“El rol del arte es apasionar, interpelar”

 

 

En la creación de personajes y mundos, Liliana Bodoc ha sabido condensar años de historia y cultura latinoamericanas. Sus atrapantes relatos son expresión de nuestra identidad como pueblo. Es una mujer con un fuerte compromiso social e ideológico que ha trascendido fronteras y lenguas. Nació en Santa Fe en 1958, vivió desde los cinco años en la provincia de Mendoza donde estudió la Licenciatura en Literatura Moderna en la Universidad Nacional de Cuyo, y actualmente vive en San Luis. Es la autora de la reconocida trilogía épica fantástica La Saga de los Confines y una de las pocas escritoras que han encarado este género en la Argentina.

 

Sus escritos han sabido captar la atención de lectores tanto jóvenes como adultos con novelas como Memorias impuras y el libro de cuentos infantiles Sucedió en colores, entre otros. Sus obras han recibido numerosos premios dentro de los que se destacan el Premio a la Mejor Obra Literaria Juvenil de la Fundación el Libro en el año 2000, la distinción White Ravens en el 2000 y 2001 y el Premio Konex en el año 2004.

 

En el año 2006 los relatos de Liliana llegaron hasta un grupo de estudiantes de la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (Enerc) de Buenos Aires que decidieron realizar un documental sobre la vida de la autora. El largometraje documental Liliana Bodoc, la madre de los Confines fue filmado, en gran parte, en nuestra provincia. En este, Liliana recuerda sus vivencias y se las relata a su hija Romina mientras recorren los lugares que marcaron la vida de la autora. El proyecto dirigido por Diego Ávalos y producido por Francisco Larralde ya está en la última fase de su realización y cuenta con el apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica, la municipalidad y el gobierno de Mendoza.

 

Además de poder disfrutar del documental muy pronto, el próximo mes de marzo vamos a tener una nueva oportunidad de sumergirnos en el mundo de los Confines con un nuevo libro de relatos: Oficio de búhos. Liliana continúa escribiendo y nos sigue maravillando con una literatura fantástica que le habla al mundo de nuestra cultura.

 

–Vos viviste y estudiaste en Mendoza ¿Cómo es tu relación con la provincia, con su gente y cómo fue tu experiencia en la universidad?

–Como en cualquier familia, un poco de todo. Voy a menudo a Mendoza, tengo allí a muchos de mis mejores amigos, a mi familia… En Mendoza crecí y nacieron mis hijos; por eso no me siento obligada a decir sólo maravillas en lenguaje turístico. Puedo hablar con la confianza de quien pertenece a un lugar, y a veces siente amor, a veces desconcierto, a veces enojo. Y hablando de enojo, pasé con bastante dificultad por la universidad. Sólo después de irme, fui capaz de valorar y de poner en práctica lo que me habían enseñado. Siempre cuento que mi primera bibliografía para La Saga de los Confines fue el programa de Literatura Hispanoamericana I. A pesar de que la cátedra era de marcada tendencia conservadora y católica, esos textos me guiaron “como agentes del contraespionaje”.

 

–¿Cuál creés que es el rol del escritor y de la literatura en la sociedad? ¿Qué creés que debe generar la literatura en la sociedad?

–El rol del arte es, según creo, apasionar, deshacer e interpelar. No me interesa el arte aséptico, las creaciones endogámicas para regodeo de aquellos que confunden el compromiso con la bajeza artística y lo popular con lo menor. Los artistas, ¡todos!, trabajamos sobre los símbolos, los símbolos son resultado del tiempo y de la cultura. El rol del artista, entonces, debería ser aromar el pan que amasó la gente, y compartirlo en la mesa común.

 

–¿Qué buscás que generen tus escritos, tus historias, en el lector? ¿Cuál es tu búsqueda personal como escritora?

