Preparan al Maracaná para la cuarentena

La salud pública brasileña enfrenta dos amenazas: el Covid-19 y Bolsonaro, que se comporta como un mesias guiando a sus incondicionales hacia una suerte de suicidio colectivo

Desde Brasilia.Comenzaron los aprestos para convertir a los estadios Maracaná de Rio de Janeiro y Pacaembú de San Pablo en hospitales de campaña donde albergar a los pacientes infectados de coronavirus que posiblemente harán colapsar el sistema hospitalario en las próximas semanas . El número de enfermos graves creció el cuarenta y dos por ciento en un día en San Pablo. Entre miércoles y jueves la cifra de muertos en todo Brasil saltó más del 30 por ciento, de 57 a 77.

La salud pública brasileña enfrenta dos amenazas: una es el Covid-19, la otra Jair Bolsonaro, que se comporta como un mesias guiando a sus incondicionales hacia una suerte de suicidio colectivo. Utiliza el Estado para impedir medidas impostergables como la cuarentena a nviel nacional además de atacar a los gobiernos estaduales donde fue implementado el aislamiento. Sus «milicias» digitales, cuyo centro de comando funcionaría en el propio Palacio del Planalto, disparan fake news diarias engañando al público sobre la inexistencia de la enfermedad junto con incitaciones a desobedecer a las autoridades que decretaron la cuarentena. Vale decir: están militando, bajo la probable orientación de los hijos del presidente, para potenciar un contagio masivo. Bolsonaro y su clan se han revelado un como agentes nocivos de amplio espectro. Perjudicial incluso para el régimen político en vigor surgido después de al menos dos golpes recientes contra la democracia: el que derrocó a Dilma Rousseff en 2016 y el que proscribió, luego de encarcelar sin motivos legales, a Luiz Inácio Lula da Silva en 2018.

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El diario Valor Económico, portavoz de las elites financieras y empresariales, publicó un artículo de la bien informada y respetada periodista Maria Cristina Fernándes sobre el malestar creciente con el excapitán-presidente. El título de la nota es directo, «La carta de renuncia» y se base en una constatación observada en los últimos días cuando el rechazo al ocupante del Planalto subió hasta los balcones de predios ubicados en barrios elegantes como Higienópolis en San Pablo o Leblon, en Rio de Janeiro desde donde bajaron cacerolazos iracundos.

Es un dato nuevo, alimentado por el comportamiento alocado del presidente ante el coronavirus. Esta indignación su suma al clima de resistencia al tirano que ya campeaba desde hace tiempo entre trabajadores sindicalizados, estudiantes universitarios, la militancia de los partidos democráticos y populares junto los movimientos feminista y LGBT. No se puede decir que el descontento de derecha va a confluir inexorablemente con el de izquierda, pero sí que el «ya basta» ha ganado un volumen considerable. Maria Cristina Fernándes informa que la decepción habría llegado hasta ciertos sectores del generalato, un grupo de poder fortalecido gracias al deterioro democrático, dotado de un poder de veto relevante.

Sin dejar de lado el frente contra Bolsonaro formado por casi todos los gobernadores, desde el derechistas Joao Doria, de San Pablo, a Rui Costa del Partido de los Trabajadores, jefe del gobierno de Bahia. Esta coalición de provincias tiene una alianza con los grupos conservadores que controlan el Congreso donde la extrema derecha bolsonarista está diezmada.

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Es en ese cuadro de aislamiento que el mandatario se muestra más extremista lanzando amenazas como la pronunciada este miércoles ante la prensa cuando dijo que en cualquier momento se puede terminar la «normalidad democrática» y anunció que el «caos» está golpeando la puerta. La columnista de Valor Económico describe al gobernante como una locomotora descontrolada con destino incierto. No se sabe a ciencia cierta si, después de cada brote delirante, Bolsonaro tiene instantes de realismo que le permiten comprender que su tiempo acabó, o al menos está expirando.

Los grupos militares, empresariales, judiciales y partidarios que lo llevaron al gobierno habrían descartado quitárselo de encima mediante un impeachment y entienden que lo más apropiado sería aquella «carta de renuncia», que da título al artículo. Al parecer una de las exigencias fijadas por Bolsonaro para firmarla sería garantizar que sus tres hijos sean beneficiados con una amnistía que los resguarde de los varios procesos por delitos comunes y políticos perpetrados en los últimos años.

 

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