Las consecuencias de la nueva politica monetaria del Central en la economía

Ha pasado más de un mes de la serie de cambios relevantes en política macroeconómica que sucedió en la segunda quincena de febrero. Dada la persistencia de la medida, resulta relevante la discusión desde distintas perspectivas sobre los objetivos del Banco Central, los resultados en términos de beneficios para los ahorristas y aumento del costo de financiamiento para inversores y consumidores, los ganadores, perdedores y los efectos que se pueden esperar en los próximos meses.

El día miércoles 23 de enero, el dólar subió un 3,4% diario, seguido por un incremento del 12,4%, que podría haber llegado a más de los $ 8, valor en el que estabilizó porque se logró frenar las maniobras especulativas.

El viernes de dicha semana, se anunció la flexibilización sistemática de las restricciones a la compra de divisas con un 20% de recargo si no se depositaba en plazo fijo, creando un dólar para la tenencia de $ 9,60. Al mismo tiempo, se declaró que el Banco Central de la República Argentina buscaría aumentar las tasas de interés, ofreciendo un rendimiento mayor para aquellos ahorristas que deseasen mantener sus tenencias en pesos.

El mecanismo es el siguiente: los bancos tienen tres formas de recibir dinero más o menos inmediato: ofreciendo plazos fijos a los ahorristas privados, pidiendo prestado a otros bancos, o deshaciéndose de sus Letras y Notas del Banco Central (Lebacs y Nobacs). Todos los martes, el Banco Central sale a emitir Letras y Notas a cambio de pesos, a tasas estipuladas por la entidad pública.

Si el BCRA sube el interés, encarece esa opción de obtener liquidez, por lo que obliga a las entidades bancarias a salir a buscar ahorristas privados ofreciéndoles un interés más alto.

»El gran debate público sobre el rol de la banca está asociado a la del comercio exterior y los puertos, y requiere pasar de un modelo financiero y de mercado para ir a una discusión más compleja por un desarrollo más integrado».
En última instancia, la suba de tasas aspira los pesos haciendo que el sistema bancario, que busca liquidez, la encuentre por el lado del sector privado, ofreciendo mayores tasas a sus depositantes. Es por esto que las tasas de las Lebac conforman un objetivo de política del sistema financiero en general.

El interés de las Letras a 90 días era de 12,5% a principios de enero, y creció lentamente hasta llegar a los 19,6% para el momento del anuncio. La siguiente semana, el BCRA decidió llevar esa misma tasa al 25.52%, para estabilizarse en un valor más alto, cercano a 29 por ciento. Claramente, deshacerse de una letra que rinde 12% es más fácil que hacerlo si la misma rinde un 29 por ciento. Por el contrario, en este segundo contexto, quizás es preferible para el banco salir a buscar ahorristas a tasas de entre 20% y 25%, sabiendo que para el banco, dicho costo es menor.

El cambio de políticas generó polémica en torno a sus causas y los objetivos de la misma. Carlos Heller, presidente del Banco Credicoop y Diputado Nacional por la Ciudad de Buenos Aires, declaró: »El gobierno tomó la decisión de realizar una importante corrección cambiaria progresiva. Este camino tiene complicaciones: los agentes especulaban contra el Banco Central acerca de cuánto iba a subir el dólar. Por eso, el BCRA determinó un valor de convergencia en $ 8 y buscó sostener ese valor. En coordinación, subió las tasas para generar un diferencial de tasas de interés respecto del tipo de cambio.»

Aldo Pignanelli, economista y ex presidente del Banco Central en 2002, discrepó sobre la coordinación de políticas. »Desde afuera no se sabe si las políticas fueron consensuadas, pero uno tiende a pensar, por lo que se comenta, que la suba de tasas fue decisión autónoma del Banco Central. No es algo bueno o malo, a veces el Central tiene que tomar decisiones por sí solo.»

Para Julio Gambina, contador público nacional y presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas (FISYP), la cuestión no es relevante.

»La suba de tasas fue inducida por el Banco Central, y asociada a la devaluación y al levantamiento de las restricciones cambiarias, con el objetivo de favorecer el ahorro en pesos por sobre el atesoramiento de dólares. Fue una decisión, consistente y convergente con el resto de las políticas. Lo importante es que fue una medida consciente, aunque pueda no haber sido consensuada», explicó.

Heller, por su parte, insistió en que la política de diferencial positiva por sobre el dólar que se había mantenido en toda la década »fue una constante en el gobierno, aunque con un tipo de cambio bajo. Si tomamos los once años de gobierno, seguramente el que invirtió en pesos ganó más que el que lo hizo en dólares». Pignanelli tiene una visión contraria a la de Heller, dado que piensa fundamentalmente en las tasas reales y no nominales: »El Central perdía muchas reservas porque tenía tasas de interés reales muy negativas. El contexto era de bajas tasas de interés, alta inflación y devaluación, lo que significa que en la lucha entre el peso y el dólar, el gobierno le daba una gomera al peso y un fusil al dólar. Ya veníamos diciendo que había un atraso cambiario del 20%, 25%, y el gobierno devaluó buscando un dólar de equilibrio y subió las tasas de Lebac del 18% al 30 por ciento.» Para Gambina, »el problema era el tipo de cambio exigido por los exportadores y banqueros, que no se quería reconocer».

