Las claves de la República Bolivariana

Por Ana Mirka Seitz*

Al mismo tiempo se debe señalar que su gestión política está instalada en un tensionante proceso de cambio político-social en su país. El tema es que, al estar Venezuela vinculada con la provisión histórica de petróleo cercano y seguro para los Estados Unidos, se ha visto involucrada en múltiples diagnósticos vinculados con temas sensibles nacional e internacionalmente y en estas circunstancias también lo está.

La »comedia de las equivocaciones» que puede ser tragedia ya ha sido escrita por Shakespeare y la única manera de no reescribirla es relacionar los eventos que vemos en la superficie con los eventos profundos que los sustentan. Veamos.

Desde el pasado lo que importa es recordar que Venezuela es un país históricamente productor y exportador agrícola invadido por torres petroleras desde la década del ’20 del siglo pasado. A partir de ese momento se convierte en una estructura económico-social atada al petróleo, casi sin manufacturas e importadora neta de materia prima alimentaria. Sabido es que ni el mercado ni las instituciones políticas »derraman» per se. Así, Venezuela se vuelve un país de gran prosperidad y de una admirable democracia que tiene enormes dificultades para estimular e instalarse en el 50 por ciento de la población que se ubica en la marginalidad.

El bienio ’82-’83 marca cambios estructurales. Reconecta a Venezuela con la Argentina a través de su firme compromiso con la causa Malvinas y se proyecta en toda América latina durante el Bicentenario del Nacimiento del Libertador y una intensa profusión de eventos bolivarianos. Sin embargo, la devaluación del »viernes negro» del ’83 instala el sinceramiento de una economía atada a la política que conoció la estabilidad ininterrumpida desde el advenimiento del petróleo y que le permitió financiar el extraordinario consumo de sus clases medias, moldear las expectativas de los sectores más pobres y alejarse tempranamente de la amenaza guerrillera.

País de grandes proyectos para dignificar su presente y su futuro, el boom petrolero de los años ’70 generó durante la presidencia de Carlos Andrés Pérez el Plan de Becas Mariscal de Ayacucho y el Plan de Orquestas Juveniles que sobreviven hasta la actual República Bolivariana. Sin embargo, la crisis de los ’80 instaló dramáticamente la urgencia de la resolución de dos macroacontecimientos: 1) desprestigio creciente de los partidos políticos, y 2) las expectativas puestas en el petróleo de la Cuenca del Orinoco que, hasta la primera guerra del Golfo, no encontró inversores para reciclar la economía.

El »ajuste» de la economía en 1989 hace estallar el drama y permite que coincidan actores que hasta ese momento se denostaban mutuamente (políticos, universitarios y militares). ¿El escenario? El »Caracazo». Los ’90 registran la crisis y el cambio: incluyen un golpe de Estado fracasado, un apresurado cambio presidencial, la ausencia de un plan económico disimulado por la nueva prosperidad petrolera del Orinoco e inclusive un vergonzoso manejo de la deuda privada estatizada que terminó en delito y huida de varios banqueros con destino desconocido a mediados de los ’90.

Con todo esto la aparición de nuevos partidos y nuevos liderazgos se hizo inevitable. Es aquí donde se comprende el gran impacto electoral de la propuesta del presidente Chávez con su sentido de lo estructural y estratégico del tema petrolero y su conexión con el sector social marginal, rezagado históricamente y acompañado por parte de una clase media que, por primera vez, no encuentra cauce ni respuesta en la partidocracia tradicional.

Las claves del proceso son: cambio de Constitución y cambio de sistema interno pero preservación tanto del abastecimiento al principal cliente (EE.UU.) cuanto de la organización internacional OPEP y de la inserción sudamericana. En paralelo, las novedades internacionales y regionales precipitan un golpe de Estado en 2002, un referendo revocatorio en 2004 y la consolidación de un renovado vínculo con Sudamérica, económica y políticamente. Esto tiene su punto culminante en el abandono de la CAN y el rechazo al sistema ALCA en 2005.

Así, el liderazgo del presidente Chávez tiene sustento internacional tanto en el Mercosur cuanto en Cuba y Bolivia y el sistema ALBA. Su proyección global viene desde el perfil OPEP, América latina y nuevos socios como China, con quien celebra 12 convenios ya en 2006.

