El rechazo de cheques amenaza la continuidad de las pymes

Los cheques diferidos, casi la única forma de financiación de las pymes.

Desde el jueves 26 de marzo, día de reapertura del clearing bancario (compensación de cheques entre entidades), hasta el último fin de semana se presentaron dos millones 590 mil cheques al cobro, de los cuales 368 mil fueron rechazados.

La proporción del 14,2 por ciento de valores que no se pagaron por fondos insuficientes (no estaban cubiertos por el saldo ni por la autorización de giro en descubierto para la cuenta pagadora) es absolutamente inédita para cualquier período previo. Hasta antes de la pandemia, aunque ya con una economía en recesión desde abril de 2018, la proporción de cheques rechazados mensualmente no pasaba de los 9 cada mil (0,9 por ciento). El salto a 142 por cada mil refleja la situación de decenas de miles de empresas y cuentapropistas que quedaron inactivos en marzo por las medidas de aislamiento social, y que tampoco recibieron el respaldo de los bancos de los que son clientes para sobrellevar el período de paralización obligatoria.

El planteo del sector pyme no es que se ponga en marcha la economía de espaldas a las recomendaciones en materia sanitaria, sino que se obligue a los bancos a asistir financieramente a la actividad productiva para que pueda subsistir hasta el fin de este período especial.

Tampoco es menor la suma que quedó comprometida por la política bancaria de no pagar los cheques en una situación extraordinaria como la actual. El monto comprometido es de 28.086 millones de pesos, que en valor representa el 11,5 por ciento del total que suman los cheques presentados del 26 de marzo al 10 de abril (243.181 millones de pesos). La proporción de rechazos supera largamente los antecedentes de la crisis del 2001/2002, o la originada en la explosión de la burbuja inmobiliaria de 2008/2009. En ninguno de esots casos, el rechazó había ido mucho más allá del 5 por ciento.

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Los descubiertos en cuenta corriente constituyen la principal fuente de financiamiento para la micro y pequeñas empresas, pero también para muchas medianas que han atravesado procesos profundos de recesión por caída de demanda durante el año 2019. «Venimos de una etapa durísima, y un segundo semestre del año pasado todavía más severo para la pequeña y mediana empresa», comentó a este diario el titular de una empresa de la industria textil mediana. «Nadie tenía carpeta de crédito al día, ya que tampoco interesaba tenerla, porque el costo del crédito bancario era imposible de asumir. Sin crédito, sin mercado, con los tarifazos en el costo de la energía todavía en la mochila y tratando de sostener el personal esperando el repunte de la actividad, muchos nos largamos a reponer stock de materia prima en enero y febrero, lógicamente, con cheques a 60 y 90 días», explica, con un remate previsible del relato. Lo que pasó en marzo, es historia por todos conocida.

Ya superan los 306 mil el número de empleadores que se anotaron para recibir los beneficios del programa de asistencia al trabajo y la producción (ATP), por el cual las empresas acceden a un subisidio directo sobre los sueldos que puede alcanzar a un salario mínimo vital por empleado (en el caso de empresas con hasta 25 trabajadores en relación de dependencia), y a una quita de hasta el 95% en sus cargas patronales. Pero el financiamiento de capital de trabajo, incluso para aquellas cuya actividad quedó paralizadas por las disposiciones oficiales en materia sanitaria, se está haciendo cuesta arriba, aunque el gobierno habilitó líneas de crédito con un costo del 24% anual de tasa nominal y ofreció garantía oficial sobre la deuda de los tomadores. La banca privada, aun en esas condiciones, sigue retaceando el crédito a las pymes en condiciones más vulnerables.

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Con el desarme de las posiciones en leliq que le impuso el Banco Central, las entidades bancarias quedaron en condiciones de híperliquidez. No es por falta de dinero que los créditos salgan en cuentagotas. «El banco dice que no me presta porque no le ofrezco ninguna garantía de que vuelva a abrir. Pero si no me da el crédito, es el banco el que me condena a desaparecer», se quejó otro empresario pyme ante la consulta. Es como si, en plena pandemia, la banca privada hubiera decidido pisar la manguera del oxígeno.

 


Fuente: Página/12

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