Batista no le encontró la vuelta

Fernando Bianculli

 

Refugiado en la idea (abstracta) de »jugar bien» para recuperar la »identidad del fútbol argentino», el sucesor de Diego Maradona acumuló figuras de buena técnica individual pero no alcanzó a imprimirle coherencia al funcionamiento colectivo.

 

En efecto, la decepción por la copa perdida en casa dejó a la luz la inexorable dependencia de Lionel Messi para soñar con el éxito, y también aumentó el complejo argentino de no poder capitalizar con resultados la tenencia del mejor jugador del mundo.

 

Al margen de los oportunismos, la experiencia en el campeonato continental desnudó que el discurso del técnico, tan dulce para los amargados corazones de los hinchas argentinos, se sustentó en convicciones de gelatina.

 

Fueron varias las contradicciones futbolísticas y los aspectos desatendidos desde lo táctico, para entender que el golpe de nocaut uruguayo en Santa Fe no puede ni debe justificarse con frases hechas.

 

El primer resbalón de Batista en la Copa América lo dio en el momento exacto de emitir la lista preliminar de convocados cuando incluyó a Carlos Tevez, a quien había marginado los seis meses anteriores por »cuestiones futbolísticas» que escondían, en verdad, un problema negado de convivencia.

 

El »jugador del pueblo» fue para el entrenador un laberinto de única salida: la de la Copa América. Batista lo rotuló de »número nueve» y nunca lo utilizó en esa función.

LEÉR MÁS  Del Potro volverá a jugar en Argentina contra Roger Federer

 

El segundo lo sufrió después del fallido debut ante Bolivia (1-1) cuando eliminó del equipo titular a Marcos Rojo, tras prepararlo en el puesto de lateral izquierdo durante los amistosos, y colocó en ese lugar a Javier Zanetti con el perfil cambiado.

 

Después de la igualdad y los silbidos recogidos ante Colombia, Batista volvió a patinar, esa vez, con la confesión de la necesidad de »un nueve de área».

 

Dos partidos duró la idea de ubicar a Messi como centrodelantero, copiada del Barcelona y repetida en varias ocasiones durante los meses previos a la Copa América.

 

A Ever Banega le endilgó públicamente la responsabilidad de »conductor» del equipo, compartida con »La Pulga», y luego lo borró del torneo.

 

Si los empates frente a Bolivia y Colombia evidenciaron una fractura entre defensa y ataque, Batista la acentuó para el último de la fase inicial cuando sumó un cuarto delantero (Higuaín) y quitó a uno de los tres volantes centrales (Banega) que componían su línea media.

 

Una goleada sobre el frágil sub 22 de Costa Rica, única victoria argentina en el torneo, disimuló la rareza del esquema, que por momentos se repitió con Uruguay cuando Angel Di María se desprendía como atacante.

LEÉR MÁS  Messi en el banco y el Barcelona visita al Borussia Dortmund por la Champions League

 

Sin seguridad en la zaga, sin capacidad de juego aéreo, sin proyección de sus laterales, sin contención en el medio, con un toqueteo a veces somnífero, con poca sorpresa por las bandas, con Messi de bombero y con sus jugadores desparramos por un cubilete en la cancha.

 

Esa fue la imagen que devolvió el espejo de Barcelona importado por Batista, que pagó, además, la descompensación en el armado del plantel.

 

No puede explicarse de otro modo que Argentina haya terminado el clásico ríoplatense con un mediocampo compuesto por Javier Pastore (derecha), Lucas Biglia (centro) y ¡Tevez! (izquierda).

 

Como tampoco puede admitirse, en el fútbol moderno, la indolencia de confiar en los »enanos» y privar al seleccionado de todo potencial para la pelota parada, un tema desdeñado en la incinerada biblioteca del »Checho».

 

Su ciclo -necesariamente- deberá tener un buen inicio de Eliminatorias Sudamericanas en octubre para garantizar la continuidad.

 

Chile y Bolivia, de local, más Venezuela y Colombia, de visita, serán los rivales antes de fin de año rumbo al Mundial Brasil 2014, al que Argentina llegará con la mochila cargada por 21 años de frustraciones.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here