Un cineasta mendocino abrió el Festival de Mar del Plata

Los tres protagonistas de esta historia viven, disfrutan y también sufren en pequeños eventos cotidianos, una nada fácil relación con sus parientes, contradictorios y perdedores, así los temores propios de su edad, de cara a nuevas experiencias.

En el filme, coproducido con Brasil y que se estrenará el jueves, Sebastián, un chico de diez años acaba de llegar a un barrio del Gran Mendoza con su familia, y el primer día de clases conoce a Guzmán y Emilio, y los tres con una idea en común que coincide con la inesperada muerte de la profesora de música.

Durante esos días de luto y sin clases, la culpa los lleva a buscar el perdón de los familiares de la maestra y planear cómo hacerlo, al tiempo que cada uno se enfrenta a situaciones familiares que no son para nada ideales y generan angustias. Rojo charló sobre el filme:

-¿Cómo nació la idea?

-El principio fueron los tres personajes principales. Fui construyendo sus historias individuales a partir de detalles sueltos y muchas anotaciones. Hubo un trabajo de observación y escucha que fue alimentando el universo de cada personaje. Hay en ellos muchos elementos de gente cercana, que tomé prestados.

-¿Y la excusa argumental?

-Después surgió la idea del deseo compartido y la culpa que es lo que se transforma en la estructura más clásica del relato. Siempre la intención fue tener un guión sencillo, casi mínimo, conducido por los personajes. La primera versión del guión, que la hice en 2006, fue escrita de un tirón rápido. Las reescrituras aportaron más de racionalidad pero siempre conservando el carozo inicial.

-Hay una visible preocupación por trabajar las imágenes y los silencios…

-Esa manera de trabajar las imágenes y los tiempos de silencios es parte de mi interpretación de un material que había escrito mucho tiempo antes. Durante los ensayos el ritmo de los actores se apoderó de las escenas y los silencios son los que necesitaron, Los tres chicos son diferentes pero los une la soledad.

-Pero también comparten deseos…

-El deseo compartido es lo que hace saltar las barreras de las diferencias. Y por el deseo se les vuelve cercana la muerte, me gusta cuando ellos se dicen a sí mismos »somos asesinos». El deseo y la culpa los hace entrar en una ficción. La vida cotidiana está contada en forma de episodios, o secuencias cortas, como un relato coral. La propuesta es que nosotros sepamos lo justo.

-¿Cómo definirías a estos tres chicos?

-Son chicos que están solos y que, en esa pequeña fracción de tiempo que transcurre en la película, descubren una mirada nueva sobre el mundo adulto, especialmente sobre los padres. Una percepción que quizás antes no tenían. En algún lugar ellos perciben que están en iguales condiciones que los adultos a la hora de enfrentar la vida cotidiana.

-¿Tu meta era pintar tu aldea para ser universal?

-A mí me preocupa encontrar una identidad del relato, construir puntos de vista de los personajes a partir del mío. Acá yo me preguntaba cómo se construyen los vínculos en lo microscópico, en lo íntimo. Cuando pienso que es »lo universal», no imagino más que los sentimientos humanos, nuestra manera de relacionarnos.

-Hay una búsqueda en el registro fotográfico…

-La búsqueda está centrada en la cercanía con el punto de vista de los personajes. Contar la historia a la altura de sus ojos. Para esto también hicimos una elección de lentes que diera la profundidad justa. A su vez queríamos que la luz construyera atmósferas. Máximo Becci, el director de Fotografía, hizo un uso cuidado de la excelente luz natural de Mendoza.

-Contame acerca de tu experiencia de trabajar con chicos…

-Los personajes en el guión estaban tan delineados que nos obligó a buscar chicos que tuvieran personalidades y características físicas que pudieran solaparse con los personajes. Después de un casting de 150 niños, hicimos la prueba de verlos juntos. Ninguno de los tres tenía experiencia en cine y muy poca en actuación.

-Sin embargo es un casting perfecto…

-Jerónimo, Tomás y Emilio me hicieron muy fácil el trabajo. Previo al rodaje tuvimos un proceso largo de encuentros en los cuales hicimos lecturas del guion, improvisamos escenas, esencialmente construimos confianza. En ese tiempo también pude observarlos y acercar los diálogos a su forma de decir.

-¿Qué tan difícil o no es hacer cine en el interior?

-Durante los últimos años el crecimiento de la producción en las provincias ha sido increíble en cantidad y en calidad. Creo que en Mendoza estamos empezando de abajo, muy abajo. Los esfuerzos son enormes a nivel de producción, aunque nuestro mayor desafío es lograr una narrativa propia.

-Cómo pensás seguir haciendo cine, y si hay algún proyecto…

-Disfruto mucho de gestar nuevos proyectos y mi idea es filmar como se pueda, pero filmar. Para este año esperamos hacer una serie de ficción juvenil que se llama »Mamut» sobre un grupo de adolescentes del interior que arma una banda de rock y colaborando en el guión de »Anita Bajo Cero», del amigo colombiano Armando Bolaño Rangel.

Fuente: LosAndes

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