Egos revueltos

Todos quieren ser candidatos a presidente en 2015. Esa aspiración compartida complica el cierre de alianzas en el arco opositor que, a una semana del vencimiento del plazo, previsto para el 12 de junio, no consigue cerrar acuerdos de alcance nacional. José Manuel de la Sota, Francisco de Narváez, Mauricio Macri, Hermes Binner, Hugo Moyano y Ricardo Alfonsín, entre otros, todavía orejean las cartas a menos de una semana del ultimátum fijado por el calendario electoral. Todos estos hombres tienen algo en común: lideran su espacio y se sienten presidenciables. Un ramillete de egos alimentados, en casi todos los casos, por buenos desempeños electorales y de gestión y por sondeos con buenas proyecciones.

»El que no juega fuerte en octubre pierde las chances de competir por la presidencia en 2015», aseguró a Veintitrés un hombre del peronismo, hoy enfrentado al gobierno nacional. »No hay 2015 sin 2013», le vienen diciendo hace rato al jefe de gobierno porteño sus asesores de campaña. »Si Massa no juega, le deja todo el terreno libre a De Narváez», razona un político cercano al intendente de Tigre.

Lo cierto es que del variopinto conjunto, Macri es el más necesitado de alianzas. El alcalde no tiene juego propio en la provincia de Buenos Aires, donde sus aliados estratégicos son el intendente de Malvinas Argentinas, Jesús Cariglino, y su par de San Isidro, Gustavo Posse. Esos dos nombres junto a Jorge Macri, jefe de la comuna de Vicente López, son las armas con las que cuenta hoy para competir en el distrito electoral con más peso del país. Macri tiene que lograr buenos resultados porque no puede presentarse a un tercer mandato consecutivo en la ciudad de Buenos Aires y porque, a la luz de su abierta confrontación con la agenda del oficialismo a nivel nacional, ya está jugando sus cartas para postularse a la presidencia en 2015. Con ese objetivo en mente, el líder del partido amarillo hace los deberes que le encomendó su consultor estrella, Jaime Durán Barba. La orden fue avanzar con una contra-agenda K. Es decir, hacer anuncios como el DNU para frenar una eventual intervención de Clarín o crear un Indec local, para posicionar al jefe de gobierno como presidenciable. »En el Pro, a nadie se le ocurre subir la apuesta en materia social, educativa o en política de transporte», ironiza una fuente opositora con silla en la Legislatura.

En ese tren, Macri intentó subir a Roberto Lavagna. El ex ministro de Economía era número puesto hasta hace un par de semanas para encabezar la lista de senadores en una alianza con el Pro en Capital. Pero ese intento fracasó. El ex titular de Hacienda se sacó una foto con el gobernador de Córdoba y el líder de la CGT Azopardo que destilaba demasiado peronismo para algunos miembros del Pro, como Federico Pinedo y Gabriela Michetti, y las negociaciones volvieron a foja cero. De la Sota, la semana pasada, le devolvió la gentileza al asegurar que si tuviera que elegir entre Macri y la presidenta Cristina Fernández »votaría en blanco». Después de esa declaración de alto impacto, decidió suavizar el cachetazo y dijo que está dispuesto al diálogo. »Nunca hablé con Macri de hacer una alianza política. La gente nos pide que nos unamos. Estamos conversando con mucha gente que participa con el Pro, como con Francisco de Narváez», declaró el cordobés.

La candidatura, casi cerrada, de Lavagna por el peronismo anti K puso en crisis la ingeniería electoral del Pro. Lo que parecía un triunfo asegurado en Capital Federal es hoy un gran interrogante, ya que la dupla Lavagna-Michetti medía mejor que la opción Michetti-Pinedo, que al cierre de esta edición barajaban los macristas. Además, el acuerdo entre Pino Solanas y Elisa Carrió le sumó dramatismo al escenario opositor porteño y a las chances del Pro de meter dos senadores en la Cámara alta.

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De Narváez, en tanto, fue el primero en largarse a competir. Como nació en Colombia, no tiene chances de anotarse en las presidenciales y, en consecuencia, su opción de máxima es ser candidato a gobernador bonaerense en 2015. Mientras los enemigos del Colorado aseguran que tiene un acuerdo secreto con Daniel Scioli, en el que José »Pepe» Scioli, hermano del gobernador bonaerense, obra como puente, el diputado invierte millones en confrontar directamente con la Presidenta –con cartelería y publicidad–. Apuesta a aglutinar el voto opositor en la provincia que inclina la balanza en cualquier elección.

En ese marco, la suerte de De Narváez está un poco atada a Sergio Massa. Si el intendente de Tigre decide competir en octubre, las chances del empresario decaen, según varios sondeos en poder de los políticos y guardados bajo siete llaves para que no caigan en manos de sus adversarios. Los próximos pasos de Massa son una incógnita. Cuenta con muy buena imagen y nivel de conocimiento entre los bonaerenses, y tiene todo listo para inscribir su propia fuerza, el Frente Renovador, para competir en este turno. Pero aún falta una definición sobre su lugar en el mapa político de la provincia. Aunque compartió dos teleconferencias con la Presidenta y fue un fogonero K de la Ley de Medios y la estatización de las AFJP, la relación con la Casa Rosada se enfrió. »Es una berretada pedirme definiciones», afirmó hace días. Más allá de octubre, hombres del entorno de Massa aseguraron a esta revista que »Sergio está decidido a competir por la presidencia en 2015».

