Casa Bollati cierra sus puertas

 

La vorágine tecnológica, esa que nos tiene a todos conectados y multiplica las imágenes de la vida cotidiana a un ritmo inimaginable, ha ido expulsando soportes, máquinas y materiales, y al mismo tiempo rituales, costumbres y oficios. La fotografía es uno de los rubros más hostigados por la era digital y los negocios dedicados a ella están en peligro de extinción. Tal es el caso de la histórica casa de fotografía y cine Bollati que después de funcionar 63 años, cerrará sus puertas en una semana.

Ubicado sobre la calle Urquiza y Salta, de Mendoza, este tradicional local es uno de los pocos que trabajaban con materiales analógicos en Mendoza y uno de los más antiguos e importantes de Cuyo. Con el mismo estilo, dos años atrás, la casa Fócuser, de Vicente García, en Saavedra 553, de San José, asfixiada por la ferocidad del mercado y las trabas a las importaciones, tiró la toalla. Queda aún en pie y resistiendo, Lapakó, sobre calle Bandera de los Andes y Allayme, en Guaymallén.

“Son muchos años haciendo lo mismo, pero los tiempos han cambiado y me va mal por el contexto social y el impacto tecnológico. Nos terminó arruinando la dificultad que hemos tenido para conseguir material. Hay cosas que no las están dejando entrar y otras que demoran meses en llegar. No podemos sostener así el negocio con la competencia de internet y lo digital. Este es un país que no nos ayuda y esta decisión de cerrar me tiene muy triste”, explica Raúl Bollati (82), dueño del negocio que pronto cerrará.

Raúl cuenta que se dedica a esta ocupación desde muy joven, desde 1952, después de recibirse de técnico, relojero, cronometrista. Con su señora, Gilda (81), con la que llevan 53 dichosos años de casados, fueron añadiéndole al taller de relojes, la reparación de cámaras, y la venta de insumos y artículos fotográficos. El primer local estuvo ubicado en la calle Ayacucho 327. Luego se trasladaron a una casa en la calle 9 de Julio, hasta que 1978 se instalaron en la esquina de Urquiza y Salta.

Sus dos hijos lo siguieron en el oficio. Horacio Clemente (52) se enfocó en los equipos digitales y actualmente se gana la vida con eso, mientras que Leandro Néstor (47) acompañó a su padre de cerca trabajando en el mismo taller y puesto de venta. Igual camino continuó Mauro (23), tercera generación que creció entre máquinas, rollos, engranajes y químicos de revelado. Muy a su pesar acompaña la decisión familiar, aunque hubiera preferido mantener en pie el negocio de su abuelo.

Triste y nostálgico Raúl Bollati señala que llegó a realizar 28.780 composturas de cámaras. Ese es el número que lleva registrado en su libreta personal y admite que hizo para amigos, conocidos y parientes otras 10.000 reparaciones. Junto al mostrador, en el salón de ventas, conserva una vidriera con un pequeño museo de cámaras de todas las épocas, cuyo precio es invaluable y que muchos amantes de la fotografía desearían tener en sus manos, al menos una vez.

Cambios irreversibles

“La fotografía tomada por cámaras analógicas murió en el mundo. Solo un reducido grupo de artistas, profesionales y entusiastas sigue usándola. Ahora las imágenes se metieron en las computadores y los teléfonos, y desaparecieron los álbumes y los portarretratos como los conocíamos. Las fotos ya no se revelan. La cultura mutó y se fue llevando en este proceso a todos los que nos dedicábamos a esto. Ahora hay que seguir con el negocio por internet y competir en un mercado distinto”, describió Leandro.

El hijo de Bollati lamenta que la competencia se trasladara a la web: “En la red nadie controla y abunda el comercio negro de artículos”.

Sin embargo, luego de que su padre tomara la determinación de abandonar el rubro, él piensa en continuar vendiendo productos específicos a través de ese medio, ya que le abre nichos que traspasan las barreras geográficas y está exento de todos los impuestos que requiere tener un espacio físico de venta, otro de los motivos que dificultó la permanencia del negocio familiar.

?28.780 composturas de cámaras. Ese es el número que lleva registrado en su libreta personal Raúl Bollati y admite que hizo para amigos, conocidos y parientes otras 10.000 reparaciones durante estos 63 años dedicados al oficio.

Fuente: Javier Cusimano, Diario Uno

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