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Mientras Heller y Pignanelli consideran que estas políticas son coyunturales, Gambina opta por pensar que también se pueden mantener en el mediano plazo.

Según el presidente del Banco Credicoop, »es contingente. Ya hubo un amesetamiento de las tasas, y tenderían a bajar. Cuando en marzo y abril comience la liquidación de divisas por parte del agro, el Central debería aspirar muchos más pesos, por lo que las tasas comenzarían a tener una suave tendencia descendente.»

Para Pignanelli, »estas medidas sólo sirven para dar tiempo. La liquidación permitiría estirar dos o tres meses más, a la espera de políticas de largo plazo.»

Gambina, en cambio, sugiere que »la política es coyuntural, y cambiará cuando se modifique la coyuntura. Pero no está dado que este sea un dólar de estabilización.»

La medida tuvo efectos inmediatos. La tasa Badlar, que resulta del promedio de los depósitos a plazo fijo a 30 o 35 días para montos mayores a un millón de pesos, subió de 20% a 25%, y los depósitos en pesos, que venían desacelerándose, con aumentos del 35% interanual a principios del 2013 y de cerca del 20% en enero de 2014, se estabilizaron alrededor de esa cifra. Los plazos fijos crecieron $ 16 mil millones desde principios de año e incluso ahora superan las tenencias en cuentas a la vista. El Central, además, en las primeras tres semanas de febrero aspiró $ 25.122 millones por licitaciones de Letras, un 66% de lo que se emitió en diciembre de 2013. Las reservas continuaron decreciendo, pero a un ritmo menor, cayendo sólo US$ 266 millones en febrero, de los cuales US$ 162 millones fueron compras de ahorristas.

En cuanto a los efectos positivos, todos los analistas consultados sostienen que generará una mayor preferencia por el peso y por el ahorro en dicha moneda.

Es decir, si los plazos fijos, que antes rendían un 16% anual, ahora tienen un rendimiento para el ahorrista de más de 20%, es posible que el ahorrista se decida por esta forma de inversión. Según Pignanelli, estas tasas »le dan una herramienta al peso para combatir con la inflación y le da tiempo al equipo económico hasta marzo y abril para que se estabilicen las aguas». Gambina concuerda: »En el cortísimo plazo, las medidas fueron efectivas. El dólar encontró un techo, e incluso el informal se mantiene cercano al ‘dólar tarjeta’, y se convierte en rentable invertir en pesos.» Para Heller, en cambio, no habría habido un problema con los ahorros en pesos: »Los depósitos bancarios vienen creciendo desde siempre y el sistema financiero es altamente líquido», señala.

Sin embargo, no deben olvidarse los efectos negativos de la medida. Entre los principales, se encuentran el aumento del costo de oportunidad para los empresarios, el incremento del costo de financiamiento para la inversión y el consumo, y el problema del apalancamiento del sector privado.

Por un lado, dado que invertir en plazo fijo es una alternativa a la inversión real de un empresario, cuando aumentan las tasas de interés el empresario tratará, si es posible, de ajustar su tasa de ganancia de forma acorde. Por otro lado, si las tasas activas de los créditos también suben, endeudarse es más costoso, ya sea para el empresariado inversor, como para los consumidores con tarjetas, que tienen un costo financiero total que ronda entre el 70% y el 100%, con los créditos personales, que incluso llegan a 110%, o con préstamos hipotecarios. Finalmente, la suba de tasas, en un contexto de alto endeudamiento privado, puede complicar la prolongación o refinanciación de dicha deuda, por lo que algunos consumidores e inversores podrían terminar en quiebra.

Respecto a cuánto de esto puede suceder en la actualidad, las opiniones divergen. »El sector hipotecario no existe, lamentablemente», contesta Pignanelli, pero admite que »sí afecta a los créditos al de las empresas, en especial a las pymes, y a las cuotas de los préstamos personales».

Según Heller, »al Pro.Cre.Ar y a las líneas de inversión productiva, se le suma la resolución reciente del BCRA, que, rápido de reflejos, determinó que el 10% de los $ 24 mil millones destinados a inversión productiva se deberían utilizar para descontar cheques. Donde sí afectaría es en el consumo, pero en ese rubro, las tasas ya eran altas, por lo que los bancos podrían actuar reduciendo sus ganancias extraordinarias.» Gambina vislumbra un escenario más turbulento: »Aumenta el ya elevadísimo costo financiero para las pymes y de tarjetas de crédito y descubiertos. Yo diría que son abusivos. Esto muestra que no es tiempo de invertir ni de consumir, y la ecuación macroeconómica se define en inversión y consumo.»

