El ex número uno del mundo aplastó 6-3, 6-3 y 6-0 al noruego Casper Ruud, se llevó el trofeo después de eliminar a cuatro top 10 y perforó el margen de todas las épocas. El Síndrome de Müller-Weiss y la incertidumbre sobre su futuro.

«La victoire appartient au plus opiniâtre», se puede observar en una de las tribunas laterales del estadio Philippe Chatrier, el más importante del mundo sobre polvo de ladrillo. Enfrente, a la misma altura, se observa: «The victory belongs to the most tenacious».

Aquellas palabras fueron inmortalizadas como un aforismo atribuido a Napoleón Bonaparte, aquel emperador que convirtió a Francia en la potencia militar más grande de su época. Después las hizo suyas Eugéne Adrien Roland Georges Garros, el mítico aviador caído en combate durante la Segunda Guerra Mundial, quien reflejaba la frase en las hélices de sus vehículos.

Ahora bien podría aparecer escrita en español porque Rafael Nadal Parera ya se ganó un espacio en la historia grande de Roland Garros, el certamen más valioso de canchas lentas: este domingo ganó nada menos que la 14ª Copa de los Mosqueteros y el 22º título de Grand Slam de su carrera, los increíbles números que lo colocan por encima de los límites de todas las épocas.

El triunfo 6-3, 6-3 y 6-0 ante el noruego Casper Ruud, el número ocho del ranking ATP, resultó apenas una más de las 112 victorias totales que acumula el español en el Stade Roland Garros. En una final de Grand Slam, la 30ª de toda su trayectoria, desdibujó a un rival, el más destacado de su país, que nunca encontró cómo lastimar a su ídolo, a quien habia visto ganar, en vivo y en directo, la octava Copa de los Mosqueteros en 2013. Nueve años atrás Nadal ya era récord, muy por encima de los 6 trofeos que ganara el legendario Björn Borg en París entre 1974 y 1981. Esta vez el español recibió el trofeo de manos de Billie Jean King, fundadora de la WTA y campeona en París cincuenta años atrás.

«Nunca pensé ser competitivo a los 36 años en la cancha más importante de mi carrera. No sé qué va a pasar en el futuro pero voy a luchar para seguir adelante», expresó el ex número uno ya con la copa en sus manos. Acaso este trofeo en París haya sido el más difícil para Nadal, que sigue sin encontrar soluciones a la lesión congénita que sufre en su pie izquierdo desde hace 17 años.

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La dolencia es una enfermedad del escafoides, partido a la mitad por ser más fino que lo común. Desde 2005, cuando ni siquiera había construido una pequeña parte de su leyenda, arrastra el denominado Síndrome de Müller-Weiss, una anomalía en el desarrollo del tejido del escafoides tarsiano que se produce en la infancia y se sufre en la edad adulta. Innumerables veces en todos estos años el español debió frenar su andar por el circuito para realizar tratamientos y, en otras ocasiones, decidió jugar infiltrado, como lo hizo durante las dos semanas en Roland Garros: su pie estuvo dormido, con los nervios bloqueados.

Antes del cruce contra Ruud había deslizado con sinceridad: “Prefieriría perder la final y tener un pie nuevo porque me permitiría ser más feliz en mi día a día. Mi discurso y mi forma de ver la vida no cambiaron. Ganar te llena de adrenalina momentánea pero la vida es mucho más importante que cualquier título». Nadal sufre, en silencio, desde hace mucho tiempo, aunque desafía los márgenes de la naturaleza para pelear por la historia.

Resulta casi imposible dimensionar lo que logró el español pero algunos números podrían ser útiles para esclarecer la coyuntura. Nadal suma 14 títulos en Roland Garros, la misma cantidad de Grand Slams que conquistara el estadounidense Pete Sampras entre 1990 y 2002, uan cifra que por entonces se vislumbraba insuperable en el tenis masculino.

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También tiene ocho trofeos entre los tres Majors restantes, los mismos que ganó Andre Agassi en las cuatro grandes citas. Roger Federer y Novak Djokovic, sus dos grandes rivales de época, acumulan 20. Rafa, además, tiene la marca de mayor cantidad de victorias en un mismo Grand Slam entre los hombres: festejó 112 veces en París -apenas tres derrotas-, muy por encima de las 105 que sumó Federer en Wimbledon.

Como si fuera poco el dueño de la historia ganó por primera vez un torneo de Grand Slam tras eliminar en el camino a cuatro jugadores ubicados entre los diez mejores del mundo: el canadiense Felix Auger Aliassime (9º), el propio Novak Djokovic (1º), el alemán Alexander Zverev (3º) y el noruego Ruud (8º). Sólo lo habían conseguido antes dos tenistas masculinos: el sueco Mats Wilander, en Roland Garros 1982, superó a Ivan Lendl (3º), Vitas Gerulaitis (9º), José Luis Clerc (6º) y Guillermo Vilas (4º); mientras que Federer lo hizo en Australia 2017, tras derrotar a Tomas Berdych (10º), Kei Nishikori (5º), Stanislas Wawrinka (4º) y Nadal (9º).

La victoria pertenece a los más obstinados», podría leerse, a partir de ahora, en algun otro espacio del Philippe Chatrier. En la lengua nativa de Rafael Nadal Parera, acaso el más obstinado de los eternos campeones de Roland Garros, a quien los límites de la historia le quedaron cortos.

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