–Emoción. Y lo digo con la certeza de que la emoción es inteligente y es interpeladora. Muchas veces se asocia lo emocional con el sollozo bobo o la compasión transitoria por una situación o un personaje. Yo creo que lo emocional bien entendido presupone la adquisición de nuevos conocimientos y una comprensión profunda. La huella de lo emocional puede ser mucho más profunda y duradera que las impresiones del puro razonamiento.

 

–¿Qué es lo que te lleva a escribir, qué te motiva?

–Escribo porque encontré en las palabras mi mejor amparo, mi herramienta más amada. La escritura literaria es el lugar donde no me importan ni el resultado, ni la vergüenza, ni el fracaso, ni el error. Patio donde jugar, entendiendo el término en su más hondo sentido.

 

–¿Cómo vivís el hecho de que tus historias hayan tenido tanta aceptación y que estén incluso siendo traducidas a otros idiomas?

–Lo vivo con alegría y con agradecimiento. También, claro, me sirve para observar el comportamiento de los lectores. Un niño o un joven latinoamericano entienden La Saga de los Confines sin dificultad ninguna. Me cuentan que en Alemania, Francia, Holanda y otros países, la cosa no es tan así. “Les resulta difícil la identificación”, me dijo un editor. Y yo, debo admitir, me sentí orgullosa de nosotros porque somos capaces de comprender y disfrutar con los imaginarios más variados, los nuestros y los ajenos. Esa me parece una extraordinaria virtud intelectual.

 

–¿Por qué será que se da esta cierta dificultad para la comprensión o identificación con la Saga en otros países?

–Los que nacieron y crecieron líderes, brillantes y exitosos, en la cima del mundo, suelen conformarse con sus propios ombligos. No digo, por supuesto, que esto sea absoluto, pero sin dudas hay una autocontemplación propia de “los que marcan tendencia”. Dicho de otro modo: si no se habla de ellos y como ellos, no importa tanto. Como contracara, los que vivimos en el mundo de los márgenes estamos obligados a ejercitar la imaginación, la aventura; estamos obligados a tomar de todas partes para construir algo propio.

 

–En tus libros y escritos hay un marcado interés por la cultura y la historia latinoamericanas. ¿Cuál es tu análisis de la realidad latinoamericana actual?

–Bueno, a esta pregunta sólo me atrevo a responder desde lo casi íntimo; más como una emoción que como un análisis. Veo nuestro continente lleno de históricas posibilidades; lo veo transitando por caminos genuinos, lo veo incluyendo y no expulsando. Sin embargo, estoy lejos de cantar victoria. Hay todavía mucho por hacer y por afianzar. Posiblemente, el gran desafío sea construir bienestar sin repetir esa trágica historia de crecer a expensas de la tierra y del agua. Si me dejan soñar, sueño con un continente donde, sobre la base de la plena dignidad, la felicidad humana no esté asociada al consumo.

 

–Decís que estamos viviendo históricas posibilidades y transitando por caminos genuinos. ¿Qué hechos en la actualidad te llevan a hacer este análisis?

–Las posibilidades se gestan a partir de gobiernos que, con distintas características, proponen modelos de inclusión y sostienen el valor de nuestras culturas. Me refiero, por ejemplo, a Bolivia, Ecuador, Brasil, Argentina, Venezuela… Estamos aprendiendo a querernos, a valorarnos, a enamorarnos de nuestros rostros, lenguas y colores. Eso, junto a concretas medidas económicas (algunas más, otras menos contundentes), va a generar cambios profundos y beneficiosos para los pueblos. Eso sí, vamos a tener que defenderlos.

 

–¿Cuáles son tus referentes literarios? ¿Qué escritores te han inspirado y por qué?

–¡Uy, qué difícil! Arranco por los poetas, mis mejores inspiradores, desde Quevedo a Diana Bellesi, desde Whitman a Gelman, desde Maiacovsky a Olga Orozco… Los clásicos infantiles (por llamarlos de algún modo) me enseñaron a no temerle al lenguaje mágico, la novela grande del siglo XIX me enseñó a ser paciente. Para quien escribe, cada lectura presupone un aprendizaje, por cercanía o por distancia. Todas las propuestas literarias nos provocan. Eso tiene de malo la pérdida de la lectura feliz y desinteresada que se logra sólo a veces, de a ratos, con textos muy especiales. Me pasó con Tolkien. Quizá por eso escribí La Saga de los Confines.

