Boca falló un penal en el último minuto y fue empate con Independiente

Los estereotipos tácticos que recaen sobre Julio César Falcioni y Miguel Angel Russo preanunciaban un Independiente-Boca timorato, con pocas emociones en Avellaneda. Sin embargo, lo que ofrecieron ambos elencos este domingo por la noche fue un atractivo encuentro, que terminó 1-1 y dejó al Rojo segundo en la Zona B con 13 unidades y al Xeneize, sexto con diez.

Con líneas de cinco defensores de uno y otro lado -y por ende, muchos jugadores en campo propio-, algo que no sobró en el Libertadores de América fue la presión alta sobre la salida rival, toda una marca de los tiempos actuales del fútbol. Tanto Andrada como Sosa podían tener la pelota por varios segundos en sus pies hasta ser incomodados por alguna presencia adversaria. Ese era el juego en Avellaneda: invitar al rival a abandonar su zona de confort y agarrarlo mal parado.

Y en esa propuesta espejada el que pegó primero fue el dueño de casa. Promediando los 20 minutos, Independiente la paseaba de lado a lado entre sus centrales hasta que Boca consideró que ya había sido suficiente. El equipo de Russo se adelantó y, de pronto, luego de una serie de muy buenos toques de los de camiseta roja, ya estaba volviendo a las corridas hacia su área. Córner para Independiente, saque corto, desborde de un Palacios muy picante y centro para que Andrada pifie el manotazo y Togni ponga el 1-0 de cabeza sin obstáculo alguno.

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A pesar de las tácticas similares, lo de Independiente fue superior cuando se lo propuso. La gran diferencia del Rojo nacía en el mediocampo, a partir del gran momento de Lucas Romero. El exVélez manejó los hilos del equipo y, con la cancha de frente, contó con todo un abanico de posibilidades para decidir sus descargas, con los tres de ataque y los dos laterales/volante. Boca nunca se propuso complicarle la velada. Cada tanto Maroni intentó ubicarse a sus espaldas para forzarlo a retrasarse, pero la presencia del reemplazante de Cardona no era justificación suficiente. Del otro lado, tampoco se le ponía algún atacante por delante, como para taparle el panorama. Romero hizo lo que quiso.

La cuestión es que Independiente fue más cuando se lo propuso, pero se lo propuso muy poco. Con la ventaja, todo fue aguantar el avance de un Boca falto de ingenio e intentar aprovechar los espacios que dejaba la visita en el fondo. Curiosamente, Independiente terminó ahogándose en su salsa: el juego aéreo. A los 55, Zambrano apareció completamente sin marca en una pelota parada y fusiló de cabeza a Sosa para el 1-1. Un gol bastante similar al de Togni, aunque esta vez el error no fue del uno sino que pasó por el defensor Ayrton Costa, que perdió la marca del peruano muy fácil.

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Si no era por alguna ayuda rival, a Boca se le dificultaba mucho llevar peligro al arco de Sosa. Tevez y Villa no estuvieron inspirados y, sobre todas las cosas, habilitados. La posesión de pelota xeneize (57 contra 43 por ciento) se la llevaron en gran parte la defensa y, en segundo orden, los mediocampistas. Pero sobre el final, Independiente casi paga muy cara su falta de ambición cuando nuevamente tras una pelota parada se le complicó la historia con una mano insólita de Costa dentro del área. El colombiano Villa se encargó de ejecutar el penal pero el uruguayo Sosa le adivinó la intención y desvió su remate para que toda siga 1-1. Al fin y al cabo, un resultado justo por las intenciones de uno y las limitaciones del otro.

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