»Estoy cansada de que algunos se hagan los idiotas o me tomen a mí por idiota», dijo CFK durante un acto en Lomas de Zamora. A metros de la Presidenta estaba Daniel Scioli, sobre quien recayeron todas las miradas. Algunos interpretaron que Massa también se podía dar por aludido. Esas declaraciones, que los medios hegemónicos definieron como un »enojo», fueron la señal de largada de la campaña para las legislativas de octubre. Un par de días después del tirón de orejas, Moyano quiso jugar su partido. Aunque reaccionó lento, logró que Clarín llevara sus declaraciones a tapa. »Moyano denunció que hay una movida para destituir a Scioli», tituló el diario de Héctor Magnetto. Desde la provincia de Buenos Aires, desmintieron al camionero y de paso le contestaron al titular de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, que montado en la onda expansiva del discurso de Cristina en Lomas, había asegurado que »a los tibios los vomita Dios». El contraataque fue ácido: »Mirá a tu alrededor, Julián, y comprate un espejo», le recomendó el senador bonaerense Alberto de Fazio.

Por ahora, en lo que ya es una tendencia, los entendimientos son sólo acuerdos por distrito y tras arduas semanas de negociaciones. El único tema electoral que aglutinó a casi toda la oposición es la posibilidad –siempre que la Justicia no la declare antes inconstitucional– de acordar una lista única para la elección de los nuevos integrantes del Consejo de la Magistratura. Un tema que preocupa, pero que –por ahora– está relegado en la agenda porque lo urgente es cerrar alianzas antes de las primarias abiertas del 11 de agosto. Solanas, Carrió, Alberto Rodríguez Saá y Luis Juez son las únicas voces de la oposición que se alzaron en contra de esta iniciativa.

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En cuanto a los radicales, el panorama no difiere demasiado del resto. Con tres candidatos a priori ubicados en las gateras presidenciales –Ricardo Alfonsín, Ernesto Sanz y Julio Cobos–, el centenario partido decidió en estas elecciones privilegiar la subsistencia partidaria. De ese y no de otro modo hay que leer la estrategia alfonsinista de bajarse del primer lugar en provincia de Buenos Aires, a favor de Margarita Stolbizer, del GEN. Para ello, hizo falta que el candidato del FAP, el ex canciller, Dante Caputo, declinara su candidatura. A su vez, el ex funcionario alfonsinista había puesto una extraña condición para ser candidato: no hacer alianza con los radicales. No obstante, y a pesar de esta alianza, no habrá en provincia de Buenos Aires ninguna boleta que lleve la sigla FAP, pues la UP –cuyos máximos referentes son Víctor De Gennaro y Claudio Lozano– no acompaña el acuerdo. Lo mismo pasa en ciudad de Buenos Aires.

»En esta oportunidad, Ricardo decidió privilegiar el partido en detrimento de su propia imagen. Él tiene un piso del 15%, pero al presentarse en alianza, aun en el segundo lugar de la lista, ese piso se potencia y de ese modo podremos recuperar espacios institucionales que si íbamos solos no íbamos a poder recuperar», dijo a Veintitrés una alta fuente del radicalismo.

En concreto, la jugada radical no es nueva: aprovecha su territorialidad para lograr mayor cantidad de cargos, sobre todo en el interior bonaerense. El radicalismo confía en fraccionar al electorado bonaerense en tres tercios y superar el 22 o 25 % de los votos.

Independientemente de los resultados, luego del 2013 el radicalismo deberá sentarse a negociar con sus aliados la conformación de un espacio progresista que pueda disputar seriamente la presidencia en el 2015. »Nosotros vamos despacio, hoy por hoy estamos muy lejos del poder, eso hay que entenderlo –arriesga otra fuente radical–; por ahora apostamos a fortalecer estos frentes tanto en Buenos Aires como en Santa Fe».

En la misma lógica que otros partidos de oposición, este sector también tiene que lidiar con los egos. »El principal boicot contra el Frente Progresista proviene del propio Binner», dicen algunos armadores radicales.

Es que Binner necesita imperiosamente traspasar las fronteras santafesinas si quiere tener chances de ser candidato en el 2015, y en ese marco necesita quitarle visibilidad a su principal contrincante en la centroizquierda: Ricardo Alfonsín.

La preocupación de Binner, de ser real, tiene su razón de ser si se considera que desde adentro mismo del radicalismo, a fuerza de posibles buenas performances electorales, puede surgir nuevamente Julio Cleto Cobos (bien posicionado en Mendoza, según las encuestas), que se sumaría al senador Ernesto Sanz para conformar el tridente de la UCR con aspiraciones presidenciales.

En Córdoba, el derechista radical Oscar Aguad también tiene chances de hacer una buena elección; pero al menos por ahora no se habla de supuestas aspiraciones presidenciales de »El Milico», tal el apodo de Aguad, fotografiado en los años de plomo con Luciano Benjamín Menéndez y defensor político de Carlos Yanicelli, un policía vinculado con el accionar represivo ilegal durante la dictadura militar.

Como siempre en períodos preelectorales, predominan los programas y las propuestas, pero quienes terminan definiendo son las personas. Y en ellas, muchas veces, los egos suelen jugar una mala pasada.

Nota de la revista Veintitrés

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