Los Millonarios venían en baja, pero el certamen copero siempre los levanta. Casco rompió la paridad en el primer tiempo, mientras que Palavecino aumentó por duplicado en la última media hora. En octavos contra Defensa y Justicia.

Si River pudiese elegir un lugar donde refugiarse cada vez que está mal, ese asilo debiera ser la Copa Argentina. No hay torneo que le sienta mejor al equipo de Gallardo (ganó tres de las últimas cinco ediciones). Fue 3 a 0 ante Barracas Central en la noche del miércoles para avanzar a octavos de final y terminar con una seguidilla de cuatro partidos sin triunfos, incluyendo la eliminación en la Libertadores y un par de caídas por la Liga Profesional.

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Apenas algún que otro susto de contra o por la vía aérea pudo provocarle el Guapo al Millonario en el coqueto estadio Único de Villa Mercedes, San Luis. River fue amo y señor del encuentro, un poco por disposición rival y bastante más por la diferencia de jerarquía entre uno y otro. De todos modos, no le fue nada fácil vencer la resistencia del hidalgo Maximiliano Gagliardo. El arquero de 39 años se lució en más de una ocasión, sobre todo con un mano a mano que -lamentablemente para el de pantalones largos- fue anulado por posición adelantada.

Durante poco más de una hora de juego el arquero sólo cedió ante el atrevimiento de Milton Casco, quien dominó de pecho y sacó un cascotazo inatajable en el primer tiempo. Pero en la última media hora, se le abrió el arco a River y en especial a Agustín Palavecino. A los 65, el volante recibió un taco memorable de Rodrigo Aliendro y la empujó de puntín y al rato se inventó un bombazo desde la puerta del área.

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Así, con tres verdaderos golazos y a pesar de la poco inteligente expulsión de Héctor Martínez, River encontró finalmente algo de paz.

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