En una noche de copas, el Rojo volvió a sonreír

Por nombres propios y contexto internacional, el duelo de esta noche le permitió a los hinchas de Independiente trazar un paréntesis a este magro presente. Recordar épocas doradas de un mundo de ensueño donde los choques coperos con Liverpool eran en pos de una Copa Intercontinental y no por un torneo de cabotaje como la Sudamericana. Liverpool, además, era el cuadro inglés, pocos sabían siquiera de la existencia de un homónimo al otro lado del charco. Pero así está hoy la institución roja de Avellaneda, intentando demostrar entereza a cada paso mientras se desborda por dentro.

Arrastrando una racha de 17 partidos sin victorias, con una quincena en el ámbito doméstico y apenas un par de presentaciones con empates ante Boca por el continente, los hombres de Tolo Gallego tomaron esta velada como punto de quiebre. Si bien fue una formación alternativa, con asiduos concurrentes al banco de suplentes, los dueños de casa necesitaban regalarse una victoria para calmar los ánimos y despegar de una vez. Pasar de ronda en la Sudamericana sirve como envión y, también, para engrosar las flacas arcas de una institución en crisis.

Ante Liverpool de Uruguay, en la ida de los octavos de final, la prioridad era ganar. El cómo no resultaba trascendente. Por eso se celebró tanto la conquista de Fabián Vargas en la primera llegada a fondo. Luca Villafañez, otra vez titular, recuperó cerca del área, desbordó y jugó hacia atrás, para el ingreso de algún compañero pronto a definir. Rosales y Vidal vieron cómo la pelota los superó, pero el mediocampista colombiano llegó a conectar lo que, tras un desvío capaz de descolocar al arquero, se convirtió en el 1 a 0.

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Desde la apertura del marcador poco hubo para destacar en el desarrollo de las acciones. Lejos de hacerse grande, Independiente siguió sin mostrar una superioridad evidente en el terreno y hasta se permitió complicaciones ante un rival de escasa jerarquía, tanto en lo individual como lo colectivo. De igual modo, con poco le alcanzó a los visitantes para sumar aproximaciones al arco bien defendido por Diego Rodríguez. La defensa roja (Vallés, Galeano, Samuel Cáceres, Morel Rodríguez) se vio superada en el mano a mano, por lo que más de una vez necesitó recurrir a las infracciones para cortar los avances rivales. Con mantener el triunfo parecían contentarse los de Gallego.

En el segundo tiempo la historia cambió. Desde el saque el dueño de casa se mostró ofensivo, pretencioso. Una vez reanudado el partido, en cuatro toques Rosales tuvo la oportunidad de aumentar las diferencias de no ser por la floja definición.

Un puñado de minutos más tarde, Vargas envió un centro al área que, tras un rebote, le sirvió la pelota al hombre con pasado Tatengue. No era sencilla la empresa: venía de aire, con rosca, pero Rosales dispuso la cara interna para dejarla rebotar y viajar hacia el fondo de la red. Todo salió según lo planeado y 2 a 0.

Luego, Tolo Gallego dispuso una serie de modificaciones para que algunos de sus futbolistas preferidos pudieran sacar provecho de la situación y armarse de confianza. Hernán Fredes ocupó el lugar de Lucas Villafañez mientras que Tecla Farias hizo lo propio en reemplazo de Patricio Vidal. También tuvo minutos Martín Benítez (ingresó por Federico Mancuello). Lejos de su cometido, se hundieron en la mediocridad del partido donde sólo Fabián Vargas pudo destacarse por encima del resto, cumpliendo una gran labor tanto para recuperar (acompañado de Víctor Zapata), como a la hora de ser salida prolija.

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Pero el Rey de Copas volvió a dar la nota. Sobre la hora, complicó el inicio de una jugada sobre el sector de Gabriel Vallés, dos toques descolocaron a la línea final roja, que no hizo más que mirar atentamente el número 11 en la espalda de Nuñéz, que definió fuerte, bajo y cruzado para achicar distancias de cara a la revancha del jueves 25 de octubre en Uruguay.

Con poco, Independiente consiguió alzar los brazos en celebración de un triunfo que le era esquivo hace varios meses. El rival de turno y la circustancia poco importaban, los Rojos necesitaban ganar para desahogar penas, saber que se puede. Es largo el camino hacia el final de la temporada y la Copa Sudamericana no es el objetivo, pero se sabe que en este mundo paralelo donde veintidós personas corren detrás de la pelota, una derrota llama a la otra, y eso es que tanto necesita hoy el cuadro de Avellaneda.

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