El eje maldito: deuda, ajuste, paraísos fiscales y fondos buitre

La revelación de que la filial suiza del HSBC tenía cuentas ocultas de 106.498 clientes –entre personas y empresas– que depositaron U$S 180 mil millones sospechados de no pagar impuestos en sus países de origen y/o de ser fruto de negocios ilícitos, profundiza la idea de que el poder económico/financiero internacional quiere transformar al Estado en una cáscara vacía.

En los últimos 40 años, quizás en sintonía temporal y política con el modelo de financiarización que comenzó en la Argentina amparado por los fusiles de la última dictadura militar, el establishment financiero inició en el mundo un proceso paulatino pero continuo de debilitamiento del concepto de Estado-Nación que siguió distintos desprendimientos paralelos que hoy la Argentina sufre en toda su magnitud.

Uno de esos caminos es el de la creación de paraísos fiscales en los que las grandes compañías y las personas ricas colocan su dinero para birlarle el pago de tributos a los países y obtener así una porción mayor de los beneficios económicos que le corresponderían a la sociedad.

La web <www.paraísosfiscales.info> resume a los territorios que se inscriben en este ámbito como un espacio económico que »exime del pago de impuestos a los inversores extranjeros que mantienen cuentas bancarias o constituyen sociedades en su territorio».

Además, este portal reconoce de forma implícita que de esta manera conviven dos sistemas fiscales diferentes »debido a que en el país de origen los ciudadanos deben pagar sus impuestos mientras que en el otro gozan de una exención total o al menos una reducción considerable». Esta página, traducida en varios idiomas, ofrece una visión »amigable» de los paraísos fiscales pero admite que la fuga de capitales que ocurre en los países de origen »como es lógico, no es vista con buenos ojos por los responsables fiscales de los países que la sufren» porque »al fin y al cabo se escapa con ella una parte importante de su recaudación».

En todo el mundo existe una nómina de unos 100 paraísos fiscales y centros financieros off shore, que también garantizan una casi nula presión tributaria. Pero es importante tomar en cuenta que no hay un listado uniforme de guaridas fiscales. Por ejemplo, la OCDE reconoce como paraísos fiscales a naciones que no integran el listado en España.

En otro tramo de la presentación, <paraisosfiscales.info> ofrece un desglose de las ventajas que estas guaridas y sociedades off shore le garantizan a aquellas empresas y particulares que depositan sus divisas en estos oscuros refugios financieros. »Las jurisdicciones offshore ofrecen en este sentido un marco ideal, ya que cuentan con estrictas leyes de privacidad y secreto bancario» para sus clientes, reza este portal. Además, subraya que los paraísos fiscales »evitan la exposición pública de los bienes que una persona tiene puede evitar diferentes amenazas, como demandas judiciales de desaprensivos que sólo persiguen lucro económico, extorsiones por bandas mafiosas o criminales, juicios de acreedores que pretenden ir más allá de la responsabilidad corporativa, etcétera».

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Sin embargo, la delgada línea roja que separa al marco legal del ilegal en la actividad de estos refugios fiscales también se desprende de esta web que se dedica a difundir los beneficios de estos paraísos que están distribuidos por el mundo.

En un tramo en el que refiere al carácter anónimo de las cuentas, paraisosfiscales admite que esta circunstancia »ciertamente ha sido aprovechada en numerosas ocasiones para cometer fraude fiscal o llevar a cabo actividades delictivas».

Los paraísos fiscales se han transformado en una verdadera cueva de Alí Baba en materia impositiva.

Según un trabajo del diario español ABC los paraísos fiscales controlan el 25% del PBI mundial, alrededor de 17,5 billones de euros, el equivalente a 12 veces el producto de España.

De acuerdo a un informe que dio a conocer la organización Tax Justice Network (TJN), de ese total hay U$S 400 mil millones que pertenecen a ciudadanos argentinos. El último trabajo del Ministerio de Economía de la Argentina indica que la Deuda Pública Nacional acumuló al 30 de junio de 2014 un total de U$S 198.863 millones, excluyendo de este número las deudas de provincias y municipios no avaladas por el Nación y los intereses de deudas con organismos multilaterales y bilaterales.

