Racing se quedó con el superclásico ante Independiente.

El gol lo marcó Marcelo Díaz a los 40 del segundo tiempo. Arias y Sigali se fueron expulsados en el local, mientras que Domínguez y Romero lo hicieron por la visita.

Es un final de alta tensión. Racing aguanta estoico, con 9 hombres desde los 53 segundos del complemento. Con Independiente volcado en masa contra el área de Javier García, el héroe menos pensado. La pelota quema en los pies rojos. Sobran los espacios, pero faltan ideas. Cecilio está nervioso y se hace echar. Al rato, cae el otro Domínguez, Nery. Termina con la cabeza vendada y el hombro dislocado. Y es bicho Darío Cvitanich, aguanta de espaldas, se enciende Lucas Romero. Patricio Loustau reparte amarillas. Y ya son 9 contra 9. Y el último centro se pierde detrás del arco donde ruge la popular.

Y gana la Academia un clásico de enciclopedia que tuvo todos los condimentos. Jugadores expulsados. Un equipo con diez desde los 40 minutos del primer tiempo y con 9 desde el inicio del segundo. Un técnico despedido en la vereda de enfrente que resucita a una cuadra y encuentra revancha. Un futbolista que come una banana y como si tuviera superpoderes surge en el área de enfrente para hacer un gol legendario. Un arquero que se viste de jogging, como Albil hace dos años, cuando aquí hubo victoria roja con un gol de Leandro Fernández, que seguro no podrá dormir sólo de recordar el mano a mano que perdió ante García.

Ganó Racing por su enorme actitud y espíritu solidario para multiplicar esfuerzos y cubrir espacios. Perdió Independiente porque no supo aprovechar la superioridad numérica y cuando encontró un hueco chocó con su ineficacia y el enorme García.

Racing lo había merecido en el primer tiempo. Del mejor momento del breve ciclo de Sebastián Beccacece a una jugada aislada que cambió el destino del partido. Así fue la metamorfosis de los primeros cuarenta y cinco minutos Con la Academia como protagonista del clásico con ese juego que se le venía reclamando al entrenador que hizo brillar a Defensa y Justicia, pero fue opaco a unos pocos metros. El equipo tuvo un alto vuelo futbolístico como en los tiempos del Halcón. A bordo de un 4-1-4-1 con despliegue de adentro hacia afuera y de afuera hacia adentro, mostró amplitud para abrir la cancha y elaboración en el juego interior. Con Iván Pillud de 4, Walter Montoya de 8, Matías Rojas de volante interno y David Barbona activo por el otro costado. A decir del Flaco Menotti, el inodoro en el baño, el horno en la cocina.

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Independiente llegó al Cilindro con una postura diferente a la del último sábado, cuando aplastó a Central con un juego agresivo. A excepción de Alexander Barboza, quien sufrió un malestar estomacal y fue reemplazado por el juvenil Barreto, Lucas Pusineri apostó a los mismos futbolistas que fueron explosivos en el Libertadores de América pero no estuvieron en la misma sintonía frente a Racing. El 4-3-3 casi no pudo despegar porque Cecilio tuvo que retroceder para apoyar a Sánchez Miño en el sector que más atacó su rival con Montoya abierto y Pillud más cerrado. Sí, Beccacece no quiere que el histórico lateral celeste y blanco termine siendo el lanzador.

En este contexto, Racing dominó y generó situaciones a través de la pelota parada, los remates de media distancia y alguna triangulación por los costados. Lo tuvo Sigali, pero cabeceó alto en un córner que ejecutó Barbona y peinó Montoya; Martín Campaña le sacó un tiro libre esquinado a Rojas; Lisandro no pudo entrarle de lleno a un tiro de esquina a que bajó Sigali; Montoya sacudió de media distancia el travesaño; Barbona habilitó a Lisandro y su tiro débil cruzó toda el área chica.

Racing era más. Independiente, en cambio, sólo consiguió llegar hasta Arias por errores de su rival. La perdió Nery Domínguez y Fernández remató de media distancia muy cerca del palo derecho. Hasta que una contra peleada por Silvio Romero a pura guapeada derivó en un mano a mano que Arias bloqueó con su guante afuera del área ante Cecilio Domínguez.

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Loustau lo expulsó como correspondía y Racing se quedó con diez. Afuera Barbona, adentro García. Y la responsabilidad mayor en manos de Independiente. Mucho más cuando arrancó el complemento y el árbitro aplicó un duro criterio para penar una falta de Sigali sobre Fernández. Es cierto que el zaguero levantó el brazo, pero el codo no impactó en la cara del delantero. Pudo ser amarilla, pero el juez decidió mostrar la roja.

Racing con 9. Independiente con 11. Mauricio Martínez adentro. Rojas afuera. El aguante celeste y blanco contra la furia roja. Así se planteaba el partido. Sánchez Miño remató de media distancia y tapó García. Estaba amonestado el lateral y Pusineri se la jugó con el pibe Ortega. Cabeceó Franco y otra vez García tapó notablemente. Se le negaba el gol a los rojos. Y el técnico incluyó a otro pibe: Braian Martínez por Bustos.

Beccacece intuyó que necesitaba experiencia. Y como Lisandro estaba agotado, entró Cvitanich. Fue conmovedor el esfuerzo de Racing. Se paró atrás, sostuvo su arco y peleó cada pelota con vehemencia. El cambio de Darío fue clave. Porque aguantó la pelota, tocó para Montoya, que devolvió, hubo un rebote, Darío metió el centro atrás, Miranda la dejó pasar y Marcelo Díaz definió con gran categoría. Fue un gol que hizo explotar gargantas.

El último cambio de Pusineri fue Andrés Roa por Blanco. Y fue más de lo mismo. Hubo un cruce fenomenal de Martínez ante Cecilio. La expulsión del paraguayo, luego la de Romero. Y el final. Y el estallido. Avellaneda es de Racing. Independiente se fue rojo de rubores. Consciente de que perdió un partido histórico.

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