 

Ya están terminando el documental Liliana Bodoc, la madre de los Confines. ¿Cómo fue tu experiencia en su realización? ¿Qué significa para vos que se filme este largometraje sobre tu vida?

–La filmación de ese documental me llevó por lugares del pasado feliz y del pasado doloroso, me reencontró con gente que se había perdido, me puso ante un espejo. Quizás, hoy ya no me atrevería a hacerlo. Además, tengo cierta fobia a verme, a leer lo que dicen acerca de mi trabajo. Recuerdo que alguna vez salí en televisión… Mis hijos y mi esposo querían ver el programa, y yo me encerré en el dormitorio, me tapé los oídos y por las dudas me puse a tararear algo. ¡Podrás imaginar lo que me espera con la película! Sin embargo, es necesario que aclare que el trabajo del equipo de cine fue respetuoso y serio. Que pusieron mucho tiempo y mucho conocimiento en su realización. No se los culpe de mi locura.

 

–Estás por publicar un nuevo libro. ¿De qué se va tratar, qué novedades nos podés adelantar de tu nuevo trabajo?

–En cuanto a mi trabajo actual… Los primeros días de marzo sale Oficio de búhos, un libro de relatos de Los Confines. Después de muchos años, volví a la saga para contar historias del antes, del después y del durante… No se trata, por cierto, de una cuarta parte sino de relatos que se insertan para completar, discutir o ampliar lo que ya fue narrado. El libro tiene la dicha enorme de contar con ilustraciones de Gonzalo Kenny. A estas alturas, para mí, el dibujante oficial de la saga, el que conoce a los personajes mejor que yo misma. Cuando Gonzalo Kenny le puso rostro a Kupuka, La Saga de los Confines pasó a pertenecerle también.

 

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Fantasía desde nuestras raíces

 

Por Valentina Mazziero

Lectora, 21 años, estudiante de Comunicación Social de la UNCuyo

 

La saga de los confines es una lucha entre el bien y el mal, es la lucha de dos continentes tan distintos en esencia como en su historia. Narrado desde las movilizaciones que comienzan a ocurrir en las Tierras Fértiles por la inminente llegada de Misaines (hijo de la muerte y representante del mal) esta historia de guerra, amor y fantasía atrapa como pocas.

 

Un lector de fantasía. Me corrijo; un lector americano de fantasía, que acostumbra a que muchas de las historias que se cuentan ocurran en geografías inexistentes pero basadas en tierras que no se siente propias. A través de estos tres libros el lector va a sentir esta historia como suya, como “la historia que no pudo ser”.

 

En un estilo de narración atrapante, con un tono fuerte y poético, Bodoc logra que en un principio se sienta cierta empatía con los personajes y con sus luchas, pero que después se tomen como propias. La escritora abre una grieta en la historia, y se introduce en ella con un manto de fantasía que atrapa por sentirlo propio. Esta historia de luchas, amor, traición, dolor y verdad Bodoc logra entrar no sólo en nuestra cabeza, sino también en nuestra identidad.

 

Los nombres de los lugares que encontramos a través de esta historia tienen mucho de las lenguas indígenas, y es evidente el trabajo que tomó a la escritora para que transmitan ya desde el nombre la esencia de esta tierra mágica. Las costumbres de las distintas culturas que conviven en las Tierras Fértiles también tienen raíces indígenas, sea en los instrumentos musicales, en las armas o hasta en las mismas relaciones entre los personajes. Uno nota esto a través de las tres obras, que a su vez se mezcla con la imaginación poderosa y atrapante que la autora aporta en cada párrafo.

