Aporo, qué ? por Evangelina Herrera

Aporo, qué?

por Evangelina Herrera

 

Los ricos son los amos de los pobres;


los deudores son esclavos de sus acreedores.
Proverbios 22:7

Hace 24 años, la filósofa española Adela Cortinas le dio nombre. “aporofobia”. Y la palabrita de puso de moda en los medios que, cada tanto, necesitan limpiar un poco su conciencia. Pero no ha llegado al público en general. ¿Aporo qué? dicen en la calle y por lo general el lector de esos medios evita la nota y no la lee. Excepción hecha de algunas señoras que piden en nombre de Cristo, santiguándose, que los políticos se bajen el sueldo.

¿Qué es, ese fenómeno “más viejo que la injusticia” al decir de mi abuelo?
Simplemente rechazo, odio y sobre todo miedo, al pobre. Y uno tiende a pensar que quien siente así, es malo. Malo, como cuando éramos chiquitos y el papá nos retaba.

Pero hay una posible explicación, que de ninguna manera justifica, pero puede ayudarnos a entender y, tal vez, empezar de nuevo con pequeñas cosas.
No es casual, ni se ha intensificado, solo ahora lo vemos reflejado en los medios, que a su vez, contribuyen a perpetuarlo.

Dice la psicología, en boca de Pilar Campana (Psicóloga del cuerpo auxiliar interdisciplinario del Poder Judicial), “somos, como única posibilidad de “ser”, sociales. Necesitamos ser “mirados” por el otro para sentir que
“somos”, para ser confirmados en nuestra existencia.”

En ese sentido, es el que más tiene el mejor mirado (no vamos a detenernos en los “valores” porque vienen perdiendo por goleada).
Resulta entonces que todos estamos atravesados por la cultura en
nuestro “ser” (historia, lugar geográfico, hábitos, momento histórico,
religión, economía, etc, etc.).Por ese motivo desde el Psicoanálisis se habla de “sujeto tomado por la cultura.”

El poder, cada vez más enorme, se esfuerza entonces, a través de permanentes mensajes por todos los medios posibles, por mostrarnos al pobre como el villano. Es el que roba, el que no trabaja, el que toma y viola a sus hijos. Es el pobre la encarnación de todos los males. Por supuesto también consume, entonces lo desprecia, lo culpa y sin dudarlo, le cobra. Le vende leche que no es leche, carne que no es carne, marcas que no son marcas. Lo mantiene vivo.

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En tanto usted, vecino, cree que “esa gente” no merece más que lo que recibe. Es más, ni eso. Y le regatea el precio al albañil, y tiene a “la chica” en negro.
Así se lo enseñó la historia, como también lo distrajo para que no vea que fue a escuelas públicas, que incluso la persona más pobre paga el 21% de IVA cuando compra un kilo de molida común.

Dice Lía Zóttola, psicóloga social que “Hay procesos violentos considerados “autorizados” que producen efectos colectivos y, desde la psicología socio-comunitaria se entienden como formas cotidianas que de modo imperceptible igual dejan huellas de opresión social en los modos de funcionamiento de la vida. Se trata de una lógica de desequilibrios expresada en realidades injustas y dolorosas como son: la pobreza, el hambre y hasta la preservación de la vida misma. Estas expresiones de la realidad ocultan y enmascaran a los opresores y al mismo tiempo amplían y profundizan las miserias de los oprimidos.”

Y redeondea la idea “La Teoría del Vínculo” formulada por Pichon Rivière (1985) “La importancia de los afectos primordiales para moldear nuestra vida de relaciones y armar las estructuras de aprendizaje que servirán de modelo para nuestros modos de pensar, sentir y actuar.

Esta estructura de vínculos posibilita la estructuración de las Matrices de Aprendizajes que conformarán nuestros esquemas, ideas y pensamientos referenciales en la acción instrumental sobre la realidad y sirven para la reconfiguración de los tejidos comunitarios, escenarios naturales en los que las poblaciones cobran sentido y capacidad de agencia en su vida cotidiana a través de la interacción grupal”. Para hacerlo más llano, se mama.

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Resumiendo, somos lo que hemos aprendido, y aprendemos constantemente a ser. Y nos han enseñado que lo “malo” es no tener.
Y nos han convencido de tal manera que es el pobre el culpable de ser pobre, aunque trabaje de sol a sol por dos pesos, es el pobre el que va a la guerra y el que hace de este país, que es un paraíso de gente buena, decente y trabajadora, el desastre que es.

Porque es el pobre el que pretende derechos, el de la clase media los disfruta. Porque es el pobre el que vota con la panza, vacía casi siempre, y el que sale a la calle a reclamar. Aunque de los frutos del reclamo participemos todos. Es el otro, el que no es como yo, que soy pobre, pero con dignidad porque no recibo ningún plan, aunque no pague los impuestos.

Y sigue la escuela dando a leer “El matadero” sin explicar por qué el pobre vivía como vivía, sin decir que a “La cautiva” se la llevaron los indios porque los habían dejado sin su tierra, que ya disfrutaban en ese entonces los ganaderos. Seguimos formando en la idea de civilización y barbarie poniéndole a la barbarie el san Benito de la pobreza. Esa es la grieta imposible de cerrar, el resto son pancartas.

 

por Evangelina Herrera

 

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