La Justicia de Estados Unidos investiga si Donald Trump intentó cambiar ilegítimamente el resultado electoral de los comicios presidenciales de 2020. Mientras tanto el congreso investiga la inacción del ahora expresidente durante el asalto al Capitolio el 6 de enero del año pasado.

Según el diario The Washington Post, el Departamento de Justicia de EE.UU. está interrogando bajo juramento a testigos sobre conversaciones mantenidas con Trump, sus abogados y sus colaboradores más cercanos entre diciembre de 2020 y enero de 2021.

De ser imputado, sería la primera vez en la historia de Estados Unidos en la que un ex presidente es acusado de un delito. En casos anteriores en las que se sospechó de actos delictivos, como el ejemplo de Richard Nixon o Bill Clinton, se prefirió por otorgar inmunidad o renunciar al enjuiciamiento con el objetivo de evitar que parezca un castigo a enemigos políticos y favorecer el paso pacifico del poder, según el Post.

El fiscal general Merrick Garland aseguró a la cadena británica BBC que no accionarán con temor ni favoritismo. “Tenemos la intención de responsabilizar a todos, cualquiera que haya sido criminalmente responsable de los eventos que rodearon el 6 de enero, por cualquier intento de interferir con la transferencia legal de poder de una administración a otra, eso es lo que hacemos. No prestamos atención a otros temas con respecto a eso”, agregó el fiscal.

Electores falsos

Este mismo martes se conoció que aliados de Trump hablaron abiertamente entre ellos de preparar «electores falsos» que fingiesen haber sido elegidos por las urnas para dar la victoria en el Congreso al político conservador el 6 de enero de 2021, cuando se dio la toma del Capitolio, en lugar de al presidente electo, Joe Biden.

Según publicó el diario The New York Times, que citó correos electrónicos obtenidos por el comité de la Cámara de Representantes de EE.UU. que investiga lo ocurrido en esa jornada, la mayoría de los aliados de Trump que prepararon la estrategia de «electores falsos» fueron abogados.

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«Enviaríamos a electores falsos a Mike Pence, vicepresidente de Trump, para que alguien en el Congreso pueda hacer una objeción cuando se empiecen a contar los votos y exija que se cuenten los de los falsos», escribió en uno de los correos Jack Wilenchik, abogado del estado de Arizona, donde obtuvo la mayoría Biden.

La estrategia consistía en enviar a voluntarios simpatizantes de Trump al Congreso el día 6 de enero para que se hicieran pasar por electores, es decir, representantes que llegaban a la capital de EE.UU. con el mandato de las urnas de sus respectivos estados a favor del ex presidente. Una vez en el Congreso, los congresistas aliados de Trump, presumiblemente republicanos, lucharían para que sus votos fuesen contados, dando así la victoria al político conservador en lugar de a Biden, que había sido legítimamente elegido en las urnas. Más adelante, en los correos electrónicos los abogados dejan de referirse a estos voluntarios como «electores falsos» y empiezan a llamarlos «electores alternativos».

Ese mismo día de enero unos 10.000 trumpistas se manifestaron en Washington y cerca de 800 irrumpieron en el Capitolio mientras se estaba certificando formalmente la victoria del demócrata Joe Biden en las presidenciales de noviembre. La jornada dejó cinco muertos y unos 140 agentes heridos.

Trump lo miró por tv

La semana pasada, el comité de la Cámara de Representantes acusó a Trump de no frenar el asalto al Capitolio porque le convenía y en su lugar se pasara la tarde viéndolo por televisión.

«Era la única persona en el mundo capaz de parar a la multitud. No pudo ser movilizado ni por sus asistentes ni por sus aliados. Ignoró las peticiones desesperadas de su propia familia, incluidos sus hijos: Ivanka y Donald Jr.», reprochó el demócrata Bennie Thompson, presidente de la comisión.

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Siendo esta sesión del comité la última hasta finales de septiembre, el foco estuvo puesto en los 187 minutos que pasaron desde que Trump arengó a la multitud a hacerse oír en el Capitolio hasta que, a las cuatro de la tarde de ese mismo día, colgó un video en Twitter donde les dijo por primera vez que debían abandonar la sede del Congreso.

Por otro lado, en declaraciones al comité de la Cámara de Representantes, el exsecretario de defensa, Chris Miller, explicó que jamás recibió una orden formal por parte de Trump para preparar a los agentes.

«Nunca se me dio tal instrucción u orden ni supe de planes de esta naturaleza”, señaló el ex secretario. «Teníamos obviamente planes de desplegar más efectivos, pero era simplemente un plan de contingencia y nada más. No hubo un mensaje oficial de esas características» agregó Miller.

Estas declaraciones son contrarias a las del propio Trump, quien sostiene que ordenó que las tropas de la guardia nacional, una fuerza reservista de EE.UU., estuviesen listas ya que el aglomeramiento de personas en el Congreso se veía bastante grande.

Por su parte, el exjefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército de Estados Unidos, el general Mark Milley, también insistió en que nunca recibió este tipo de órdenes por parte de Trump, como se sugirió desde entonces.

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