 

En el primer libro, Los días del Venado, uno conoce a los personajes, los siente, comparte su lucha y sus dolores. Entiende a Dulkancellin en el momento en el que debe partir a la batalla, entiende a su familia y a su tribu al momento en el que caen en la cuenta de que lo que se avecina es una guerra, y es la peor de todas. La historia tiene momentos tristes, momentos duros, pero necesarios. Bodoc tiene la capacidad de hacer entender, a través de la historia, que hay sacrificios que son necesarios.

 

Siguiendo con Los días de la Sombra, nos encontramos ante una pelea entre la vida y la muerte. El regreso del mal a las Tierras Fértiles renueva las batallas, en las que no sólo los guerreros más capaces y valerosos dan su vida, sino habitantes que no tienen más que su existencia, que no tienen más que entregarse a la muerte por el amor a su tierra. En esta obra impresiona la literalidad con la que la muerte está presente en el continente, hecha personaje en una sombra, que a través de su relación con la hija menor de Dulkancellin, Wilkilen (un alma empecinada en no crecer), se es testigo de charlas y secretos que no son sólo aplicables a la historia, sino a la vida en general.

 

En el último libro de la saga, Los días del Fuego, la guerra es algo permanente, así como también la traición. En esta última obra la escritora toma personajes nuevos y también algunos que ya conocíamos pero de distinta manera. De nuevo algunos sacrificios, y el dolor de tener que despedir a personajes que fueron cruciales para la historia desde un primer momento. Un final en el que los habitantes de esta tierra que hemos ido conociendo a través de esta atrapante historia terminan de demostrar su valor, y a través de él, su amor.

 

…“toda criatura se cansa un día de cruzar ríos; entonces pide reposo. Pero no sé de ninguna criatura que se canse de amar, y pida odio”… (Wilkilen a la Sombra en Los días de la Sombra)

 

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Dos ancianas a la vera del tiempo

 

En sitios donde llueve como solía llover en Los Confines, una temporada entera y sus alrededores, los hombres se confunden con facilidad.

No se confunden los pájaros, que continúan distinguiendo los cuatro filos del espacio, tampoco se confunden las semillas que desarrollan siempre en la fruta debida.

 

Las criaturas humanas, en cambio, suelen perder el rumbo porque dependen más que ninguna otra de los trazos que dibujan por fuera de sí mismos, siendo estos los únicos caminos que se anegan.

 

Así debió llover sobre las dos ancianas que, sentadas en un umbral de niebla, engarzaban cuentas en un hilo.

 

Engarzaban alternadamente, con ritmo: una y la otra.

 

Mientras lo hacían, hablaban sin apuro porque allí donde estaban nada impedía la eternidad.

 

Vieja Kush y la Sombra veían mucho antes que sus ojos, escuchaban desde la ausencia. Y engarzaban, para nadie, un collar sin sentido.

 

La Sombra enhebró una escama de pez plateado. Kush enhebró siete granos de arena.

 

–¿Escuchas…? ¿No es esa la voz de Cucub nombrando a Kuy Kuyen? –preguntó la que había sido una tejedora husihuilke.

 

–Lo es, Kush. Es su voz de moribundo.

 

Una cuenta blanca, otra roja. Un ojo de liebre.

 

–Cuéntame, hermana Sombra, por qué se muere la voz del zitzahay –pidió Vieja Kush”.

 

Fragmento de un cuento que reúne a la Sombra y a Vieja Kush en el inédito libro Oficio de Búhos.

 

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El revés de la saga

 

La otra voz en la Saga de los Confines es un estudio sobre la trilogía de Liliana Bodoc. El libro de Susana Sagrillo fue una de las novedades que presentó EDIUNC durante la última Feria del Libro de Mendoza.

Por primera vez, la reconocida trilogía de Liliana Bodoc compuesta por Los días del Venado, Los días de la Sombra y Los días del fuego, es sometida a un análisis científico y literario que le reconoce su espesor ideológico puesto en la perspectiva del presente latinoamericano.

