Aguas Bravas

 

 

Mendoza pensaba en dar un gran salto en materia industrial, de ahí que trazó y abrió centenares de kilómetros de canales de riego, de hijuelas y de acequias para luego detener, contener y distribuir mediante diques, las aguas de sus ríos caudalosos.

 

El Oasis sur concentra una gran región de riego, con la particularidad de que San Rafael tiene una alta densidad de población (200.000 habitantes, aproximadamente).

 

La naturaleza de las obras y los ciclos hidrológicos constituyen algo esencial. El embalse El Nihuil se ejecutó hacia 1948. En 1958 ya se había puesto en marcha la primera central hidroeléctrica sobre el río Atuel. A partir de 1964 todo derivó en un complejo cuyo último dique consistió en un paredón de 120 metros de largo y hasta 180 metros de profundidad. Es el que creó el lago de Valle Grande, acrecentando notablemente la producción de energía eléctrica.

 

Eran otras las condiciones. Dichas obras permitían vislumbrar una nueva fisonomía productiva además de alcanzar un aprovechamiento casi total del río Atuel. Ahora bien, la suerte de todo aquello –el esfuerzo de décadas– depende del delicado ciclo hidrológico natural. Del hecho básico de que caiga nieve en la cordillera. He ahí la fragilidad del ambiente en general, el dato esencial del que surge o debería surgir la conciencia territorial del mendocino.

 

Hubo un año que ilustra la situación. Fue el ciclo 1968-1969. Los investigadores del Ianiglia (Instituto Argentino de Glaceología y Nivología) lo conocen muy bien ya que estudiaron todo lo relativo al suceso. Según indica un informe científico de María del Rosario Prieto faltaron las precipitaciones durante el invierno en la cordillera, agravado por insólitas bajas temperaturas en octubre, noviembre y diciembre lo cual provocó un retardo en la fusión de la nieve.

 

El diario Los Andes retrataba las consecuencias de este problema en su edición del 9 de noviembre del ’68: “Cuyo está pasando por uno de los momentos más difíciles de su historia en lo que respecta a sus ríos por la disminución exagerada del caudal”.

 

El Andino, por su parte, difundía las palabras del director de Agua y Energía: “Creíamos que el año hidrológico ’67/’68 iba ser el peor de la historia. Pero éste (’68/’69) será peor”. También se indicaba que las industrias trabajan “con un mínimo técnico” y que el pedido del Director era que se restringiera el uso de energía pues según explicaba “el déficit de energía que existe hoy está entre los 17.000 y 20.000 KW”.

 

Ya para esa fecha se comenzaban a notar las consecuencias de la falta de agua: las centrales hidroeléctricas trabajaban en un 25 por ciento de su capacidad real, el riego en la agricultura se realizaba con restricciones, el suministro de agua potable se estaba resintiendo en algunas zonas altas de la población y se había exhortado a ésta a autorrestringirse en el consumo de agua y energía; por otra parte, algunas industrias ya estaban trabajando por bajo de su nivel técnico-económico.

 

“Entre las medidas implementadas para hacerle frente a la disminución del caudal de los ríos, se recurrió a la voladura de parte del endicamiento natural que formaba la laguna del Atuel –situada a más de tres mil metros sobre el nivel del mar– alimentada a su vez por los glaciares del área. El objetivo era aumentar el caudal del río y permitir el funcionamiento normal de las centrales hidroeléctricas del complejo.”

 

“El muro que contenía la laguna tenía unos sesenta metros formado por rocas sueltas y el agua se desbordaba por la parte superior de este muro o por infiltración entre las piedras. Según las autoridades, la apertura de una brecha iba a permitir una erogación suplementaria al río Atuel de diez metros cúbicos por segundo reforzando el caudal del río en 10 metros cúbicos durante sesenta días, sin tener en cuenta el ingreso por deshielo del glaciar noroeste.

