Rajoy apela al rescate

El »no, pero sí» de Rajoy ya es una constante. Negó que iba a aumentar el IVA pero lo subió –en algunos casos en 13 puntos–; negó que fuera a tocar las pensiones y las congeló; negó que se fuera a pedir rescate y se pidió y negó que se proyectara recortar en educación y sanidad y terminaron siendo los sectores más afectados.

Decenas de hospitales y centros de salud locales están a punto de cerrar por falta de presupuesto. Menos médicos y menos maestros y profesores deberán trabajar más horas y atender a más alumnos. En nueve de las regiones autonómicas en que está dividida España se atiende ya a casi 80.983 alumnos más que hace un año con 4.526 docentes menos.

Tras el cierre de los comedores escolares en muchas regiones, Cataluña y Valencia se disponen ya a cobrar entre 1,45 y 3 euros diarios a cada alumno que lleve al colegio su comida en una fiambrera, por el uso de heladeras donde guardarlas y por utilizar mesa y silla para comer.

El viernes, tras la aprobación por su gobierno del borrador de Presupuestos Generales 2013-2014, que elevaría el volumen de los recortes desde los 65.000 millones de euros actuales hasta los 102.149 millones –casi el 10% del PIB–, el presidente español aseguró que no habrá cambios en su Gabinete, que no se pedirá un segundo rescate y que en ningún caso las pensiones sufrirán recortes. Y todos los jubilados empezaron a temblar. ¿Cuánto tiempo tardará ahora en desdecirse de sus promesas y hacer lo contrario?

El plan del gobierno, que miran con lupa en Bruselas, prevé recortes adicionales por valor de 38.000 millones para 2013 y de 50.000 millones para 2014, con lo que se pretende llegar a fines de ese año con un déficit no superior al 2,8% –ahora está en el 8,9%– tal como exige la Unión Europea. Sin embargo, muchos expertos dudan de que se puedan lograr esos objetivos con la profunda recesión económica actual, el elevado número de desempleados –24,4% de la población activa– y la consiguiente brutal caída que está habiendo en el consumo y la productividad.

Al omnipotente Rajoy, que al llegar al poder en enero proclamaba con soberbia »las cosas se van a arreglar», se le acaban las cartas. A golpes de ajustazos sociales ha conseguido el Guinness al presidente español que en más corto plazo pierde su amplio crédito electoral. Sólo ha necesitado siete meses para empobrecer drásticamente a la mayoría de los españoles y para conseguir que buena parte de la población –incluidos muchísimos de sus electores– se echara a la calle para protestar contra él y su gobierno.

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Los médicos advierten que los recortes van a aumentar las muertes de personas totalmente dependientes que dejarán de contar con ayuda pública y también de muchos de los que reciben tratamientos paliativos. El trasplante de órganos, en el que España ocupa el primer lugar en el mundo, se verá igualmente seriamente afectado.

La Generalitat –gobierno autonómico catalán– ha dejado de pagar a partir del 1º de julio a hospitales –345 millones de euros– y centros asistenciales privados concertados –70 millones–, con las graves consecuencias que esto supone para la atención de los pacientes. Más de 100.000 trabajadores no cobrarán ya su salario, sin que se vislumbre cuál será la solución.

Y Rajoy exige a los »barones» del Partido Popular, que controlan la mayoría de los gobiernos autonómicos, que deben recortar aún más para impedir que el déficit de 2012 se dispare más allá del 1,5%.

Los Bomberos y Protección Civil denuncian por su parte que este año está habiendo enormes dificultades para sofocar los incendios que, como todos los veranos, arrasan miles de hectáreas –con muertes incluidas– debido a la drástica reducción de medios para combatirlos.
Todo empieza a resquebrajarse, pero Rajoy sigue impertérrito su camino. Tiene una fe ciega en que las recetas ultraliberales del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo (BCE) y la Unión Europea (UE) –la llamada »troika»– terminarán sacando a España y la eurozona de la crisis, e intenta ser más papista que el Papa.

Mariano Rajoy, haciendo frente común con su homólogo italiano, Mario Monti, ha intentado por todos los medios convencer a la troika para que acceda a conceder a España e Italia ayudas »excepcionales». Los dos reclaman que innoven, que no utilicen la fórmula del rescate puro y duro como hicieron con Grecia, Portugal e Irlanda, y que ha hipotecado ya por muchos años a esos países.

Tratando de hacer valer que Italia es la tercera economía en importancia de la eurozona y España la cuarta –sólo por detrás de Alemania y Francia–, piden que se utilicen vías menos sangrantes, dado que sus países son pilares del euro.

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Para ello reclaman al BCE a que compre masivamente y a un precio razonable bonos de la deuda pública española e italiana, evitando así tener que acudir a los mercados financieros a pagar los intereses que los inversores y especuladores imponen.

Pero el BCE está controlado principalmente por Alemania, y para la economía de este país la situación actual es más favorable, por lo que la troika conmina a Rajoy y a Monti a pasar por el aro.

Por boca del presidente del BCE, el italiano Mario Draghi –ex director del Banco Mundial y ex vicepresidente para Europa de Goldman Sachs– la troika les ha propuesto un rescate más suave que el aplicado con Grecia, Portugal e Irlanda, pero que de cualquier forma conlleva muchas condiciones, reformas, nuevos recortes, una intervención en toda regla.

Draghi les ha instado a reclamar un macro rescate al Feef (Facilidad Europea de Estabilidad Financiera), el fondo de rescate europeo de cientos de miles de millones de euros en el que han colaborado todos los países de la UE. A partir de Septiembre se convertirá en el Mede (Mecanismo Europeo de Estabilidad).

Sólo aceptando dar ese paso, pidiendo que sea el Feef el que compre masivamene bonos, lo que implica numerosos trámites, semanas de gestión y un control fiscal férreo sobre España e Italia, el BCE vería qué medidas extraordinarias implementar para »calmar a los mercados». Mientras Monti parece ya resignado a transitar ese camino, Rajoy dice no haber tomado una decisión –es la primera vez que reconoce que duda– porque, aparte de suponer una pérdida aún mayor de soberanía y un costo económico superior, teme que el estigma de ser un país »rescatado» impida »calmar» a los mercados y que la prima de riesgo siga disparada.

El tiempo apremia, el país no aguanta primas de riesgo que rozan y a veces superan los 600 puntos e intereses del 7% y más.
A Rajoy se le acaba el tiempo.

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