»No me siento atado a mis dotes para el humor»

Ser un actor famoso y tener que promocionar una película nueva es todo un desafío. Hay que aguantar horas de encierro en algún hotel, miles de preguntas de molestos periodistas de espectáculos sin creatividad para la pesquisa, hacer decenas de móviles de televisión, salir al aire en distintas radios por celulares con señal esquiva, posar para fotógrafos que proponen locuras como pedir una sonrisa e ir de habitación alfombrada en habitación alfombrada mientras que todas las miradas del lugar lo persiguen como si fuera la presa.

Entonces, el desafío fue lograr que, siendo el final de una jornada de presentación a la prensa, el actor cómico preferido de los argentinos, diera una entrevista llena de risas, de energía positiva y conceptos que revolucionen la idea actual del arte de la interpretación. La situación no era fácil: a pesar de contar con la capacidad de hacer reír hasta los más adustos temples a través de gestos y expresiones de las más cancheras, obviamente no es algo que es constante sino que el humor y disposición varía dependiendo del momento.

En Corazón de león, la película que se estrena este jueves, Guillermo Francella interpreta a un hombre que mide 1,36 metros, que no está enfermo ni es deforme, sino que solamente tiene una estatura baja y se enamora. La oleada de entrevistas por la película tomó al actor de las expresiones memorables en un momento de esos que a le gente le gusta definir como »estar a full». Guillermo está en plenas jornadas de filmación de El misterio de la felicidad la nueva película de Daniel Burman, que coprotagoniza con Inés Estévez y que estrenará en enero del año próximo. Se levantó a las 6 de la mañana y tuvo un día intenso. Las preguntas arrancan. Francella contesta, pero por momentos, los ojos se le van a un partido de Boca que pasan en el televisor de la habitación donde se realiza la entrevista con Tiempo Argentino.

–¿Qué fue lo te gustó para decidirte a hacer esta película?

–Es una comedia romántica que habla de muchas temas, pero sobre todo una historia de alguien que se enamora de una persona diferente. Al tiempito de empezar la película te olvidás del efecto digital que tiene que ver con el tema del tamaño que con una buena post producción quedó muy bien, y la historia te termina de comprar. Es película muy bien contada con mucho dinamismo, sin mesetas, con relatos muy interesantes, diálogos muy ingeniosos y con una verdad pura.

–Y te permitió seguir en la senda de mostrar tus distintas facetas como actor, ¿no?

–Sigo buscando cosas nuevas, me siento feliz. Estoy haciendo algo que yo deseaba. Trabajar con directores con los que tenía ganas de trabajar, tener textos en la mano que tenía ganas de decir, que me hacen sentir muy bien. Hacer cosas diferentes me encanta.

–¿Cómo elaboraste tu personaje?

–Lo trabajé mucho. Yo imaginé su postura corporal, su andar, su decir, imaginé su padecimiento, admiré con la tenacidad con la que busca ser exitoso a pasar de su defecto. Es exitoso en muchas cosas: su trabajo, con su hijo, con su ex, con sus amigos. Pero tiene algo que no muestra, él sufre mucho. Es una historia muy universal, porque en el fondo habla de cómo darle lugar al amor.

–¿Cómo te despegás de tus características más clásicas? El gesto, el comentario gracioso…

–Trabajando con el director, trabajamos mucho en el libro, nos juntamos en mi casa, en su casa, en un bar y hablábamos. Repasamos escena por escena, parlamento por parlamento entonces la tranquilidad llega.

–Pero igual hay bastantes cosas de la factoría Francella, es innegable…

–Con cuentagotas, tratamos de separarnos un poco. Hay algunos mohines y cositas pero tratamos de separarnos de los clichés o lugares comunes; del chiste o del gesto que puedo hacer. Hay momentos pequeños porque se daba en ese momento pero no buscado, sino que se daba. No me siento en lo más mínimo atado a mis dotes para el humor. Cuando trabajo tanto con un director justamente trato de no ser Francella. Busco cosas diferentes, trabajar textos distintos, siempre: por ejemplo hice comedias musicales, que en mi vida pensé que lo haría. O papeles que nunca me hubiesen tocado si me quedaba en el chiste. Me gusta que me pasen cosas, cosas profundas que me lleguen al alma. Estoy contento con mi presente.