Es decir, que el dinero que los argentinos tienen escondidos en los paraísos fiscales representa casi el doble de la deuda externa reconocida.

Pero más allá de estas aristas estrictamente numéricas que reflejan el costo que ha tenido la fuga de divisas para la Argentina, hay un dato de la web <paraisosfiscales.info> que no debe pasar desapercibido porque esboza la verdadera trama que esconde el crecimiento de estas guaridas de las grandes fortunas.

En un fragmento, esta página, señala a modo de advertencia que »tratar de poner trabas a la libre circulación de capitales chocaría frontalmente con las pretensiones de liberalización del comercio mundial que defienden, además de la mayoría de empresas y gobiernos, instituciones tan importantes como el Banco Mundial y la OMC (Organización Mundial del Comercio)».

Es decir, que allí se blanquea la existencia de un marco político internacional que favorece la consolidación de los paraísos fiscales como instrumento dirigido a fomentar las políticas de evasión tributaria y de ocultamiento de las riquezas »non sanctas» de las empresas y las grandes fortunas particulares.

Está claro que »la liberalización» sin parangón de la actividad financiera que se ha fomentado desde los organismos multilaterales de crédito como el FMI y el Banco Mundial, siempre en el marco del consenso de Washington, han sido claves en la conformación de los paraísos fiscales para convalidar el vaciamiento de las naciones en vías de desarrollo, primero, y de los países centrales, particularmente en los últimos diez años.

Este trasvasamiento de riquezas, enmarcado en el delito de evasión impositiva y fuga de divisas, ha sido, sin lugar a dudas, una de las determinantes del crecimiento del endeudamiento de las naciones. También resultó la justificación ideal para llevar adelante las políticas de austeridad o mejor dicho los ajustes económicos brutales que se instrumentaron en Latinoamérica a lo largo de toda la década del ’90 y que ahora se replican con muy pocas variantes en España, Grecia y Portugal, entre otros. Pero, además, las políticas de ajsutes económicos y de beneficios siempre estuvieron acompañadas inexorablemente de un sentido del disciplinamiento de los actores sociales que a su vez se complementó con recortes en los haberes y en los costos salariales.
Detrás de toda política de ajuste social siempre se creó un nuevo marco jurídico-laboral tendiente a domesticar a la clase trabajadora con medidas que facilitaron el despido y destruyeron el entramado social.

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El aumento de la pobreza y la desocupación, simplificó la toma de decisiones tendientes a restarle protagonismo a la clase obrera que tuvo como claro beneficiario al capital. De hecho, rompió el equilibrio que caracterizó al período post segunda guerra mundial.

Sin embargo, la gran novedad que se originó a partir del profuso endeudamiento que sufren las naciones periféricas e incluso la mayoría de las centrales es el auge de los fondos buitre. Estos grupo scarroñeros nacieron como una clara evidencia del desgaste del poder político internacional a manos del poder financiero. Es decir, que más allá de que el fenómeno del crecimiento de la deuda se explica por distintas razones, el proceso del vaciamiento que se dio a partir de la tendencia de las multinacionales y grandes riquezas personales a evadir impuesto, colocando su dinero en paraísos fiscales, resultó decisivo en el debilitamiento de los Estados, que, sumado al enorme poder de lobby que ejercieron sobre el Poder Ejecutivo, el Congreso y la propia Justicia de los Estados Unidos, simplificaron el trabajo de los buitres. En cualquier caso, la Argentina es la prueba por excelencia de este fenómeno que resultó de la cadena maldita de fuga de capitales-endeudamiento-ajuste-más endeudamiento, y la posterior aparición de los fondos Buitres como un corolario que contó con el apoyo irrestricto de los distintos eslabones de la justicia de los Estados Unidos, que tuvo como cabeza visible al magistrado de Nueva York, Thomas Griesa pero que contó con el invalorable silencio y la anuencia implícita de la Cortes Suprema. Sin embargo, no hay que equivocarse: el triunfo de los buitres en los reiterados fallos judiciales de los Estados Unidos, es, en realidad, el resultado de una cadena de complicidades políticas que transformaron a los pueblos en el banquete de una comilona de la que han participado todos los actores del sistema financiero y económico.

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