Los cinco cambios de Miguel Russo en Boca para pelear por el título

Un equipo más ambicioso, las variantes en el mediocampo y el nuevo Tevez llevan al Xeneize a luchar por la Superliga con River hasta el final.

El «ciclo» en este fútbol de vértigo lleva apenas 56 días. Muy poco como para sacar conclusiones tajantes, decisivas. Lo cuenta el protagonista cuando dice que «todavía falta para jugar como pretendemos». Pero lo cierto es que este Boca modelo 2020 de la mano de Miguel Russo ofrece diferencias respecto al 2019 de Gustavo Alfaro. Con solo cinco juegos (4 triunfos y un empate, con 8 goles a favor y 1 en contra) pero con otra filosofía. Un primer diagnóstico de los cambios.

1- Esquema y ambición. Del 4-4-2 o 4-2-3-1 que había impuesto Gustavo Alfaro, Boca pasó a jugar con un dibujo táctico con solo un cinco de recuperación (Campuzano) y con dos hombres de área con Tevez y Soldano. Pero más allá de cómo se paran, la diferencia está en dónde se para. En estos primeros partidos, la indicación desde el banco fue jugar en el campo rival, ser protagonistas y aprovechar la velocidad de las bandas. Casi siempre salió. Incluso en los juegos de local, los marcadores centrales se posicionaron en el círculo central y la premisa para los laterales (Buffarini y Fabra) es la de atacar con decisión. Otro detalle: salvo ante Independiente (fue 0 a 0 y Boca jugó con un hombre de menos desde los 20 minutos) el equipo de Russo siempre marcó antes que su rival y no especuló con la ventaja: fue por más. Allí hay una diferencia clara al 2019, cuando Boca adoptaba una postura defensiva luego de convertir. Incluso Marcos Díaz y Andrada, en el arco, tuvieron buenas intervenciones para mantener el cero. Pero antes los peloteaban.

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2- Otro mediocampo. El mejor jugador de este breve ciclo de Russo es Jorman Campuzano. Y esa fue una decisión que tomó el DT, cuando puso al colombiano (relegado en el 2019) como el único volante central y sentó a Iván Marcone en el medio. Así, la otra pieza del círculo central también mutó: Pol Fernández coopera en la marca pero se dedica mucho más a jugar. Pero el técnico también mostró pragmatismo: ante Godoy Cruz, cuando el rival había monopolizado la pelota, incluyó a Capaldo para darle más oxígeno a Campuzano. ¿Será una opción ante rivales más complejos o para la Copa Libertadores? Saber adaptarse es también una virtud. En ese contexto, el espacio para Bebelo Reynoso y su pie izquierdo parecen limitados, pero puede ser una solución en algún encuentro en el que haga falta un pase filtrado antes que una corrida en velocidad.

3- Libertades para Salvio y Villa. El colombiano levantó su nivel con respecto a su versión de 2019, pero el gran cambio tuvo que ver con la posición. Después de haber estado siempre (en Tolima y Boca) por el carril derecho, Russo decidió probarlo por el sector izquierdo. Pero no solo eso, también lo desligó de la responsabilidad constante del retroceso y con eso subió su desempeño ofensivo. Con Salvio ocurrió algo similar, porque al quitarle el peso de tomar marca para volver al mediocampo pudo explotar su mejor versión: lleva 3 goles en 2 juegos. Ellos se cansan menos y el equipo los aprovecha mejor.

4- Un nuevo ataque. Con Franco Soldano, Boca tiene un nueve que se genera pocas oportunidades de gol pero que se desgasta para abrir huecos que otros disfrutan. Su línea de presión es tan importante como sus movimientos para salir del área y dejarle su lugar la zona decisiva a Tevez. Pero a diferencia de 2019, cuando las búsquedas tenían mucho de envíos aéreos desde la defensa, ahora el equipo de Russo intenta construir a partir de las bandas. Con Villa, Salvio y Fabra en posición ofensiva, hay más opciones para los que pisan el área. ¿Falta alto? Sí, que Soldano encuentre mejores espacios para resolver y que Pol Fernández, con su buena pegada, se anime al remate de media distancia. Los ingresos de Ábila y Zárate también responden a los momentos en los que el equipo puede necesitar renovar el aire arriba.

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5- El cambio de Tevez. En el (buen) presente de Carlos Tevez hay un gran mérito del cuerpo técnico. Porque ni bien llegó tuvo una charla con él en la que marcó la distancia justa. Le respetó la trayectoria pero mucho más le valoró el día a día. También le exigió que para jugar debía responder. Y aunque no armó un equipo para rodearlo, sí le encontró un sitio en el once para que pueda explotar sus virtudes: el área. Tevez pasó de quejarse por jugar en ese lugar con Barros Schelotto a reconocer que es el sitio en el que más daño puede hacerle al rival. Los cuatro goles en cinco encuentros lo cuentan. Mientras se juega la renovación de su contrato, también el guiño de Juan Román Riquelme pareció hacerle efecto. Desde que volvió de China en 2018, esta es la mejor cara de Tevez. Lo admitió él.

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