 

“Por fin, el 21 de noviembre El Andino anunciaba que la primera parte de “El operativo Atuel” había sido un éxito. Fue llevada a cabo por técnicos del Batallón 141 de Ingenieros de Campo Los Andes y de Agua y Energía de la Nación”.

 

“El trabajo se realizó barrenando piedra por piedra y colocando en cada una de ellas pequeñas cargas explosivas para sacarlas de su emplazamiento (con barrenos y dinamita). Simultáneamente, efectivos del ejército fueron aplicando cargas explosivas de profundidad utilizando trotil para abrir la brecha. El boquete abierto en la parte superior del muro tenía 4 m de profundidad y 6 m en la parte inferior, con lo que se logró el aumento de caudal que permitió aportar al embalse de El Nihuil de 21 millones de m cúbicos a 29”.

 

“La laguna no fue secada completamente. Para secar la laguna se hubiera necesitado un canal de setenta metros de profundidad con una longitud de más de 500 metros, obra que en ningún momento había sido prevista”.

 

Ayer y hoy

 

“Por 1960 nos gustaba visitar Valle Grande, recorrer toda la zona cuando en ese lugar no había nada, salvo que recién se empezaba a hacer el dique.” Quien habla es Osvaldo Britos, uno de los pioneros al frente de un camping en el Valle Grande. En su testimonio recogido por el Diario de San Rafael se registra la historia peregrina de tan espléndido lugar. “Lo hacíamos en motocicletas antiguas por el camino de servidumbre que había construido la empresa Sollazo y así llegamos hasta el verdadero valle, donde hoy está el lago de la represa, recorríamos el arroyo Cochicó hasta donde había un monte de chañares y alpatacos que en estos momentos está tapado por el agua.”

 

Hoy el recorrido por el cañón de Cochicó sigue siendo tan recomendable como lo era antes, eso sí, sólo se accede en catamarán o en lancha desde el lago. Para los aficionados al trekking existe otra vía que permite trepar la geografía del lugar y contemplarla en todo su esplendor ya que se alcanza a subir hasta los 1.000 metros por sobre el nivel del mar, más cerca de donde los cóndores hacen sus nidos. Las empresas de turismo aventura proveen los guías y la información básica para ésta y otras formas de deporte extremo donde el gran protagonista es el agua y el relieve que parece esculpido por la lluvia y el viento.

 

Volviendo a Osvaldo Britos y los años que todavía no se formaba el lago, la historia dice así: “En la zona había muy poca gente viviendo, como un señor Mansilla, que trabajaba en la gamela de la obra y cuidaba un sembradío en la margen derecha del río. También estaba el Cholo Sánchez y Doña Nena, y una escuelita cuya directora era la señora Silvia Mendiburu, esposa del Cholo, porque por ese entonces concurrían los hijos de los obreros del dique y de los técnicos de Agua y Energía…Teniendo en cuenta que al terminar las obras del dique todo quedó abandonado, incluso el barrio de Agua y Energía, cuyas 20 casas no viven nadie en estos momentos y han sufrido un deterioro casi total”.

 

Las casas a las que Britos hace referencia estaban rodeadas de un hermoso y frondoso bosque que un tiempo funcionó como camping. Era un verdadero lujo acampar allí, escuchando en pleno al río y teniendo al atardecer el espectáculo del sol enrojeciendo las más altas paredes del cañón. La pena es que los árboles han sufrido el triste abandono por los años en que no fueron regados luego de la privatización del complejo en los noventa.

