Capacidad para ver las discapacidades

 

La que habla es Marisa Romano, mujer sencilla (aunque no necia) que desde hace unos años comanda la bella “Posada de la Ribera”, en Gualeguaychú, a dos cuadras del río, hoy invadido de carnavaleros de todo el país.

 

Ella asegura que “mirando nomás se puede ir cambiando actitudes de vida que perjudican a otros; actitudes inconscientes, propias de esta vida acelerada. Y se pregunta: ¿alguien que va manejando, pensó alguna vez, que sensación siente una persona discapacitada, si está cruzando lentamente la calle y un auto le frena a pocos centímetros? Respondemos: no está muy de moda andar pensando en las sensaciones del otro, salvo que uno sea publicista. Y aun así, posiblemente las mal interprete. Lo cierto es que romano ha podido armar, a pulso, este espacio inspirada en aquella fundación empecinada en no dejar de pensar en los diferentes.

 

Posibilidades para todos

“No todos somos físicamente iguales –nos recuerda- y es preciso entender que crear accesibilidad significa dar seguridad a todos los ciudadanos. Si diseño para una persona de estatura alta lo puede usar uno de estatura baja. Pero si diseño para un bajo no lo puede usar uno alto. Si diseño para un flaco un gordo no entra, si diseño para el gordo, entran los dos. Y si me decido a diseñar para el flaco o para el bajo, tengo que incluir variantes para que los otros también tengan posibilidades”.

 

Vale señalar, a esta altura, que ella apeló a muebles en desuso, ventanas, puertas, mesas, armarios viejos y los ensambló estéticamente con cortinas, colchas y manteles artesanales, logrando una calidez difícil de imaginar a priori.

Telam

 

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