En cuanto al sistema político, oscila entre la solidez y la precarización. El Referendo Revocatorio de 2004, de dramáticos prolegómenos, no logró sanar heridas ni instalar la armonía. La oposición no termina de armar una agenda social y el oficialismo tiene rostros variados en su nuevo Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), muy mezclado con figuras vinculadas al castrismo, un castrismo que hoy se revisa a sí mismo. Desde 1999 se tiene una nueva Constitución aprobada por referéndum y reformada en 2009 de la misma manera con el objetivo central de permitir la reelección indefinida de autoridades en todos los niveles institucionales. El resultado de las últimas elecciones legislativas de diciembre de 2010 expresa un equilibrio interesante en el que el oficialismo preservó la mayoría pero no en forma absoluta, con lo cual la oposición tiene la oportunidad de retomar la interesante dinámica de la elección presidencial de 2006 en el proceso de 2012.

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Las zonas grises conflictivas son múltiples. Particularmente en su vinculación con países miembros de la OPEP que, tras precariedades democráticas históricas, han sido cuestionados y aun condenados alternativamente y han generado intentos de mediación. El último caso ha sido Libia, en donde Chávez ha intentado armar con Lula y con la Fundación Carter una propuesta para evitar la militarización y la guerra. El escenario e iniciativa OTAN coincidente con la gira de Obama por América latina en 2011 dio por tierra con ese intento. La hipótesis de la potencial militarización de la agenda petrolera ha acompañado intensamente al diagnóstico venezolano, particularmente desde el golpe de 2002 y los acontecimientos bélicos globales vinculados a Irak, fundamentando en eso tanto la diversificación de los suministros militares cuanto la constitución de las »reservas bolivarianas» en la conciencia de lo que se ha dado en llamar la hipótesis de »guerra asimétrica».

¿QUÉ PASA HOY? Volviendo al principio, tenemos un proceso de cambio que se encuentra frente a un hecho inesperado, la grave enfermedad del presidente, la delegación de atribuciones y las futuras candidaturas. Respecto de la enfermedad, la conmoción es razonable pero está desproporcionada si tenemos en cuenta que los presidentes latinoamericanos Lugo y Rousseff han tenido que combinar el ejercicio del cargo y la campaña electoral con los mismos desafiantes dilemas. Son nuevos tiempos. Respecto de la gravedad, en ambos casos se ha dependido de las declaraciones oficiales. En cuanto al manejo político, gobernar y ser reelegido son objetivos de máxima complejidad que, en el caso venezolano, están afectados por el marcado influjo sistémico de la personalidad individual de Hugo Chávez más que por el hecho de que el cuadro sea insalvable. Respecto de la crisis internacional como contexto, abre interrogantes, brinda oportunidades y puede generar amenazas.

Vamos a los datos.

En lo político, la competencia electoral está polarizada por dos núcleos principales, el Partido Socialista Unificado de Venezuela en el cual se han sintetizado las fuerzas que acompañaron al presidente Chávez desde el inicio de su carrera política, y la Mesa de Unidad Democrática que expresa la convergencia de los partidos de oposición que comienza en el contexto de las elecciones presidenciales de 2006. El MUD se termina de constituir en junio de 2009 aunando los esfuerzos de quince partidos políticos. El principal acontecimiento que se avecinaba eran las elecciones presidenciales de 2012 pero la crisis generada por el impacto de la enfermedad del presidente Chávez generó primeramente un intenso debate respecto de la legitimidad y la forma de la toma de decisiones presidenciales. En segundo término se ha generado un incremento de las expectativas de la oposición y el comienzo de una serie de expresiones públicas del presidente Chávez respecto tanto del error de haber concentrado demasiado sus funciones cuanto la advertencia del peligro latente por la emergencia de »caudillismos» en la propia fuerza política que lo acompaña a la que convoca a realizar una »revolución interior» que los aleje de las »rémoras del pasado». Esto último se menciona antes de partir por segunda vez hacia el tratamiento en Cuba.

La síntesis resultante de estas realidades es la decisión de delegar funciones en dos personas. Así, el vicepresidente Elías Jaua puede ahora dictar decretos de expropiación (con previa autorización presidencial); aprobar traspasos presupuestarios entre ministerios; decretos de rectificación presupuestaria; prórrogas para supresión de organismos de la administración pública; designar viceministros; dictar decretos para la creación de entes descentralizados y promulgar decretos de actos y puntos de cuenta. Por su arte, el ministro de Planificación y Finanzas, Jorge Giordani, podrá dictar decretos para los presupuestos ministeriales; exonerar del IVA a las importaciones de bienes y servicios estratégicos así como promulgar decretos de exoneración del impuesto sobre la renta para sectores estratégicos. El resto de facultades serán ejercidas por el presidente haciendo uso de la firma electrónica en los casos en que esté en Cuba por tratamiento. Esta situación se complementa con la autorización dada por unanimidad por la Asamblea Nacional para viajar a Cuba por su tratamiento. Esto ha generado ya una dinámica de actuación que le ha permitido decir el 16 de agosto que »está inmejorable» tras una reunión con la secretaria general de la Unasur.

