Detrás de los rostros, diversos proyectos de país

Esas caras, por sus dichos y acciones en estos 30 años de democracia, representan modelos políticos diferentes para la Argentina.

Por lo tanto, las elecciones parlamentarias de octubre se vuelven estratégicamente importantes. Ellas abren la posibilidad de respaldar las conquistas alcanzadas y su permanencia en el tiempo o, todo es posible, desandar un camino que desemboca en tiempos muy similares a los que viven sociedades como la española o la griega.

Suele repetirse que en las elecciones parlamentarias la sociedad vota más con el corazón que con el cerebro (y el bolsillo). En parte es cierto, pero desde un tiempo a esta parte algo de eso ha cambiado. La recuperación de la política como herramienta de transformación de la sociedad, que enmarca un proyecto político, no puede ser tomado como un dato secundario y que no tiene peso a la hora de meditar el voto para una lista de diputados o senadores. En todo caso, aquellos partidos políticos que sólo tienen representación en los parlamentos avalan la teoría de voto con el corazón. No tiene otra alternativa.

Ahora bien, en esta última década algo ha cambiado la política, que hace prever la adhesión a un movimiento político que, con sus postulados, conquistas e incluso algunos errores, retienen y atraen al electorado. Esto es lo que vive y transmite el kirchnerismo para pena y dolor de sus más rudos detractores.

Los comicios le servirán al Frente para la Victoria (FPV) para afianzar su fortaleza política pero también para aclarar un poco su panorama interno. No es que vaya a comenzar una etapa de purificación de sus cuadros y dirigentes, pero sirve para espabilar a los todavía consideran que el kirchnerismo es una denominación más del peronismo, como lo fue el menemismo o el duhaldismo, que dura mientras perdure la gestión de gobierno.

Entre los principales dirigentes del FPV no hay dudas sobre la condición del kirchnerismo como el movimiento político, nacional y popular del nuevo siglo que incluye al peronismo pero que sus fronteras van más allá del partido creado por Juan Domingo Perón. Esto también se juega en octubre.

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Entre las fuerzas de la oposición también hay conciencia de lo que está en juego, pero no todos están en condiciones de poder participar en el mismo nivel y con igual intensidad. Por eso es que fuerzas que dicen ser de centroizquierda no dudan en recostarse en la derecha para poder enfrentar al FPV.

El ejemplo de lo que supo ser el FAP es el más notorio y reciente. Hermes Binner reproduce su acuerdo santafesino, donde participa el radicalismo, en la provincia de Buenos Aires con tal de asegurarse bancas y protagonismo. Abandona para ellos a socios de perfil progresista pero que no tienen el desarrollo territorial que requiere un crecimiento parlamentario. Binner no quiere ideas ni proyectos, quiere votos a como dé lugar.

En la derecha más real sobresale el PRO de Mauricio Macri, quien no puede con su naturaleza, donde la frivolidad neoliberal que flota en su ADN se expresa en la nómina de aspirantes a legisladores que tiene en su cuaderno de decisiones. En esta especie de Club del Clan del nuevo siglo pululan ex artistas que se entremezclan con representantes políticos del neoliberalismo.

En el ecléctico listado aparece el cómico Miguel Del Sel; el ex árbitro Héctor Baldassi; el ex representante de pequeños y medianos productores agropecuarios, Alfredo De Angeli; entre otros, donde también aparecen dirigentes como Gabriela Michetti, los economistas Federico Sturzenegger y Carlos Melconian, el rabino Sergio Bergman y el ex radical Gustavo Posse. Toda una selección que el jefe de gobierno porteño distribuirá en diferentes distritos a modo de una gran oferta de fin de temporada.

No es inédito ni original lo que hace y ofrece Macri, quien repite la fórmula que llevó adelante su padrino político, Carlos Menem, en los noventa y que le generara, a la sociedad, más de un dolor de cabeza.

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Si hay algo para reconocer en Macri es que comienza a jugar solo, buscando posicionarse como el gran referente de la oposición al kirchnerismo. Es difícil saber si el ingeniero llega a este desafío por decisión propia o por recomendación de sus asesores.

El jefe de gobierno porteño nunca sobresalió por su condición de estratega, en todo caso tiene la inteligencia mínima para saber rodearse de algunos que sí conocen de estas herramientas. Y, sobre todo, aprendió a acordar con los medios de comunicación hegemónicos que se convirtieron en sus principales aliados que disimulan, ocultan y justifican sus desaguisados, errores y calamidades de gobierno.

Ahora bien, para convertirse en el principal contrincante primero debe hacer una buena elección parlamentaria en octubre. La lógica indica que debería elaborar una propuesta que conmueva y convoque al electorado. Si bien la elaboración de un proyecto alternativo ya es un gran desafío, porque, en realidad, debe buscar la forma de disfrazar su adhesión al neoliberalismo que destruyó la Argentina en 2001, también deberá superar la atomización de la oferta electoral por derecha.

Para estos comicios, el PRO no es el único oferente de este sector. La derecha del peronismo busca su espacio y en esa pelea le quita exclusividad y potencia al macrismo.

En las tempestuosas aguas de ese sector se entremezclan Roberto Lavagna, Gerónimo »Momo» Venegas, Felipe Solá, Sergio Massa, José Manuel de la Sota y Francisco de Narváez, entre otros. Las sonrisas son para las fotos, pero la desconfianza y la imperiosa necesidad de sobrevivir es el denominador común.

Muchos de estos nombres quedarán estampados en las boletas que se oficializarán el próximo sábado. No son sólo papeles pintados.

Representan, se dijo, modelos y proyectos de país.

Por Felipe Yapur para InfoNews

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