Carne roja: ¿cuánto comer a la semana?

"Vale la pena intentar reducir la ingesta de carne roja y de carne procesada", afirma una de las autoras.

Un nuevo estudio vincula el consumo de carne roja y procesada con un riesgo ligeramente mayor de enfermedad cardíaca y muerte.

Hace pocos meses, una publicación científica generó ruido al interior de la academia y en el público en general: un grupo de expertos afirmaba que la reducción del consumo de carnes rojas y procesadas reportaba pocos o nulos beneficios a la salud. Así, sus conclusiones iban en contra de las extendida recomendación de limitar su consumo debido a las preocupaciones por su vínculo con las enfermedades cardiovasculares y el cáncer​, entre otras. Ahora, un nuevo y amplio estudio refuerza la evidencia sobre esa asociación.

Comer dos porciones por semana de carne roja o carne procesada se relaciona con un riesgo del 3% al 7% mayor de enfermedad cardiovascular y un 3% mayor de todas las causas de muerte, según la investigación de la Northwestern Medicine y la Cornell University de Chicago que publica la revista JAMA.

«Es una pequeña diferencia, pero vale la pena intentar reducir la ingesta de carne roja y de carne procesada (como fiambres y embutidos) -advierte la autora principal del estudio, Norrina Allen, profesora asociada de Medicina Preventiva en la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern-. El consumo de carne roja también está constantemente relacionado con otros problemas de salud como el cáncer.»

«La modificación de la ingesta de estos alimentos con proteínas animales puede ser una estrategia importante para ayudar a reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular y muerte prematura a nivel de la población», señala por su parte el autor principal del estudio, Victor Zhong, profesor asistente de Ciencias Nutricionales en Cornell.

Los hallazgos se difunden poco después del controvertido metaanálisis publicado en noviembre pasado que recomendaba no reducir la cantidad de carne roja y carne procesada que comen. «Todos interpretaron que estaba bien comer carne roja, pero no creo que eso sea lo que la ciencia respalda», advierte Allen.

«Nuestro estudio muestra que el vínculo con la enfermedad cardiovascular y la mortalidad es sólido», añade Zhong.

El nuevo estudio reunió una gran muestra diversa de seis cohortes, incluyó datos de seguimiento largos de hasta tres décadas, datos de dieta armonizados para reducir la heterogeneidad, ajustó un conjunto integral de factores de confusión y realizó múltiples análisis de sensibilidad. El estudio incluyó a 29.682 participantes(con una media de edad de 53,7 años al inicio del estudio). Los participantes informaron los datos de la dieta, a quienes se les pidió una larga lista de lo que comieron durante el año o mes anterior.

Qué dice la OMS

En 2015, el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC), que depende de la Organización Mundial de la Salud, actualizó su evaluación sobre carne roja y carne procesada: en el primer caso señalaba que resulta probablemente cancerígena (la evidencia hallada es limitada), mientras que la carne procesada se clasificó como cancerígena, porque se halló «evidencia suficiente» sobre el vínculo de su consumo con el cáncer colorrectal.

El CIIC clasificó a la carne procesada como cancerígena por su vínculo con el cáncer de colon.

¿Qué deberíamos comer?

«El pescado, los mariscos y las fuentes de proteínas de origen vegetal, como las nueces y las legumbres, incluidos los porotos y las arvejas, son excelentes alternativas a la carne», sostiene la coautora del estudio, Linda Van Horn, profesora de Medicina Preventiva en Feinberg, y también miembro del Comité Asesor de Pautas Dietéticas de Estados Unidos para 2020.

El estudio encontró también una asociación positiva entre la ingesta de aves de corral y la enfermedad cardiovascular, concretamente un riesgo 4% mayor de enfermedad cardiovascular para las personas que comieron dos porciones por semana, pero la evidencia hasta el momento no es suficiente para hacer una recomendación clara sobre la ingesta de aves de corral, admite Zhong. No obstante, como puede estar relacionado con el método de cocinar el pollo y el consumo de la piel en lugar de la carne de pollo en sí, no se recomienda el pollo frito.

No se halló, en cambio, asociación entre comer pescado y enfermedad cardiovascular o mortalidad.

También por el medio ambiente

La recomendación de limitar la ingesta de carne roja no se limita únicamente al cuidado de la salud. Es, también, considerado una medida necesaria para que se pueda satisfacer la demanda alimentaria a nivel mundial en 2050 sin deteriorar el medio ambiente de forma irreversible.

A fines de 2018, un estudio internacional publicado en la revista Nature advertía que para alimentar de manera sostenible a las más de 10.000 millones de personas que habitarán el planeta en 30 años es imperativo realizar un «cambio de tendencia».

Los autores advertían que el cambio climático no se podrá mitigar si no se acompaña de cambios en la dieta y una alimentación más diversa. Y, para eso, proponían una dieta flexitariana en la que el consumo de carne roja a una porción semanal como máximo, entre otras recomendaciones.

 

 

 


Fuente: Clarín.

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