 

Actualmente, a pocos metros de ese privilegiado lugar está la meca nacional de las excursiones de aventura en el río. Hay varias empresas ofreciendo rafting y kayak. El primero consiste en descender el río a bordo de una balsa de goma. Para tener una idea de la velocidad hay que estimar que el recorrido más largo es de 16 km los cual pueden hacerse en 40 minutos ó 2 horas. El kayac es individual y según dicen los entendidos, de las formas de navegación, es la más emocionante. Una vuelta de tuerca a esta pasión son los deslizadores. Es una especia de bote en forma de herradura que como el kayak es de plástico rígido. Según los guías de las empresas turísticas, puede lanzarse un chico de 10 años, es decir, no hace falta experiencia previa, sólo saber nadar. Hay que ir con salvavidas, casco y patas de rana para dar dirección e impulso al deslizador. Promediando enero el Valle Grande rebosa de turistas de todo el país. Además de campigns a la vera del río hay hoteles y cabañas con todos los servicios para el turista. De una importante mejora puede hacer gala este conglomerado del sur mendocino: meses atrás quedó inaugurada la obra del sistema integral del Cañón del Atuel. Debido a las características topográficas de la zona se debieron construir tres estaciones elevadoras con sus correspondientes cañerías de impulsión para hacer factible un sistema de recolección y tratamiento de líquidos cloacales.

 

Por este tema muchos conflictos ha habido en la zona. A falta de red cloacal, los deshechos cloacales de El Nihuil iban a parar a Valle Grande. A eso había que sumarle los propios del sector a raíz de los 35.000 visitantes que empezó a registrar cada temporada. Por último, el agua va a parar a la bocas de miles de personas de la ciudad de General Alvear, con lo cual, el estado real del agua de los lagos era un dato esencial, que difícilmente saldría a la luz para no alejar a la gente del turismo.

 

Sin lugar a dudas, uno de los puntos más hermosos del Valle Grande son las playas de arena que están en la orilla del lago. Se accede por canoa o catamarán, cruzando el ancho del dique. Entre el baño y los médanos todo es de ensueño. Es público y se puede disfrutar abiertamente con la sola obligación del visitante de contribuir con la limpieza. Según cuenta Britos, antes aquello era la morada de un puestero que alcanzó a conocer antes del avance del agua de la represa. Como era de esperar, el hombre tenía allí su vida y sus animales, y no se quería ir cuando le comunicaron que estaban por empezar los trabajos. También recuerda que las primeras tres o cuatro familias que se instalaron a vivir nunca imaginaron lo que esto iba a ser turísticamente. “Incluso el camino seguía enripiado y habían tres servicios de ómnibus desde la ciudad porque todavía la escuelita funcionaba. Fue tiempo después que empezó a llegar la gente a conocer el dique, se quedaban durante el día y la zona se fue promocionando sola. Luego con el Pentatlón –o “Pentatuel” evento deportivo impulsado por José“Tico” Russo– esto se fue para arriba”.

 

De acuerdo a las últimas estadísticas que difundió el Ministerio de Turismo, gracias al Valle Grande la ocupación hotelera de San Rafael llegó al 100% en enero. Lo cual marca la diferencia con el resto de la provincia, concretamente con el área metropolitana donde para el mismo período los hospedajes se cubrieron en un 65%. De ahí que la foto de la gente haciendo rafting en el Atuel sea hoy por hoy de lo más promocionado. Ahora, si se trata de autenticidad en lo que a la identidad cultural respecta, la fotografía más destacable es la que se está por obtener en las últimas horas, en cuanto de comienzo la 11° edición del Pentatuel en sus cinco disciplinas: natación, enduro, kayak, mountain bike y pedestrismo. El circuito de la natación es en el Lago de El Nihuil, largando desde el hotel de S.M.A.T.A. Desde ese mismo punto salen las motos hasta la meta ubicada en Valle Grande, es decir, atravesando el cañón del Atuel. Es desde el Lago Chico que arranca la competencia en kayak lo cual implica recorrer los 18 km del río Atuel, con todas sus curvas y giros hasta llegar al camping del Movimiento Familiar Cristiano. Ése es el punto donde largan las bicicletas hasta la isla formada por dos brazos del río Diamante. La competencia finaliza en modo pedestre hasta el centro de la ciudad l

Revista Veintitres

 

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