Tragaperras online sacuden el mundo de las apuestas

En los últimos tiempos los paradigmas se han roto a gran velocidad, y como resultado, la tecnología ha desarrollado alternativas al antiguo método de azar, como estrategia para enganchar a nuevas generaciones, sin excluir a las anteriores. Para lograrlo, ofrecen beneficios como la accesibilidad en todo momento, y sobre todo, lejos de la contaminación acústica de los casinos.

La evolución de las tragaperras no se quedó en los modelos digitales de arcade localizados en las salas recreativas, que se rigen por el reglamento de máquinas recreativas y de azar de España, ya que se han logrado implementar algoritmos que pueden simular a las acostumbradas máquinas de rodillo.

Los usuarios responden de forma positiva

Los murmullos, las personas desagradables, estar lejos de casa, lo impersonal de las multitudes, son sólo algunos de los inconvenientes que se les han presentado a los usuarios de tragaperras desde sus inicios. La fidelidad de algunas personas con las apuestas es un hecho innegable, pero cada vez se ha vuelto más difícil mantenerse lejos de la familia o el trabajo.

Los dispositivos conectados a Internet siempre están presentes en la vida de cualquier ciudadano promedio, sólo con acceder a una página de casino en cualquier momento de ocio, se alcanza la posibilidad de satisfacer la afición por jugar sin descuidar la rutina.

Buscar un sitio de confianza

No todo lo que brilla es oro, muchas personas han perdido grandes cantidades de dinero en plataformas de estafa, bien sea a través de fraudes con las tarjetas de crédito, tragaperras manipuladas, simuladores de juego controlados o malas asesorías por parte del soporte web.

Los buscadores online funcionan de una forma caprichosa, no siempre la página que primero aparece cuando se escribe una frase como: “páginas confiables de apuestas” es la que redirecciona al lugar correcto. Es recomendable jugar en sitios que dispongan de juegos bien calificados, como la ruleta de Casino777, allí puede obtenerse acceso a distintas modalidades de juego, que incluyen también a las aún vigentes tragaperras.

Introducir a un usuario neófito en condiciones apropiadas para que no sea engañado, no es una tarea imposible, solo es cuestión de presentarle sus alternativas adaptadas a la pantalla, la única diferencia es que en lugar de botones utilizará su dispositivo de preferencia con acceso a Internet: ordenador, móvil o tablet.

La triada tradicional según el reglamento

Las personas que llevan años divirtiéndose en ambientes de azar conocen lo básico a la perfección, como si formase parte de ellos, en ocasiones muy puntuales hasta tienen predilección por alguna de las tres modalidades del juego, como son:

  • Máquinas del tipo A: son sólo recreativas, se paga por el tiempo de uso, los puntos no son canjeables por recompensas monetarias, metálicas o de ninguna especie. Abarcan las de vídeo, tiros, bolas y similares.
  • Máquinas del tipo B: también llamadas “de premio programado” en el BOE (Boletín Oficial del Estado) combinan las dos modalidades, otorgan la opción de cambiar los puntos obtenidos por más tiempo de juego o alguna recompensa monetaria. Todas aquellas que puedan ser obtenidas con una inversión de cinco céntimos, proporcionarán un premio que puede alcanzar un máximo de cien, como cataratas y boleras.
  • Máquinas del tipo C: la diferencia con el tipo B está relacionada con el reglamento, éste señala que el precio de la partida incluye determinado tiempo de juego, que ofrece a su vez la opción de obtener puntos que son canjeables por un premio.

Todos los negocios físicos que poseen equipos de azar, están enmarcados en la asociación gremial Facomare (Asociación Española de Empresarios de Máquinas Recreativas).

Posibilidades infinitas

Una vez entendido todo lo anterior, una de las novedades para los jugadores asiduos al sonido de las monedas, es que Internet ha revolucionado las viejas combinaciones para dar diversidad a la obtención de bonus.

Aunque ya existen modelos físicos digitalizados que permiten premios mayores o combinaciones más complejas, esto no se compara a la variabilidad interactiva que la informática ha alcanzado, ya que  existen videojuegos en alta resolución o realidad virtual. Este es uno de esos casos donde es mejor experimentar que escuchar rumores.

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Más que sólo apuestas

Las tragaperras fueron presentadas por primera vez en 1887, en la ciudad de San Francisco, California, por Charles Fey, como una opción que pudiera simular la emoción de ganar una partida de póker, pero con riesgos financieros bajos que los jugadores pudieran controlar.

Este tipo de máquinas de inicio estaban formadas por 3 ruedas que iban girando, las cuales estaban formadas por cinco imágenes representativas: corazones, espadas, herraduras de caballos, diamantes, y la campana de la libertad, que dio el nombre a la primera máquina, Liberty Bell, siendo un éxito rotundo que dio paso a un amplio mercado con consumidores asiduos.

El juego no sólo consiste en llegar al Jackpot o “premio mayor” en español, sino en la adrenalina que genera el juego en sí, como conocer los trucos aplicados sólo por aquellos que los han practicado, la emoción del azar, entre otros factores que representan la combinación perfecta para una comunidad entretenida.

La popularidad del invento traspasó por millones la imaginación de su creador, llegando a los confines de la tierra, superando a los juegos de cartas, ya que era más complejo que la mano del hombre pudiese modificar las oportunidades de ganar.

¿Cómo llegan a España las tragaperras?

No fueron legalizadas de forma inmediata después de su creación, porque en ese momento el país atravesaba una dictadura. Posteriormente, las consecuencias de la guerra civil española, con vestigios aún latentes del régimen, propiciaron un crecimiento lento de las libertades, lo que afectó de igual manera a los juegos de azar.

No fue sino hasta 1981 que se produjo su introducción en el país, muchos años después de que se lograse instaurar la democracia; en España denominaron este momento como la “segunda revolución del juego”.

El nombre genérico del aparato es tragamonedas, pero en España se le nombró distinto, ya que las monedas que se “tragan” eran denominadas “perras”, aquellas que correspondían a cinco (perra chica) y diez céntimos de peseta (perra gorda).

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