. El corrector que está sentado en el escritorio junto al mío, me putea por lo bajo. Sólo le queda corregir esta página. Podría llenar o rellenar el espacio haciendo un análisis de los que trabajan de periodistas en los medios porteños, que se comen los niños crudos, hacen asados abajo del agua, fuman adentro de las garrafas. Son recontrapiolas y se la pasan subestimando a los que trabajan en los medios de provincias. El interior dicen. Son muy cancheros.
Yo no escribo por escribir. Me gustan las artes, algunos lugares de mi ciudad, algunas personas que aprecio, algunos personajes que me parecen interesantes. Sobre eso me gusta escribir. Sobre la mujer que quiero. Sobre mis hijas. Sobre algunas pocas ideas que podrían servir para hacer nuestras vidas más llevaderas. Sobre los que me acompañan en este oficio. Sobre que nunca llegamos enteros a fin de mes. Ni con el sueldo entero, ni con la balanza en condiciones, ni con los besos que nos gustan, ni con lo que más queremos en el mundo.
Podría hablar de las mujeres periodistas. Ahora que los asuntos de género traspasan todos los temas. Sólo quiero decir que es mejor siempre trabajar junto a mujeres. Nos ponemos más sensibles, se nos acomodan las palabras. Los adjetivos se hacen más ocurrentes y como ellas pueden hacer varias cosas a la vez, hacen que nos empeñemos en la tarea para no quedar como unos inútiles. Siempre que trabajo con ellas, me parece que salen mejor las cosas.
Me gusta ser periodista. Me parece que podría hacer que la vida sea más vivible. Más intensa. Más emotiva y más emocionante. Ríos y ríos de tinta se utilizan para hacer alabanzas y chupar medias.Yo quiero ser periodista para realzar la belleza de las palabras, para que la literatura sea accesible para más gente, para caminar libre por las calles de la ciudad.  Me gusta la fotografía, el cine, la música, las mujeres, el Cabernet Sauvignon y las especias bien utilizadas, la inteligencia y la solidaridad activa. Todo eso puede contribuir a hacer mejor nuestra vida.
Sólo el pensamiento sin egoísmos, las acciones generosas, el respeto y el compromiso ciudadano, podrían ayudarnos a crecer. Y eso me parece que podría ser un buen motivo para ser periodista.

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