Ataduras y desavenencias, un verdadero problema

Todo aquello que cada persona graba en su propia alma por medio de pensamientos, palabras, actos y sensaciones no se lo puede quitar sin más, ni siquiera alegando que ya no recuerda cómo o qué sucedió en el pasado. Después de la muerte, nuestra alma se lleva consigo tanto lo positivo como lo negativo, todo aquello que correspondió a su trayectoria como ser humano. No tiene ninguna importancia que lo haya olvidado, pues todo lo que aconteció está grabado.

En la primera época tras la muerte, el alma se queda entre sus allegados. Ella aún sigue viviendo en relación a su antiguo sistema de valores humanos y relacionándose con lo que fue su vida: hogar, seguridad, ganancias, prestigio, en resumen todo lo que fue importante para la persona. El alma no se puede desprender de ello sin más, pues el magnetismo respecto a los valores externos es aún intenso. Se podría decir que su vida pasada y su entorno hacen las veces de imán para el alma. De hecho las ataduras y problemas no resueltos con personas cercanas y familiares pueden convertirse ahora en un verdadero problema para el fallecido.

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Si el alma no se puede desprender de eso, permanece de forma invisible en el entorno que le es familiar. Y aunque le llegan impulsos sobre su evolución como alma, no los quiere admitir.

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