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En lo económico, Venezuela se ha visto en el desafío de generar empleo y dinamizar la economía con particular urgencia a partir de la crisis 2002-2003. El resultado se puede medir en la evolución del Índice Gini entre 2001 y 2010 que va del 0,45 al 0,38. Es así como se toma la decisión estratégica de utilizar las divisas provenientes del petróleo que eran el principal fundamento de las reservas del país. Se acumula y aumenta significativamente (35%) la porción de reservas internacionales colocadas en oro pero disminuyen las expresadas en dólares. Esto último surge porque PDVSA entrega la mayoría de los petrodólares al Fondo de Estabilización Monetaria (Fondem) que genera una reserva de dólares para su utilización política planificada. También hemos de mencionar al CADIVI destinado al financiamiento de las importaciones, estratégicas tanto en insumos intermedios cuanto en productos terminados. Esto posibilita algunas macrodecisiones como son las nacionalizaciones de empresas privatizadas, las expropiaciones agrícolas y el desarrollo de inversiones energéticas y alimentarias al interior de Venezuela o en el ALBA-Mercosur.

Hoy se puede mencionar una red de fondos que completan el manejo financiero y que están específicamente organizados por tema unos dependientes del Tesoro y otros dependientes de PDVSA en forma directa: Independencia 200; Siembra; Petrobonos; Che; Poder Popular; Social; Ejecución de Proyectos de desarrollo Social; Empresas de Producción Social y Simón Bolívar para la reconstrucción.

En lo internacional regional todo lo anterior ha servido de fundamento en términos generales para preservar los ejes ALBA, Mercosur, Comunidad Sudamericana de Naciones-Unasur. El resultado más contundente ha sido el freno al proyecto norteamericano del ALCA y el límite más evidente ha sido la imposibilidad de concretar la integración energética a través de una infraestructura sudamericana unificada.

Se puede asimismo ubicar una cadena de acontecimientos que generaron la necesidad de diferenciación respecto de las opciones estratégicas norteamericanas dentro de la región desde el Plan Colombia, las crisis políticas boliviana y ecuatoriana y los problemas de ambos países en el desarrollo de sus procesos de cambio y enfrentamientos vecinales como la cuestión colombo-ecuatoriana. En todos los casos las diferentes necesidades estratégicas norteamericanas se retroalimentaron en estas coyunturas e hicieron que los acontecimientos venezolanos fueran señalados persistentemente como fuentes de preocupación. Esto se expresa en señalamientos permanentes desde los EE.UU. desde la era Bush que no terminan de comprobarse pero que acumulan en la »construcción de imagen negativa». Los últimos episodios observables se cruzan con los intentos de mediación en la crisis libia y la vulnerabilidad implícita en el problema de salud presidencial. Habrá entonces una intensificación en los señalamientos referidos a la relación del país con el terrorismo y el narcotráfico que se han intensificado en coincidencia con lo anterior y con la situación de potencial inestabilidad por la crisis de salud presidencial.

Esto fue drásticamente rechazado de modo oficial, el 27 de julio último, relacionándolo con una visión que desea realizar »una política absurda y extremista en contra de América latina y de Venezuela».

El balance que se puede hacer es que la inercia de los vínculos sudamericanos y de los proyectos nacionales tiene posibilidades de crisis y discordia pero que la tendencia predominante es hacia la consolidación de lo proyectado. La crisis global que condiciona a todas las unidades del sistema, sumada a alguna situación límite vinculada a la salud presidencial, serían las fuentes potenciales de eventuales problemas. No desde lo que se advierte en los hechos actualmente. Sí desde una situación de macro-desorden en la que una crisis venezolana pudiera cumplir alguna función de utilidad para terceros actores estatales o de mercado. Como sea, hoy Venezuela está dando una respuesta pragmática de adecuación que no la librará de todos los problemas pero que la mantiene entre los países y los liderazgos que sobrellevan positivamente tanto los procesos de crisis y cambio socioeconómico interno cuanto la necesidad de construir respuestas regionales ante la desestabilización económico financiera global.

*Doctora en Relaciones Internacionales, Investigadora del Conicet y profesora
Universidad del Salvador

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