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–Ganaste el Martin Fierro como mejor actor en unitario en medio de una entrega bastante politizada ¿Qué te pareció?

–Voy a dividir la respuesta en dos partes. Primero: El hombre de tu vida (Telefe). Volver a trabajar con Juan Campanella, y en un producto con ese tratamiento tan cinematográfico, fue hermoso. Trabajamos muy bien. Estuvo muy bueno y el reconocimiento siempre está bueno.

Por otro lado: sí, los premios estuvieron muy politizados, pero pasa en todos lados, siempre hay bajadas de línea, pero aca se vio bien. ¿Entre los actores hay Montescos y Capuletos? No me gusta. A nadie le gustan las divisiones. (Jorge) Lanata puso a todos los actores una misma bolsa, como si fuéramos los malos. Después hizo una aclaración que fue confusa, diciendo que él hablaba de cuatro o cinco tipos que se llevan la plata. Pero hay muchos grises que explicar. Los subsidios al cine es algo bueno. Después lo otro es otra cosa. Si hay actores que creen en un modelo, que lo apoyen. Si creen en una idea no hay impedimento para un actor para expresar su opinión, desde la militancia o la no militancia. Yo no hablo mucho de política. Tiene que ver con lo que te pase visceralmente con un proyecto o que lo que no te pasa. Los que quieran que se involucren. Está en cada uno. Un actor comprometido no se aleja de su tarea profesional. Sino que es como cualquier otro ciudadano que quiera opinar.

–¿Volverías a hacer televisión y volverías a ponerte en primer plano como lo hacías en Poné a Francella…?

–Sí. Si me gusta, seguro lo haría. No sé si Poné a Francella, porque un programa »sketchizado» ya no me seduce, pero una sit com como Casados con hijos haría.

–¿Tenes ideas propias?

–No, en este momento no tengo una idea en la cabeza para hacer. Tengo ganas de volver a hacer una sit com. Pero tendría que elegir alguna. Traer alguna exitosa, de afuera, y adaptarla. Me seduce hacer alguna de las tantas que hay, tienen diálogos extraordinarios. Es el tipo de humor que me encanta. Me seduce. Por supuesto, me encantaría.

–¿Cuál es tu deseo a corto plazo para tu carrera?

–Tengo mucha ilusión de que me siga pasando lo que me pasa con la gente. Se me acercan siempre, con mucho amor, a todos lados a donde voy. Son tantos años, mucho afecto el que recibí. Solo quiero poder devolver algo de eso. «

»Guillermo fue un gran compañero»

Es su séptimo trabajo en la pantalla grande como director. Marcos Carnevale había tenido su debut con Noche de ronda en 1997. Después estuvo a cargo de los set de filmación en Almejas y mejillones (del año 2000), Elsa & Fred (del 2005) Tocar el cielo (de 2007) Anita (de 2009) y Viudas (de 2011). Además de su extenso trabajo como guionista de las

series de Pol-Ka (Soy gitano, Padre coraje, Valientes, Malparida, Los únicos, Condicionados, entre otras).

–¿El ritmo de la trama romántica tiene algo de las clásicas americanas?

–Tiene un ritmo muy mío, que siento muy propio. Puede ser que tenga algo de clásico, pero no es buscado. Siempre estoy muy atento al tempo de las pelis, para que no se caigan, para que no se pongan morosas o demasiado vertiginosas. Pero no sigo fórmulas.

–¿Cómo llegaste a la idea de abordar esta temática de el qué dirán en el amor?

