En Estados Unidos las armas de fuego matan 26 personas por día

Buenos días, tiradores. ¡Feliz viernes! ¿Planes para el fin de semana?», escribió la Asociación Nacional del Rifle (ANR) de Estados Unidos en su cuenta de Twitter el pasado viernes 20 de julio. Esa madrugada, James Holmes, un estudiante de Medicina de 24 años, había irrumpido en un cine de la ciudad de Aurora (Denver, centro del país), y descargado una balacera sobre el auditorio que miraba el estreno de la última película de Batman. Doce personas murieron y 58 fueron heridas. Apenas habían pasado 16 días del hecho cuando el ex militar Wade Michael Page se presentó en un templo de la religión india sikh en Oak Creek (Wisconsin, norte de EE UU), y asesinó a siete feligreses. Dos días después, Jared Loughner, un joven de 23 años, se declaró culpable en un tribunal federal de asesinar a seis personas y herir a otras 14 (entre ellas a la congresista Gabrielle Giffords) el 8 de enero de 2011, al abrir fuego en el estacionamiento de un supermercado de Tucson, suroeste estadounidense.

Entre la Masacre de Tucson y la de Aurora pasaron poco más de 18 meses. En ese lapso, la ONG Campaña Brady para Prevenir las Armas de Fuego registró 60 tiroteos en los que al menos tres personas resultaron heridas o muertas. ¿Por qué Estados Unidos es el país con mayor cantidad de asesinatos con armas de fuego? ¿Por qué cada vez menos gente apoya las campañas que buscan controlar su tenencia? Según los especialistas, la respuesta está fronteras adentro.

Alrededor de 26 personas por día son asesinadas con arma de fuego en Estados Unidos. Esto totaliza alrededor de 9500 en un año. Lo que equivale a cinco veces la cantidad de muertos por el mismo motivo en Canadá, 13 veces los asesinados en Alemania, 24 veces la cantidad de España y 44 veces más que el Reino Unido.

»¿Por qué nosotros», se preguntó el cineasta estadounidense Michael Moore en un artículo publicado en su blog. EE UU no tiene los videojuegos más violentos, ni la mayor cantidad de hogares desmembrados; hay países con mayor tradición de violencia en la formación de su nación y otros que se asemejan bastante en las estadísticas de tenencia de armas, señaló. Sin embargo, Estados Unidos es responsable del 80% de los asesinatos con armas cometidos en las 23 naciones más ricas del mundo. Moore esbozó dos intentos de explicación: por un lado, »los estadunidenses creemos en matar como forma de conseguir nuestros objetivos» y, por el otro, »somos un pueblo que se asusta con facilidad y es fácil manipularnos con el miedo». Estas respuestas fueron las mismas que sugirió en su documental de 2002, Bowling for Columbine, que detalla una masacre en una escuela. Su conclusión es que nada parece haber cambiado. Al menos, nada para mejor.

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egún el Centro de Investigación de Pew, una ONG que se dedica al relevamiento de la opinión pública, cada vez más gente apoya »el derecho a tener armas» en detrimento de aquellos que quieren un »mayor control de la tenencia». Esa lógica se refleja desde hace casi 20 años (ver recuadro). En ese lapso, la gente que defendía el derecho a comprar armas creció del 34 al 46%, y la que prefiere un control más estricto disminuyó de un 57 a un 47 por ciento.
El derecho a tener armas fue incorporado a la Constitución estadounidense en 1789 en una reforma conocida como la »segunda enmienda». Entonces, el argumento empleado para su inclusión en la Carta Magna estaba vinculado con la necesidad de tener herramientas para defenderse. Aunque en los más de 200 años transcurridos las cosas cambiaron significativamente, el argumento parece ser el mismo.

»Podríamos decir que la ferocidad del discurso capitalista tiene mucho mayor desarrollo», sugiere la psicóloga argentina Adriana Abeles, intentando explicar el fenómeno. Eso, explica, debilita los lazos sociales y da mayor importancia a los objetos »que se invita a consumir». De ahí que se produzcan los hechos violentos, porque »en la fragilidad de los lazos se evidencia la disminución del valor de la vida», finaliza la psicóloga, que recientemente publicó el libro Conversaciones con la comunidad, en el que analiza el caso argentino de la Masacre de Carmen de Patagones, el asesinato de tres adolescentes por parte de un compañero de escuela en 2004.

»Tenemos que tomar medidas de sentido común para proteger los derechos de la segunda enmienda y, al mismo tiempo, hacer más difícil que obtengan armas aquellos que no deben tenerlas.» Con ese malabarismo discursivo aludió a los últimos asesinatos el vocero de la Casa Blanca, Jay Carney. Irónicamente pronunció esas palabras en la sala de prensa »James S. Brady», nombrada así por el vocero de Ronald Reagan, que fue víctima de un disparo en la cabeza que lo dejó hemipléjico y con dificultades para el habla en un intento de asesinato del entonces presidente republicano. Cuando la situación de Brady mejoró, él y su mujer se volvieron activistas por el control de armas y crearon una de las organizaciones más respetadas en la materia. Su trabajo, sin embargo, no logró tener impacto en la actual campaña presidencial.

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»Es muy poco probable que alguno de los candidatos transforme esto en tema de campaña, básicamente por el lobby de la ANR y porque requeriría de una gran inversión de capital político», explica Gabriel Puricelli, presidente del Laboratorio de Políticas Públicas argentino. Sin embargo, matiza, hay indicios que permiten imaginar modificaciones en el largo plazo: »Mientras se mantenga el amplísimo dominio en la política de la América Blanca Anglosajona y Protestante (WASP por sus siglas en inglés), es poco probable que veamos un cambio. Pero la demografía de los EE UU está avanzando en otra dirección, con lo cual uno podría esperanzarse con que los cambios demográficos a largo plazo terminen cambiando la situación.»

El saludo de la NRA del 20 de julio fue borrado de la cuenta de Twitter a las pocas horas. De él, sólo queda la imagen instantánea inmortalizada por un activista por el control de las armas y pocos se enteraron. Allí reside la clave según la periodista Amy Goodman, conocida por ser una voz de izquierda en los medios estadounidenses: »Para que las cosas cambien es necesario que se forme un movimiento.» «

las masacres emblemáticas

5 de agosto de 2012: un ex soldado estadounidense ingresó a un templo Sikh en Wisconsin y asesinó a seis feligreses e hirió a 14.

20 de julio de 2012: James Holmes, un joven de 24 años, irrumpió en un cine de Aurora, Denver, el día del estreno de la última película de Batman y disparó contra la audiencia. Asesinó a 12 personas y 58 resultaron heridas.

2 de abril de 2012: One Goh, de 43 años, ingresó a la Universidad cristiana de Oikos, en Oakland, y asesinó a siete estudiantes.

8 de enero de 2011: Jared Lee Loughner, de 22 años, asesinó a seis personas e hirió a 14 al abrir fuego en el estacionamiento de un supermercado en el que una representante demócrata, Gabrielle Giffords, daba un discurso. La legisladora quedó gravemente herida, pero luego se recuperó.

16 de abril de 2007: Seung-Hui Cho, un estudiante de la Universidad de Virginia Tech, mató a 32 compañeros y dejó 17 heridos al disparar en el interior del complejo educativo. Se suicidó antes de ser detenido.

20 de abril de 1994: Eric Harris y Dylan Klebold, de 17 y 18 años respectivamente, ingresaron al secundario de Columbine, Colorado, y asesinaron a 12 estudiantes y a un profesor antes de suicidarse. El sangriento hecho quedó documentado en Bowling for Columbine, del periodista y cineasta Michael Moore.

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