La increíble historia de la cruz del Papa

Francisco contó el episodio hoy durante su encuentro con el clero romano en el aula Paulo VI del Vaticano, al término de un discurso sobre el tema de la misericordia.

»En Buenos Aires había un confesor, famoso: era un sacramentino. Casi todo el clero se confesaba con él. Cuando, una de las dos veces que vino, Juan Pablo II pidió un confesor en la nunciatura, fue él», agregó.

»Era anciano, muy anciano. Al final fue provincial de su orden, profesor, pero siempre confesor. Y siempre tenía fila allí, en la iglesia del Santísimo Sacramento», recordó el Papa.

»En ese momento yo era vicario general y vivía en la Curia. Y cada mañana, temprano, bajaba al fax para mirar si había algo allí. Y la mañana de Pascua leí un fax del superior de la comunidad: ‘Ayer, media hora antes de la Vigilia Pascual, falleció el padre… el funeral será tal día», agregó.

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Francisco contó que fue a la iglesia: »Era una iglesia grande, muy grande, con una cripta bellísima. Bajé a la cripta y estaba el féretro, sólo dos viejitas que rezaban allí, pero ninguna flor».

»Y yo pensé: pero este hombre que perdonó los pecados a todo el clero de Buenos Aires, también a mí, ¿ni una flor? Salí y fui a una florería -porque en Buenos Aires en los cruces de las calles están las florerías, en las calles, algunas, en los lugares donde hay gente- y compré flores, rosas», evocó.

»Volví y comencé a preparar bien allí el féretro, con flores», siguió Francisco, y explicó: »Miré el rosario que tenía en la mano y de inmediato me vino a la mente ese ladrón que todos tenemos dentro, y mientras acomodaba las flores tomé la cruz del rosario, una cruz así, y con un poco de fuerza la arranqué. En ese momento lo miré y dije: ‘Dame la mitad de tu misericordia’. Sentí algo fuerte que me dio el coraje de hacer eso y hacer esta plegaria».

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Luego, dijo, »esa cruz me la puse aquí, en el bolsillo. Perolas camisas del Papa no tienen bolsillos, ¿no? Pero yo siempre llevo aquí una bolsita de tela pequeña, y también desde ese día, hasta hoy, esa cruz está conmigo”.

“Y cuando me viene un mal pensamiento contra alguna persona, la mano me viene aquí, siempre. Y siento la gracia, que me hace bien. Qué bien hace el ejemplo de un cura misericordioso, de un cura que se acerca alas heridas», concluyó el Papa.

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