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En cuanto al costado recesivo de las medidas, Heller declaró: »No es un ajuste clásico. La regulación del BCRA, sumado al Pro.Cre.Ar, el Progresar y los Precios Cuidados, garantizan que esta devaluación no se pase a precios y que no signifique una crisis. Asimismo, estimulará a los exportadores mejorando su competitividad, no a los sojeros, sino a las economías regionales.»

Pignanelli, en cambio, distinguió entre el corto plazo y el largo plazo: »El costo financiero más alto pega en el nivel de actividad en lo inmediato. Pero si el gobierno toma medidas y mantiene la estabilidad, en el mediano plazo se logrará volver a crecer.» Gambina opinó que sí puede haber problemas con la morosidad. »Algunos deudores no tendrán más que liquidar sus activos. Puede llegar a ser complicado y los bancos son impiadosos, y exigen las garantías», opina.

Para Gambina, los grandes ganadores fueron »primero, los exportadores primarios por la liquidación a un dólar más alto. Segundo, los banqueros, por ser obligados a vender sus dólares luego de la devaluación, lo que generó ganancias extraordinarias. Tercero, los grandes ahorristas, que son los trabajadores y empresarios de mayor poder adquisitivo.»

Heller criticó la especulación y las tasas de los bancos. »En el Credicoop, no tuvimos que vender un dólar, porque no habíamos comprado. Si hubiéramos mantenido intereses y comisiones del promedio de los 10 bancos más grandes, en 2013 habríamos ganado $ 500 millones más. Pero nuestra filosofía implica rentabilidad necesaria y no máxima. Subimos algunas tasas, pero no a las pymes o a los consumidores, sino a las empresas más grandes, y lo menos posible.»

Ninguno de los entrevistados cree que las tasas resuelvan el problema de fondo, aunque difieren en cuanto a cuál es el dilema. Para Pignanelli, »depende de la inflación y la política monetaria y fiscal. Necesitamos estabilidad. Si no paramos la inflación y promovemos el crecimiento, no la vamos a conseguir. Como YPF, necesitamos inversión privada y pública y créditos del BID y el Banco Mundial».Heller tiene una visión distinta: »El problema es el mismo de siempre: la restricción externa de divisas, pero esta vez contamos la ventaja del desendeudamiento y menor presión externa.»

Gambina, en cambio, apunta a »la estructura productiva, concentrada en corporaciones y extranjerizada. ¿Queremos soja o agricultura familiar? ¿Automotrices o ferrocarriles? Necesitamos un debate que resuelva el desarrollo industrial con encadenamientos regionales.»

La necesidad de una discusión del sistema bancario

Persiste todavía la necesidad de una discusión sobre la relación entre el gobierno y el sector bancario. Para Gambina, »Continuamos con la estructura financiera de los ’90, que suma a la Ley de Entidades Financieras de la dictadura la extranjerización. Necesitamos discutir cuál es el objetivo de la banca extranjera en Argentina. Hay que dar líneas de crédito para las pymes, la agricultura familiar y el desarrollo de ciencia y tecnología».

Heller comenta que su proyecto de Ley de Servicios Financieros aporta muchas regulaciones nuevas, y que »cambiamos el concepto Entidades Financieras, porque entendemos que el servicio financiero es de interés público. Es de lo más razonable en el marco del reciente discurso de Cristina, en el cual insta a promover leyes que defiendan a los consumidores y a la competencia». Asimismo, destaca que »las potestades del BCRA en materia de regulación ayudan a ofrecer préstamos a tasas bajas a los más necesitados», y que »los bancos tienen ganancias extraordinarias que hay que discutir».

Por el contrario, Pignanelli critica la política monetaria: »El sector financiero en el último año creció un 14 por ciento. Ganan mucho por la monetización del déficit que inyecta pesos en la economía.»

Expresó su desacuerdo con los planes de crédito: »Son muy dirigidos, a tasas muy bajas y para poca gente. Es regalar la plata mientras otros la ven pasar. No estoy de acuerdo, y menos en este contexto, preferiría subsidiar menos a todo un sector. Además los bancos cuanto no te lo cobran por un lado, te lo cobran por el otro.»

Afirmó que la manera de mejorar el sistema bancario es »con estabilidad, política monetaria y fiscal, y acceso al crédito externo.» »El gran debate público», señala Gambina, »sobre el rol de la banca está asociado a la del comercio exterior y los puertos, y requiere pasar de un modelo financiero y de mercado para ir a una discusión más compleja por un desarrollo más integrado.»

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