¿Discrimen? ¡Qué va!

En la sociedad en que vivimos, en dónde el color de piel, género, religión, belleza, nacionalidad es más importante y relevante que el color del alma, que la inteligencia, que la esencia del ser humano.

Esa sociedad que encasilla lo bueno, en lo blanco (mentiras blancas), y lo malo con lo negro ( aguas negras). Lo bonito es lo que tiene éxito, mujeres/hombres fabricados por el bisturí logran la atención de otros y son catalogados como íconos o lideres a seguir. Lo delgado es visto como belleza, como bueno. El defender lo que se cree, o creer en Dios se ha catalogado en fanatismo, o locura. Ser mujer es reflejo de incapacidad, o de flaqueza.

La nacionalidad te gana un espacio, una posición… ya sea arriba, o abajo, donde un trabajo es nacionalizado, es decir, sólo los de un país pueden hacerlo, porque para eso nacieron, porque la pobreza es también un defecto un mal que debe ser rechazado, porque resulta contagioso. ¿y qué podremos decir de los envejecientes? Ser anciano en nuestra sociedad es casi, no existir, es restar importancia a los años, es burlarse, es tratar de evadir lo inevitable… el paso del tiempo.

El discrimen de cualquier tipo, es un reflejo de la falta de educación, es la ignorancia personificada. Es una cadena, que se transmite generación tras generación. Si de niños vemos cierta conducta despectiva de las personas que nos rodean, eso aprenderemos, a dividir, a mirar con superficialidad en vez de con el alma, es hacer el cerebro más pequeño, dejar que lo material, lo vanal domine y se haga mayor que cualquier esencia humana.

La primera manera, a mi entender, de erradicar este mal, no es otra cosa que romper esas cadenas, es educar igualdad, es promover paz, tolerancia, es reconocer que como humanos tenemos diferencias, y que esta a su vez nos enriquecen, que no existe una norma para x o y cosa, sino que la única manera de vernos sea como humanos, como ciudadanos del mundo, como hermanos.

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