En el mundo adultocentrista, el ser político es la juventud

(Desde Salta, Flor Bustamante Arias – texto y foto)

A esta altura del siglo ya todos sabemos que los conceptos mujer y varón son excluyentes, el asunto que abre este debate es que la sociedad actual es adultocentrista y pretende encajar el binarismo en las nuevas generaciones. Aquellas que ya no se sienten cómodas en los mandatos y en el “ser” mujer o varón.

De la mano de las discusiones por el aborto legal, seguro y gratuito un grupo de adolescentes de escuelas (públicas y privadas) se reunieron semanalmente en la plaza de la Legislatura, sus objetivos fueron (y son) muy claros, poder discutir sobre sus derechos en este mundo de las instituciones educativas que es claramente vertical: de los adultos a los, las y les adolescentes sin darles lugar a discusiones de situaciones como política y disidencias.

Este movimiento estudiantil comenzó llamándose “Coordinadora de estudiantes de Salta” y pretendía (en principio) acompañar y contener a todo estudiante que atraviese algún tipo de problemática dentro de las instituciones. En otro escalón más la organización presionaba por la implementación de la educación sexual integral (ESI) en sus currículas y la educación con perspectiva de género.

El género en las aulas
Es así como el movimiento estudiantil comenzó a presionar para romper el silencio y ser la juventud disidente que existe y resiste dentro de las escuelas salteñas. Exequiel no veía que en su colegio se fomentara la organización y emprendió una lucha para conformar un centro de estudiantes y poder instalar ejes de discusión como la ESI, la educación con perspectiva de género y la educación religiosa.

“Creo que lo del aborto fue un antes y un después en los colegios, fue una revolución acá en Salta. Para mí eso dio pie a una organización colectiva que se fue formando dentro de algunos colegios. También sé que fui un privilegiado, porque dentro de todo mi colegio es bastante abierto, pero aún así no dejas de chocarte con la estructura que es heterosexual y cisgénero”.

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L tiene 16 años y comenzó su transición este año dentro de su familia y colegio, “recién ahora lo puedo decir, para algunos compañeros y profesores fue un golpe duro, sentía que no me respetaban para nada. Tenés que hablarlo y tenés que saber que como respuesta va a venir un comentario desubicado”. Mi problema fue que al comenzar la transición me obligaban a seguir usando pollera, en contra de todo lo que yo era, sentía que era y decía que era”.

«Soy una persona que no se calla, me replanteo todo todo el tiempo, no quiero ser excluido por ser trans, quiero formar parte y llegar a la adultez, terminar el colegio, cambiar el documento, ser parte del sistema, vestirme como quiera y que eso se respete. No por ser adolescente tengo que agachar la cabeza y hacer lo que a mis directivos le quede cómodo, sé que no estoy integrado porque esa integración social de la que hablan las autoridades es simplemente dejarte estar, aunque incomodes”.

L plantea algo tan simple como el paradigma de contención y respeto en una sociedad que va cambiando, en donde las juventudes puedan alcanzar todo su potencial gracias al acompañamiento y comprensión de sus familias y de la sociedad. Las nuevas generaciones de personas trans solo aspiran a lo que todos, concretar sus estudios, tener una familia amorosa y una esperanza de vida plena. Esto es política pura y dura, es militancia, son las calles, es su lucha.

La organización estudiantil del hoy
Exigir siendo adolescente implica mucho coraje y una persistencia que llevó al movimiento estudiantil a discutir con un mundo claramente adulto que no está preparado para sentarse a dialogar en estos términos. “Me parece que eso se planteó desde el aula para el mundo y obviamente ser joven no te ayuda en nada, llegué a ser escuchado porque ya estoy en los últimos años, pero muchos chicos de los primeros años no fueron tomados en cuenta y estamos hablando de chicos de 13, 14 años que intentan plantear una discusión sana y necesaria para el momento que vivimos”, dice Exequiel.

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“Nuestro ser político es ser joven y es muy denigrado y nosotres vinimos a cambiar eso, se acabó el mundo donde el joven escucha y el adulto habla. Creo que desde el año pasado se vino construyendo el empoderamiento colectivo entre nosotros.No solamente nos escuchan si no que exigimos participación, por ejemplo, si hablamos de centros de estudiantes queremos intervenir en la formación de nuestro propio estatuto, o cosas así, y por eso luchamos hasta conseguir una ley de centros de estudiantes en Salta”.

“Los que hacen política hoy son en su mayoría varones de más de 40 años, ¿cómo podemos discutir con personas que en su vida plantearon estas discusiones dentro de sus instituciones y mucho menos en sus carreras políticas o dentro del ejecutivo? En pocos años vamos a tener que ocupar esos espacios y abrir estos debates dentro del sistema, aunque seamos jóvenes, lesbianas, gays, trans o travestis. Los varones cis tienen que entender que hoy ya el mundo como lo plantean no puede más”, remata Exequiel.

 

(nota aparecida originalmente en Salta/12.)

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