–Surge de una mirada sobre los prejuicios, cómo juzgamos a todo el mundo y cómo nos exigimos ser de determinada manera, para que el otro te apruebe, algo que es una tarea que se vuelve imposible. Puede que se te presente el amor de tu vida, pero si no cumple con los estándares exigidos por la mirada del otro quizá lo dejas pasar, y te perdiste el amor de tu vida tan sólo por ser aprobado. Eso nos convierte en seres muy limitados, muy crueles. Tu cerebro está discriminando todo el tiempo al salir a la calle y es un tema cultural que me parecía interesante.

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–¿Cómo fue el trabajo con Francella?

–Con Guillermo arrancamos desde el minuto cero, antes que el guión estuviera escrito y me acompañó hasta el último enano que salió del horno; fue un gran compañero. No me iba a perder sus vetas cómicas, pero las combinamos bien con su parte de actor dramático.

Cómo en la vida real

Con 22 años, a Nicolás Francella, no le pesa ser el hijo del gran comediante argentino. Su parecido es considerable. Los ojos azules de mirada picaresca están ahí. Pero su camino propio está comenzando. Es parte del nuevo proyecto de Cris Morena, Aliados y en Corazón de León es Tomas »Toto» Godoy, el hijo del Petiso. »La química que tuvimos es impresionante, pero trabajamos mucho para lograrla. Siento mucho orgullo» comenta papá Guillermo.

–¿Cómo te sentís con el hecho que tu hijo siga tus pasos?

–Estoy chocho. ¿Qué te parece?, es muy fuerte muy emocionante para mí, para la madre, para su hermana, para todos sus amigos. Verlo hoy en los medios trabajando tanto, dando notas, es muy curioso y hermoso a la vez. Me gusta verlo siguiendo mis pasos. Yo no quise influir nunca en su decisión de que hacer. Yo lo apoyaría en lo que sea

–Específicamente para Corazón de León, ¿cómo encararon el trabajo?

–Trabajamos mucho fuera del set y en el set, claro. Ensayamos en casa, con Marcos, muchas horas. Hubo ensayos muy intensos que estuvieron muy buenos, por lo que llegamos al set con mucha claridad, sabiendo cómo hacer lo que teníamos que hacer; con la letra muy sabida, por lo que nada nos sorprendió, todo se dio de modo muy natural. No era mi hijo, era el hijo de León. Fue una gran alegría haberlo hecho.

Un amor separado por varios centímetros

Es una comedia romántica. Es una historia de amor con vetas de romanticismo, pero que toca el tema de la discriminación y la necesidad de encajar en nuestros entornos sociales.
Con guion de Marcos Carnevale –quien también dirigió– y Betiana Blum la película cuenta la historia de Ivana Cornejo (Julieta Díaz), una exitosa abogada que desde hace tres años está divorciada de Diego Bisoni (Mauricio Dayub), también abogado y socio del estudio donde trabajan. Tras la pérdida de su celular, Ivana recibe la llamada de alguien que lo encontró, con intenciones de devolvérselo. Es León Godoy (Guillermo Francella), un arquitecto de gran renombre con una personalidad arrolladora: simpático, galante, carismático y también divorciado. En la charla telefónica que mantienen (100% francelleana) se establece una empatía inquietante y ambos sienten un inmediato interés. Durante esa misma charla coordinan un encuentro al día siguiente en una confitería para concretar la devolución del celular. Ivana es la primera en llegar y León llega unos minutos más tarde. Cuando lo ve queda perpleja, León es todo lo que ella percibió, pero mide 1,35 m. Es el hombre perfecto, pero demasiado bajo. A partir de ese encuentro (también 100% francelleano), Ivana buscará superar esos 45 cm que le faltan al hombre de su vida. Así se enfrentará a las convicciones de una sociedad implacable y a sus propios prejuicios, que exigen a los hombres el éxito económico, profesional y esos ineludibles 180 centímetros de altura.

En Corazón de león también actúan Jorgelina Aruzzi (quién aporta sus dotes de gran comediante), Nora Cárpena, Nicolás Francella, y la belleza colombianísima de María Nela Sinisterra, para completar el plantel.

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