No fue para el Papa: una paquistaní y un indio ganaron el Nobel de la Paz

El Comité Nobel de Noruega les otorgó el premio »por su lucha contra la represión de los niños y de los jóvenes y por el derecho de todos los niños a la educación».

En los países más pobres del mundo el 6 % de la población es menor de 25 años, recordó el jurado para afirmar que el respeto de los derechos de los niños y de los jóvenes es »un prerrequisito para un desarrollo global en paz».

En el caso de Kailash Satyarthi, el Comité destacó su »gran valentía personal» que, »en la tradición de Gandhi», lo llevó a liderar protestas y manifestaciones, todas pacíficas, para denunciar la explotación infantil.

»Contribuyó además al desarrollo de importantes convenciones internacionales de los derechos de los niños», subrayó al argumentar la concesión del Nobel de la paz.

En el caso de Malala Yousafzay, que ya el año pasado aparecía como una de las favoritas para ganar el premio, el Comité recalcó que »a pesar de su juventud, ya luchó durante varios años por el derecho de las niñas a la educación y mostró con su ejemplo que niños y jóvenes también pueden contribuir a mejorar su propia situación».

»Ella lo hizo en las más peligrosas circunstancias. A través de su lucha heroica se convirtió en una vocera líder en favor del derecho de las niñas a la educación», agregó el jurado.

Al premiar a un hindú y a una musulmana, a un indio y a una paquistaní, el Comité quiso también apostar por una »lucha conjunta en favor de la educación y en contra de los extremismos».

Recordó además la labor de todas las personas y organizaciones que trabajan contra la explotación infantil.

Según sus cifras, se estima que en el mundo hay alrededor de 168 millones de niños que trabajan, 78 millones menos que en el año 2000.

Kailash Satyarthi, nacido en 1954 en Vidisha, India, país donde continúa residiendo, es presidente de la organización no gubernamental Marcha Global contra el Trabajo Infantil.

Lideró en 1998 una movilización civil contra la explotación infantil que reunió cerca de 7,2 millones de personas y que dio lugar al nacimiento de la ONG.

Malala Yousafzay, nacida en 1997 en Mingora, Pakistán, resultó herida de gravedad hace dos años cuando fue atacado el autobús escolar en el que viajaba.

Fue trasladada al Reino Unido ante el temor por su seguridad y fue sometida a varias intervenciones.

Malala se convirtió en estos dos últimos años en ícono de la lucha por los derechos de las mujeres a recibir educación y fue elegida en 2013 por la revista Time una de las personalidades más influyentes del mundo.

El papa Francisco, el médico congoleño Denis Mukwege, Yousafzay y el exanalista de la CIA Edward Snowden encabezaban las apuestas previas a la entrega del premio, que se hizo efectiva este viernes a las 6 en Oslo, Noruega.

Francisco abría las listas de las casas de apuestas, pero no con la claridad con la que lo hacía hace un año Malala, la adolescente tiroteada por los talibanes por defender la educación femenina en su país.

El Nobel de la Paz es el único que se otorga y se entrega fuera de Estocolmo por decisión del creador de los premios, el magnate sueco Alfred Nobel, ya que en su época Noruega formaba parte del Reino de Suecia.

El año pasado el Nobel de la Paz recayó en la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), distinguida por sus esfuerzos para eliminar esos arsenales.

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