El sector financiero ya controla hasta el 50% del capital accionario de empresas estratégicas

Los niveles récord de la semana pasada alcanzados por los principales indicadores bursátiles de Wall Street como el Dow Jones, el S&P 500 y el Nasdaq, fueron vistos por el sector financiero como una respuesta positiva a las políticas de estímulo llevadas a cabo por la Reserva Federal de los EE UU.

Pero para algunos, la recuperación de los mercados de valores internacionales a niveles previos de la crisis, sería una expresión más del avance de la llamada »financiarización» de la economía, es decir del avance del control accionario por parte del sector financiero.

Con la crisis financiera desatada en 2008 en los EEUU, logró reavivarse la tesis de la »financiarización». Los aspectos involucrados en esta categorización son diversos, y muchos de ellos polémicos, pero se sostienen en el sobredimensionado aumento de la actividad financiera por encima de la economía real, fenómeno claramente observado desde los años ’70 con la desregulación de los mercados de capital internacional.

ALGUNOS DATOS. El cada vez más renombrado artículo The Network of Global Corporate Control (2011), elaborado por Vitali, Glattfelder y Battiston, especialistas en diseño de sistemas del Swiss Federal Institute of Technology de Zurich, señala que cerca del 40% del control sobre el valor económico de las multinacionales estudiadas (más de 43 mil), es propiedad de sólo 147 de estas empresas. De ellas el 75% pertenece al sector financiero, lo que revela la concentración de la economía total en manos de grupos económicos vinculados a la intermediación financiera. Entre las principales, se encuentran las reconocidas Barclays, JP Morgan, Merrill Lynch, Deutshce Bank, Goldman Sachs y Morgan Stanley.

En esta misma línea, en su trabajo »La influencia de la financiarización sobre el gobierno corporativo de la empresa: el papel de los inversores institucionales, realizado a partir del estallido de la crisis financiera», los autores Alvarez Peralta y Medialdea García de la Universidad Complutense de Madrid, remarcan que los activos financieros en manos de inversores institucionales de países de la OCDE, pasaron de representar un promedio del 34,4% del PBI en 1981 al 137,8% del PBI en 2004.

Asimismo la comparación entre los años ’90 y el nuevo milenio, expresa un creciente porcentaje de tenencia de acciones respecto de bonos por parte de este tipo de inversores. Si se observan los datos publicados por la OCDE para el caso de EE UU, esto en la crisis se revierte, dado que el bono emitido por el gobierno norteamericano es el más seguro, mientras que a partir de 2010 se recupera la tendencia creciente a la tenencia de acciones, especialmente si se tiene en cuenta que muchas se habían desvalorizado con el derrumbe de la bolsa.

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El mencionado informe muestra cómo grandes compañías correspondientes a diferentes ramas de la producción como ser Unilever (alimentos y otros bienes de consumo), Total (petrolera) o Telefónica (telecomunicaciones), son propiedad entre un 25% y un 50% de inversores institucionales. Este tipo de inversores, contrapuesto al inversor individual, se refiere a un tipo de agente financiero que comenzó a proliferar a partir de los años ’70, y que comprende fundamentalmente a fondos de pensiones, fondos de inversión y compañías de seguros.

ES EL CAPITAL. Según los autores españoles, la masiva presencia de los inversores institucionales en el capital de las empresas, y el inmenso volumen de activos que gestionan, »ha propiciado la adopción y extensión de los criterios de gestión propios del corporate governance, posibilitando la primacía de los objetivos financieros en el interior de estas organizaciones». Ello les permitiría a estos grupos de inversión »deshacer posiciones instantáneamente y castigar a aquellas empresas que no cumplan con los criterios de rentabilidad y gestión establecidos por dichos mercados», lo que estaría sostenido por el interés último de los accionistas que »reside en el rendimiento financiero de sus títulos, tanto en forma de dividendos como en forma de plusvalías bursátiles».

Como explica el economista Rolando Astarita en su artículo »Crítica de la tesis de la financiarización,» esta visión comprendería a »lo financiero», es decir accionistas, tenedores de capital dinero, fondos de inversiones, bancos, aseguradoras de riesgo y similares, como la fracción dominante de la clase capitalista. De esta forma todas las actividades empresariales se regirían según criterios de la rentabilidad inmediata, por encima de los criterios productivos. Pero según el autor, la idea de que el capital ficticio es »puro costo» para el capital industrial y comercial, y que la valorización especulativa de las acciones es una muestra del dominio del capital financiero sobre el capital productivo, »no parece tener mucho sustento en la práctica. Por lo general sucede lo contrario, ya que el aumento del precio de las acciones mejora las condiciones de financiamiento de las empresas». El intento por diversificar el riesgo de sus inversiones tanto sectorial como geográficamente, condicionaría la actividad y prioridades de dichas empresas.

Los autores Gutierrez y Albarracín, en su trabajo »Financiarización y economía real: un desafío sindical», señalan que las fases de »hiperfinanciarización de la economía son fases complejas de transición hacia la manifestación de una crisis que pasa de ser latente a manifiesta. Un ingente capital que no encuentra destino suficientemente rentable en la inversión a través de las empresas, o en »bienes refugio» (como el suelo, o diversos recursos naturales y materias primas, fuente de riqueza duradera), se destina a los diferentes mercados financieros, en búsqueda de réditos de manera más flexible e inmediata, en detrimento de una inversión duradera o bien con estrategias de racionalización rentabilista que no siempre son sinónimo de calidad de la producción o de las propias relaciones laborales».

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En definitiva la búsqueda de una mayor rentabilidad en un corto plazo, la minimización del riesgo y la mayor posibilidad de movilidad de capital, expresan la necesidad del capital per se, es decir abstraído de la forma concreta en que se acumula, donde el objetivo en esencia es ser un valor que engendra valor. De aquí que frente a la crisis, la exacerbación de la esencia de capital sea identificada con el capital que gestiona el dinero, y que se desvincula por ello de la particularidad productiva.

Las condiciones que reclaman

Según el trabajo de Álvarez Peralta y Medialdea García, en vistas a su objetivo de maximización del valor accionarial, los inversores institucionales influyen en el llamado corporate governance, o sea, en la gestión y dirección de las empresas.

Algunos de los principios que promueven en este sentido serían los siguientes:

•Transparencia y continuidad en la información que las empresas proporcionan a los accionistas (contacto permanente con inversores, publicación trimestral de un conjunto de ratios e indicadores informativos, adopción del sistema contable anglosajón, explicación exhaustiva de la estrategia empresarial).

•Garantía y facilidad de ejercer los derechos de voto de los accionistas minoritarios y no residentes (caso frecuente de los inversores institucionales).

•Ausencia de medidas anti-OPA (eliminación de las acciones preferentes, los contratos blindados, las poison-pills, etcétera).

•Nuevos sistemas de remuneración de los directivos basados en el desarrollo de stock options, que fusionen los intereses de estos con los de los accionistas.

Centralización

Según un interesante y completo artículo recientemente publicado por Policymic, las compañías del sector bancario estadounidense sufrieron un fuerte proceso de centralización en poco más de dos décadas.

Como resultado 37 bancos estadounidenses pasaron a convertirse en sólo cuatro grandes entidades (JPMorgan Chase, Bank of America, Wells Fargo y Citigroup).

Del mismo modo las diez instituciones financieras más grandes de EE UU, tendrían actualmente el 54% de los activos financieros totales, mientras que hace poco menos de 25 años, en 1990, contaban con sólo el 20 por ciento.

Infonews

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