Se disparó el riesgo-país

El riesgo-país se disparó ayer por encima de los 2.500 puntos básicos, aunque cerró ligeramente por debajo (avanzó 3,32% a 2.493), al tiempo que se acentuó el derrape en los títulos públicos, en respuesta a lo que los mercados consideran que será una difícil renegociación de la deuda. Los precios de títulos como el Bonar 24 (AY24) o el Centenario (AC17) cayeron a valores mínimos desde las elecciones presidenciales, descontando que los compromisos de la deuda soberana no podrán ser reprogramados a la uruguaya. Más allá de la voluntad del presidente electo Alberto Fernández de lograr un mayor plazo para pagar capital e intereses, la realidad macro parece sugerir que el escenario más probable es de la reestructuración, en un combo que necesariamente debería incluir no solo más plazo, sino una rebaja de los intereses y una quita de capital.

Además del salto de casi 100 bps en el riesgo país que elabora J.P.Morgan a 2.508 puntos, también se dispararon ayer los seguros contra un eventual default de la Argentina. Para los bonos a 5 años de plazo, los CDS ayer cotizaron a 6.471 puntos, lo que en la práctica se traduce como que el mercado descuenta que habrá una quita, y que el “haircut” podría superar el 40% del capital adeudado. En el mes los CDS subieron 55% y en lo que va del año más de 1.000% (mil por ciento).

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Los ejercicios de simulación que se están realizando en la plaza local incluyen las hipótesis de un recorte de 20% a 40%, pero los analistas y operadores no descartan que la quita pueda superar este último porcentaje.

La reacción no se hizo ver hasta hoy, debido al feriado por el día de los Veteranos de guerra en los Estados Unidos, que mantuvo sin actividad el mercado de bonos.

Los Bonar 20 (AO20) bajaron ayer 5%, mientras que los AY24 cedían 4,5% y los AC17, 4,7%. Las paridades de estos papeles quedaron debajo del 40% o apenas por encima de este valor.

La explicación para este nuevo desplome de los títulos públicos son las declaraciones con un tono algo beligerante que formularon Guillermo Nielsen, uno de los principales referentes económicos de Alberto Fernández, y del propio presidente electo.

En el primer caso, quien suena hoy como el más probable ministro de Economía del nuevo gobierno exigió al FMI que le conceda el mismo trato que a Mauricio Macri. Lo hizo en un seminario en Miami, donde compartió estrado con Alejandro Werner, el jefe para el Hemisferio Occidental del FMI, subrayando que el préstamo de u$s57.000 millones otorgado a la Argentina fue para sostener a Macri.

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El segundo fue el propio Alberto Fernández, quien después de haber sentado las bases para una colaboración del presidente Donald Trump para reformular los términos del stand by con el Fondo, se pronunció en términos duros respecto de la posición de Trump relativa a la crisis boliviana.

Ambas declaraciones conspiran en contra de un espíritu colaborativo de parte de quienes pueden jugar un rol decisivo a la hora de votar un acuerdo. Y son datos que no alientan a esperar una solución amigable por la deuda. Un tema considerado urgente y prioritario para el gobierno que asumirá el 10 de diciembre, si se tiene en cuenta que los compromisos financieros de 2020 ascienden a 13,4% del PBI. De estas obligaciones, prácticamente la mitad corresponde a bonos emitidos bajo legislación local y otro tercio a letras del Tesoro en sus diferentes variantes. Debido al peso relativo de estos títulos, se considera altamente probable que estén ubicados entre los primeros a ser tratados.

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