 

En la presentación del libro en la Sala Elina Alba del Ministerio de Cultura, y acompañada por Liliana y Estela, la autora contó que “esto ha sido un logro de cinco años de trabajo y también de placer. Cada vez que leía la obra encontraba nuevas cosas, tuve que hacer un esfuerzo para establecer ciertos límites”. Además comenta que decidió realizar su estudio en torno a la trilogía de Bodoc porque “me encantó la calidad estética, yo sentía que me hablaba de algo más que de la conquista de España, sentía que me hablaba de un presente, de una realidad en la que estamos todavía inmersos. Lo único que tenía claro es que yo quería trabajar la obra de Liliana Bodoc desde lo ideológico”. Además aclaró que este es el punto clave de su estudio ya que “el ser humano está inmerso en una cultura, con una concepción de mundo, con una ideología. Ella como escritora y yo como lectora: ella escribe desde su percepción del mundo y yo leo desde mi percepción del mundo”. Por su parte, Liliana le agradeció a Sagrillo “porque además de toda su seriedad académica no le escamoteó al pensamiento, no le escamoteó al compromiso ideológico y no le escamoteó tampoco al corazón”.

 

Siguiendo con el análisis de lo ideológico y tomando en cuenta el título de la saga, Susana agregó: “El confín tiene que ver con las orillas, con los límites, con los márgenes, y ella es una escritora que fluctúa en los márgenes y desde ese lugar crea un discurso en el cual los protagonistas también pertenecen a los márgenes, pero ella lo torna un discurso heroico”.

 

En el prólogo de Estela Saint André podemos encontrar una interesante relación entre la saga y la actualidad: “La obra de Bodoc se puede referenciar claramente con la conquista de América. Pero si pensamos que se refiere a una problemática actual, es necesario pensar qué clase de conquista se da en la actualidad. Otros textos, que comparten el mismo horizonte –textos literarios y textos que abordan la problemática hispanoamericana desde diferentes perspectivas (filosóficas, antropológicas, sociológicas, estéticas)– coinciden en la idea de que existe una nueva conquista, una nueva aculturación por medio de la globalización”. Y agrega que “la globalización es un tipo de conquista que tiende a romper con las fronteras entre naciones, a dañar los lazos de solidaridad en nombre de un individualismo absoluto. Estos mecanismos conducen al hombre a una visión fragmentada de su entorno y, como consecuencia, a la imposibilidad de realizar acciones que le permitan superar la crisis del aquí y ahora”.

 

Además Saint André hace referencia a quienes se alzan contra el individualismo y estas nuevas formas de conquista que conlleva la globalización: “En oposición a la aculturación que supone la globalización, se escuchan voces en su contra. En numerosos grupos se observa una vuelta a determinadas fuentes, como la aceptación de medicinas alternativas, la recuperación de una alimentación natural, valoraciones simétricas de géneros, inteligencias y costumbres y, fundamentalmente, una vocación pacífica, tolerante, no invasiva, y la oposición a todo tipo de violencia. Bodoc adhiere a todas estas prácticas, evidentemente, y abomina de las que ejercen desde el poder, la avaricia y la apetencia material y egoísta”.

 

Cerrando el prólogo del libro, Estela hace referencia a la creadora de la saga como “una escritora argentina contemporánea que presenta un compromiso con su realidad y con su cultura. Al leer la saga, no podemos dejar de lado ese entrecruzamiento de ideas que circulan en su espacio-tiempo. Existe, en este tercer milenio, en este aquí y ahora de la escritora Bodoc, un intento de recuperar del olvido a los pueblos diezmados, a las culturas aborígenes casi totalmente debilitadas por la conquista”. Vemos cómo se mantiene presente el trasfondo ideológico y la idea de que La Saga de los Confines también habla de un presente, de un ahora.

 

La otra voz en La Saga de los Confines se adentra en lo profundo de la saga haciendo un rico análisis desde una perspectiva científica de la lengua y es un aporte significativo al estudio de las letras latinoamericanas.

Revista Veintitres

 

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