Mejoró la competitividad de la Argentina frente a sus principales socios comerciales

Con la devaluación del peso argentino de más del 22% para el mes de enero, el Tipo de Cambio Real Multilateral (TCRM) se incrementó en un 10,8% respecto al mismo mes del año pasado según el último informe del Centro de Estudios Económicos y Sociales (CESO).

De esa manera, se habría logrado »revertir el impacto de la devaluación del real brasileño de mediados de 2013, retrotrayendo el tipo de cambio real multilateral a valores similares a los de mediados de 2011». Así la economía argentina para comienzos de 2014 »resultaba un 66% más barata respecto del fin de la Convertibilidad.»

El TCRM es un índice del valor real de la moneda local en relación a las monedas de los principales socios comerciales del país (Brasil, China, EE UU, otros) ponderados según su relevancia. Al tener en cuenta los movimientos de los precios de cada economía en particular (es real no nominal), su aumento implica una mayor capacidad de compra de productos locales por moneda extranjera, lo que abarata en términos relativos la producción doméstica indicando un aumento de la competitividad comercial, por lo menos en lo inmediato.

Si bien para algunos sectores exportadores esto puede favorecer su rentabilidad, lo que es cierto es que las devaluaciones de las monedas en la región se fueron sucediendo en este tiempo, especialmente con el inicio de la reducción del plan de estímulos de la Reserva Federal de EE UU que influyó en la salida de flujos de capital de países emergentes hacia los países potencia. La mejora del TCRM indica que la devaluación fue más significativa para el peso, pero algunos analistas advierten sobre las implicancias negativas que podría tener una guerra cambiaria en la región así como los efectos que la depreciación de la moneda puede tener sobre el nivel de consumo y de actividad económica.

ALCANCES Y LIMITACIONES DE LA DEVALUACIÓN. Según comentó a Tiempo Argentino el economista Jorge Marchini, miembro del CIGES (Centro de Investigación y Gestión de la Economía Solidaria), »las devaluaciones no son neutras ni entre los sectores productivos ni los sociales, por lo que hay que ver las condiciones específicas de la Argentina para analizar el impacto que puede tener en la economía. En el país, el peso más importante de su comercio exterior está dado por la competitividad relativa de sus productos agropecuarios que por lo general se da frente a cualquier tipo de cambio. Es posible que para algunos sectores exportadores regionales como por ejemplo en la industria vitivinícola, la devaluación genere condiciones de mayor competencia. Pero dudo que en la industria la alteración de los precios relativos mejore su competitividad».

De esta manera el especialista advierte »que es difícil que el aumento de las exportaciones o algún proceso de sustitución de importaciones remplace los posibles efectos negativos de la devaluación. Hay que tener en cuenta que de esta forma puede peligrar la integración productiva regional si los países de América Latina apelan a la devaluación de sus monedas como mecanismos de competencia, donde debe primar la armonización y complementación de sus intereses comerciales y productivos para su expansión como región, teniendo en cuenta la cuestión de las asimetrías y apuntando a una sustitución de importaciones en forma regional y no nacional».

En esta misma línea, Andrés Asiain, director de CESO, señaló a Tiempo que »algunos sectores sensibles al tipo de cambio de pequeña exportación como el vitivinícola, la producción de frutas, algo de industria editorial o textil pueden ver mejorada a partir de esta devaluación su rentabilidad que se encontraba al límite. Pero para el grueso de las exportaciones argentinas vemos que no son muy sensibles al tipo de cambio, sino que dependen más de la economía mundial y la de nuestros principales socios comerciales como Brasil. Para tener en cuenta, antes de esta devaluación teníamos que la Argentina era un 54% más barata que en la Convertibilidad, y ahora aumentó al 66%, lo que en términos generales no implica una gran diferencia.» Y agrega »en materia de sustitución de importaciones no será significativa porque ya se estaba actuando en este sentido, pero sí tendrá un efecto positivo en cuanto a frenar la presión empresarial de movimientos especulativos en torno al adelanto de las importaciones o retrasos de las exportaciones que especulaban con la devaluación como hizo el sector del agro.»

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De esta manera según el informe de CESO, »la devaluación y posterior estabilización del dólar oficial, el aumento de las tasas de interés y la regulación del BCRA que disminuye las posiciones en dólares en los encajes de los bancos privados, lograron disminuir sustancialmente la salida de reservas». De esta forma las Reservas Internacionales en la última semana de febrero serían de U$S 27.588 millones, lo que implicó U$S 14.021 millones menos (-33,7%) que el stock al cierre del mismo mes del año pasado pero U$S 160 millones menos (-0,6%) que el cierre del mes anterior. »La liquidación de divisas de los exportadores de cereales del mes de febrero fue de U$S 1892 millones, un 106% más que el mismo mes del año pasado y 820% más que el mes anterior. Este aumento fue el resultado de la liquidación de stocks acumulados en 2013, tras valorizarlos con la reciente devaluación en el mercado oficial de cambios», explica el documento.

En cuanto a la perspectiva de sus efectos más generales, Asiain señaló que »habrá que ver lo que ocurra en el marco de las paritarias, lo que puede resultar que la devaluación acelere la inflación, o que resulte en menos inflación pero afectando el nivel de salario lo que reduciría el consumo y la actividad». Esto en definitiva anularía los efectos positivos para las exportaciones regionales.

Andrés Méndez, economista de la consultora AMF, señaló a Tiempo que »la propia brecha cambiaria era un imán para que el que importaba sobrefacture, y el que exportaba subfacture o contrabandee. La brecha jugaba en contra en términos del flujo de divisas y era necesario achicarla.» Explica »en realidad la devaluación va a impactar más en la salida de la divisas que en un estímulo a su entrada. Será más fuerte y directo el efecto sobre las importaciones como en el sector automotriz o con el drenaje de divisas por el turismo. Entre estos dos rubros el año pasado se generó un rojo de cerca de 15 mil millones de dólares, similar a la caída de las reservas. Es cierto que se pagó deuda externa con las reservas, pero este desequilibrio llegó a una magnitud que era necesario desalentar. Y la forma de que se consuma menos divisas lamentablemente, es que los argentinos compren menos autos y viajen menos afuera desincentivando este consumo, y para eso tienen que estar más caros en relación a los salarios. Por ahí este año la economía no crezca, pero la devaluación debía pegar a los sectores neurálgicos que generaban un gran desequilibrio, creo que en este sentido fue funcional a su objetivo».

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Por su parte, el economista Carlos Magariños, en diálogo con Tiempo remarcó que »con esta devaluación se recuperó el valle en que había caído la moneda argentina para llevarla a niveles equivalentes a los de agosto de 2011. Ahora la clave será evitar que ese aumento del valor del dólar se traduzca en un aumento de precios, si no se perderá competitividad nuevamente. Pero el aumento de las tasas de interés de este último tiempo hace suponer que habrá condiciones para controlarlo, este es el desafío. Porque si bien los sectores más favorecidos como los transables se posicionan mejor, pueden ver aumentados sus costos frente a un aumento de precios internos.» Asimismo señaló que »el comercio exterior es más sensible a las mejoras de financiamiento por ejemplo para invertir en bienes de capital que a las cuestiones sobre el tipo de cambio, que si bien puede tener un impacto inmediato en la rentabilidad, no lo hace de la misma forma sobre el volumen o calidad de la producción».
En este sentido, según Eduardo Curia, »hasta ahora sólo opera una devaluación del 23% que la inflación del primer bimestre del 2014 limó ya en parte. Aquella traducía una mejora tangible de la paridad cambiaria real, pero distante del óptimo competitivo. Lo que, sí, el proceso devaluatorio marcó el obituario simbólico del erróneo esquema de política económica de 2010-13, con una matriz ligada al retraso cambiario. El economista señaló a Tiempo que »el retraso cambiario actuó como un penoso factor procíclico. Por ello el cambio producido vale en su dirección, pero una mejora seria de la competitividad requiere profundizar y consolidar el proceso iniciado.»

PERSPECTIVAS DE LA BALANZA COMERCIAL. Según Jorge Marchini, la perspectiva de la balanza comercial para este 2014 es favorable. Dice »nos encontraremos con un saldo comercial similar a los 15 mil millones de dólares que fue la referencia de años atrás. Ya sea vía una contracción de las importaciones respecto de 2013, como por un contexto de buenos precios de los commodities asociadas a nuestras exportaciones, a diferencia de países mineros como Chile o Perú. Pero la devaluación no es la salvación de la economía argentina ni tampoco es neutra. Ante un cambio de los precios relativos se plantea quién sufre más los costos y quién los beneficios, y por suerte esto está presente actualmente en el debate de la sociedad. Creo que ahora la discusión es la capacidad de generar políticas contracíclicas ante un nuevo escenario.»

Eduardo Curia pronostica que »se perfila un cuadro en el que aportará la cosecha gruesa, y es factible la contribución de las extractivas. Pueden mejorar rubros de las economías regionales –aunque no todos– en diversas dosis. En cuanto a las exportaciones industriales, más concentradas últimamente, se jugó más a conservar mercados, aun con pérdidas. Una expansión mayor, pues, exige referencias más claras y sostenidas.»

Según los indicadores recientemente publicados por el Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior de Brasil, las importaciones del país vecino de productos argentinos cayeron para enero-febrero de este año un 11,8% respecto del año pasado. En este sentido Andrés Asiain remarcó que »se espera una mejora para este año de la balanza comercial, pero más por el freno a los movimientos especulativos y una contracción de la actividad industrial que por un impulso a las exportaciones».

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